Los riesgos invisibles de las redes sociales y los juegos en línea
Escuchamos frases como “las cosas ya no son como antes…”, haciendo referencia a temas como la moral, la ética u otros constructos que nos permiten hacer crítica a los comportamientos de las “nuevas generaciones”, sin embargo, debemos reconocer que este es un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados, las redes sociales, los juegos en línea y la Inteligencia Artificial se han convertido en el patio de recreo de niñas, niños, adolescentes y jóvenes, en el mundo entero y también por supuesto en Bolivia, que vive una revolución digital tan acelerada como desigual. Según el informe Digital 2025 Bolivia (DataReportal), el 75% de la población (9.3 millones) ya es usuaria de internet, con un crecimiento del 22% en 5 años. Pero esta hazaña tecnológica esconde una amarga paradoja: mientras las ciudades avanzan, el campo navega a medias. En Santa Cruz la cobertura alcanza el 89%, pero en las zonas rurales de Tarija apenas llega al 68%, con una velocidad promedio de 18 Mbps – la segunda más lenta de Sudamérica – que convierte cada video en una tortura de buffering. Para colmo, el costo devora hasta el 15% del salario mínimo, obligando a familias de zonas periurbanas y rurales a elegir entre datos móviles y alimentos. Este paisaje explica por qué niñas, niños y adolescentes tarijeños desde los 10 años acceden a las redes sin filtros, smartphones de segunda o hasta tercera mano y con datos limitados son su ventana a un mundo donde depredadores operan con banda ancha.
Como parte del análisis encontramos que un reporte del Centro S.O.S. Digital de InternetBolivia.org reveló que el 34% de todas las violencias digitales reportadas en 2022 corresponden a este flagelo, pero es una cifra que en la actualidad solo muestra la superficie del problema. En Tarija, nuestro estudio descubrió tres patrones letales: primero, el 82% de adolescentes crea y usa perfiles falsos para evadir controles parentales, la mayoría de ellos aceptan a personas desconocidas en sus redes y solamente una mínima parte tiene en mente proceder a una denuncia en caso de exponerse a una situación de ciber acoso; segundo, plataformas como TikTok, Instagram u otras premian la hipersexualización, donde niñas y adolescentes entre 13 y 19 años que usan perfiles con edad falsa, reciben cientos de comentarios obscenos en sus publicaciones o en transmisiones en vivo donde buscando crear contenido viral; tercero, los juegos online se han convertido en mercados de explotación: un gran porcentaje de niños y adolescentes en Free Fire, Fornite, Roblox, Minercraft y otros juegos reciben ofertas de "diamantes gratis" u otro tipo de “monedas” a cambio de su contacto personal en otras redes como Instagram, snapchat o whatsapp, con historias que terminan muy probablemente en la solicitud de fotos íntimas; pero lo más atroz es que al evaluar estos hallazgos todos comparten una terrible similitud, en ninguno de ellos los padres, madres y familias saben que todo está sucediendo al interior de sus hogares y que lamentablemente forma parte de su clandestina cotidianidad.
La evolución de los últimos diez años dibuja una tormenta perfecta. En 2015, apenas el 39% de bolivianos tenía acceso a internet y los 3.5 millones de dispositivos móviles eran privilegio urbano. Hoy, con el 75% conectado y 8.1 millones de celulares, la velocidad se multiplicó por tres, pero la vulnerabilidad lo hizo por diez. Los costos bajaron del 22% al 12% del salario mínimo, democratizando el acceso, pero también la exposición.
La vulnerabilidad en el mundo digital
Un factor clave en esta vulnerabilidad es la huella digital: el rastro permanente que dejamos en internet. Muchos jóvenes no comprenden que una foto, un comentario o una conversación en línea puede ser usada en su contra años después. Esta falta de conciencia los expone a riesgos que derivan de conductas como el sexting (envío de contenido sexual explícito) y terminan en casos de sextortion (extorsión a raíz de la creación y envío de contenido sexual propio). ¿Estamos preparando a adolescentes y jóvenes para navegar este mundo con seguridad, o los estamos dejando a la deriva?
La Brecha Digital en Bolivia, una inmensa barrera
La brecha digital en Bolivia, y especialmente en Tarija, no se limita al acceso a internet; también abarca la disparidad de conocimientos entre generaciones. Mientras los adolescentes dominan las plataformas digitales, sus padres, madres y educadores a menudo no saben cómo configurar opciones de privacidad o identificar señales de peligro en línea. El estudio que desarrollamos destacó que gran parte de adultos desconocen cómo limitar el acceso a juegos en línea o supervisar las interacciones en redes sociales de sus hijos e hijas, dejándolos sin mecanismos de autoprotección efectiva.
Esta desconexión tiene consecuencias graves. Si las personas adultas no comprenden los mecanismos básicos de las plataformas que usan los jóvenes, ¿cómo pueden guiarlos? Las campañas actuales de prevención suelen quedarse en advertencias genéricas que no abordan la rapidez con la que evolucionan estas tecnologías. Es momento de preguntarnos: ¿son suficientes las medidas actuales, o estamos fallando en adaptarlas a la realidad digital de hoy?
Hablemos el lenguaje de los adolescentes
Para cerrar esta brecha, es esencial que quienes trabajan en prevención y educación comprendan el lenguaje de los adolescentes. Términos como lovebombing (bombardeo de afecto para manipular), breadcrumbing (dar migajas de atención para mantener el interés), benching (mantener a alguien "en la banca" como opción secundaria), orbiting (seguir observando en redes sin interactuar directamente), ghosting (desaparecer sin explicación) y muchos otros términos son parte de su día a día. Otros, como grooming y sextortion, tienen implicaciones más oscuras y están directamente vinculados a los riesgos en línea.
Conocer estos términos no es un lujo, es una necesidad. Por ejemplo, el grooming a menudo comienza con tácticas de lovebombing, y detectarlo a tiempo puede marcar la diferencia entre la seguridad y el peligro. Incluir este lenguaje en las estrategias de prevención no solo las hace más relevantes, sino que también fomenta una comunicación efectiva intergeneracional. ¿Por qué seguimos usando enfoques anticuados cuando podríamos hablar el idioma de quienes queremos proteger?
El estudio: Análisis de la situación de la trata de personas en el departamento de Tarija, gestión 2024 y semestre I de 2025, que realizamos desde el Colectivo Infinitum ofrece una radiografía preocupante. A través de entrevistas con adolescentes, padres, madres, docentes y activistas, se identificó que las redes sociales son un canal clave para los tratantes. Los jóvenes, atraídos por promesas de amistad o popularidad, caen en trampas que sus familias e instituciones no logran prever ni contrarrestar. La falta de educación digital en los hogares y las escuelas emerge como un factor crítico que perpetúa y hasta incrementa esta vulnerabilidad.
Soluciones
Los riesgos de las redes sociales y los juegos en línea no desaparecerán, pero nuestra capacidad para enfrentarlos puede mejorar, urge una alfabetización digital conectado con la realidad boliviana, guías en español, guaraní, quechua y aymara que brinde formación en mecanismos de autoprotección en el entorno digital y sea implementado en el sistema educativo regular. También podríamos tomar como inspiración el modelo del estado de Utah (EEUU) pero adaptándolo a nuestra realidad, prohibiendo cuentas en redes a menores de 16 años sin certificación familiar digital, e incorporando conocimientos sobre la huella digital como asignatura troncal desde primaria.


