¿La ley y el derecho solucionan los conflictos?

El destacado jurista mexicano José Luis Molina, nos recuerda que el derecho está presente en toda la vida humana, consecuentemente podemos coincidir con él, “que es imposible concebir una sociedad sin derecho, pues donde hay hombres y mujeres, hay sociedad y donde hay sociedad hay derecho”.

Como señala Molina, en el albor de la humanidad, las normas legales eran desconocidas. Apenas si la red de las costumbres, los mitos religiosos y la imposición de los vencedores en las guerras, señalaban pautas de conducta en la convivencia humana. Fue merced a la evolución y a la supremacía de los méritos morales sobre los meros impulsos de la fuerza, como el derecho apuntó en el horizonte de las sociedades. Considera que la Constitución Política de un Estado, es un verdadero capítulo de historia patria. Una síntesis que encierra el pasado doloroso de un pueblo ávido de justicia y de paz, y el porvenir que se pretende tranquilo diverso con equidad e integridad cuando ese mismo pueblo, se sujeta a la misma, Pero dentro de la sociedad por diversos motivos la confianza en la justicia está – por decir lo menos – muy desalentada, frustrada y hasta hastiada con ella. Sin embargo esta posición no es solamente en nuestro país – sin pretender justificar en modo alguno lo que ocurre en todo el territorio nacional.

De otro lado debemos considerar que la naturaleza de los bienes jurídicos y los intereses que se discuten ante los órganos jurisdiccionales, como la libertad, el patrimonio, las relaciones de los individuos entre sí y de éstos con el Estado, conllevan un serio margen de incertidumbre sobre su tratamiento, porque cada quien ve que el vaso esta medio vacío, mientras el otro ve que esta medio lleno, situación que por supuesto se acentúa cuando el sistema no reúne suficientes garantías para una actuación transparente.

Esta apreciación de la forma de impartición de la justicia sin embargo, no es nueva, ni solo atañe a nuestro país. Uno de los grandes versificadores de la lengua española, José Hernández, el cantor de la pampa argentina; En uno de los pasajes de su famosa obra “Martín Fierro”, a la pregunta ¿Qué es la ley?, responde:

"La ley se hace para todos,

Mas sólo al pobre le rige

La ley es tela de araña

En mi inorancia lo esplico:

No la tema el hombre rico,

Nunca la tema el que mande,

Pues la ruempe el bicho grande

Y sólo enrieda a los chicos."

Cervantes en su inmortal legado literario, entre los consejos a Sancho, que iba a gobernar la Insula Bataria: destaca: "Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico".

 Fracesco Carnelutti con notable maestría, rescatando un pasaje del Evangelio de San Juan en el que se narra la respuesta de Jesús a los fariseos que queriendo ponerlo a prueba llevaron hasta El, una mujer sorprendida en adulterio, que según la ley de Moisés debía ser lapidada “Quien de vosotros esté libre de pecado que tire la primera piedra”, En ese contexto cabe afirmar, que para sentirnos dignos de acusar, es necesario, estar libres de pecado, “solamente entonces el que acusa estaría en condiciones de hacerlo, es decir, que reconociendo nuestra propia indignidad nos hacemos menos indignos” pero por supuesto eso es muy difícil, por eso aquellos que funjan como jueces, a parte de los requisitos habilitantes para su ejercicio, deben priorizar el orden moral que los distinga, siendo sustancial no solo el profesionalismo y la idoneidad de sus servidores públicos sino la integridad moral puesta de manifiesto en todos sus actos y que la sociedad lo percibe. Huela mal lo que está mal, aunque este oculto

 

Esta reivindicación ética es indispensable para garantizar a los justiciables un marco de respeto y ecuanimidad, que así como destierre todo vestigio del abuso del poder público, no sucumba a la dadiva artera de quien quiera indebidamente aprovecharse de los más débiles, los grupos vulnerables, niños, mujeres, adultos mayores, personas con discapacidad, pueblos indígenas o lo que es peor, aprovecharse de los magros recursos del Estado

 

La ética pública es un tema que nos concierne a quienes esperamos construir una comunidad más pacífica y respetuosa de la libertad. Sin embargo, quienes ejercen la función pública, tienen en sus hombros una mayor responsabilidad de sujetarse a la CPE, a la ley y hacerla cumplir, como ya lo decía Benito Juárez: “Los funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad; no pueden ejercer su administración a impulsos de una voluntad caprichosa, sino en sujeción a las leyes; no pueden improvisar fortunas, ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, resignándose a vivir en la honrosa medianía que proporciona la justa retribución que la ley señala”.

 

No es sólo una opción el mejorar, es un imperativo indeclinable, sino, ¿Qué sentido tendría la ciencia, la tecnología, en una palabra la excelencia que nos obliga a construir, a edificar y mantener una comunidad que se respete a si misma, que se sustenta en valores y principios humanos. Parecería un contrasentido, no puede haber una sociedad que no sea humana y sin embargo, permitimos y toleramos lacras que nos corroen, como la corrupción, odios que nos destruyen, barreras que nos dividen, fanatismos que nos despedazan.

¿Es sólo un problema de la ley?, ¿Podrá el derecho delinear las respuestas válidas y adecuadas para regular la convivencia pacífica y armónica de la sociedad?

El camino es arduo y muy difícil, pero todos podemos hacer algo para desde el lugar en que nos encontramos cambiemos. o mejor avizoremos la cúspide de LA JUSTICIA, que quizá es muy alta y tal vez nunca lleguemos a alcanzarla,, pero lo intentemos en todos nuestros actos de la vida, por pequeños que parezcan, en el hogar, en el trabajo, en la calle, con nuestros vecinos y en realidad con todos. Hay un ejemplo simbólico de ese anhelo humano y sempiterno de JUSTICIA: Si dividimos el número 10 entre 3, en el cociente resulta un 3 seguido de un punto y después de éste, otro 3 y otro, y otro; así, por toda la eternidad.

Sabemos que con cada nuevo intento, nos acercamos más al resultado exacto y perfecto, pero también sabemos que nunca lo alcanzaremos.

Alcanzar la justicia perfecta, solo la Divina, no obstante no podemos dejar de buscarla, de empeñarnos en lograrla, constituye un ideal que señala el rumbo de nuestro trabajo, en sí, de nuestra propia vida, porque vivir sin justicia o en la injusticia es oprobio, que como ciudadanos estamos obligados a desechar.

Volvemos al principio ¿La Ley y el derecho solucionan los conflictos?; sin afirmar ni negar podemos decir que ello están encaminados, pero como toda obra humana y en especial de esta, dependerá no solo de jueces, fiscales, policías y abogados, sino todos en general, no vivir, ni tolerar la injusticia.


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