A la sombra de la Constitución Política del Estado

Interpretación extensiva y restrictiva de la norma Es pertinente recordar, que nadie es dueño de la constante lucha y acción de los movimientos sociales, que surgieron hace miles de años, desde los milenarios pueblos indígenas y clases empobrecidas sometidas al yugo colonial

Es común y cotidiano de nuestros “lideres” políticos, el hablar, y hablar y hasta atrincherarse en la Constitución Política del Estado, (CPE) blandir una y otra vez, uno y otro artículo, pretendiendo llevar “agua a su molino”, cual si se tratase de un “diluvio” de solvencia jurídica y “pasmosa sapiencia” doctrinaria de un erudito, obviando que  el derecho, al ser normas de convivencia social, su interpretación no se aísla ni limita a un solo precepto, sino que empleando un método sistémico, en algunas factibles circunstancias, permite extender el alcance de la norma, que sin embargo, tiene como Norte inflexible la CPE y los Tratados de Derechos Humanos Arts. 410 y 256

En el ojo de la tormenta está el Art. 168 de la CPE, referido al mandato presidencial de cinco años, pudiendo relegirse “por una sola vez de manera continua. Para algunos, al no referirse al modo discontinuo, bajo una interpretación extensiva del precepto, alegan que es factible la relección presidencial de por vida. No obstante la interpretación de un precepto, en modo alguno, implica corregir el sentido de la norma, dado que el interpretar es buscar, comprender su significado y no modificarlo o cambiarlo. En ese contexto la interpretación extensiva sólo es factible cuando se trata de derechos humanos, al ser estos progresivos y universales. No puede acudirse a ese tipo de interpretación para desconocer valores, principios y derechos, máxime, si son los que sustentan al Estado como tal, entre ellos la Democracia, que en su esencia es poder del pueblo y para el pueblo, la elección de sus representantes, la protección de los derechos humanos y la libertad de expresión, como sólidos pilares que la sustentan. Art. 11 de la CPE “La República de Bolivia adopta para su gobierno la forma democrática participativa, representativa y comunitaria, con equivalencia de condiciones entre hombres y mujeres”. No hay equivalencia cuando uno solo pretende ser el elegido re repetidamente. No hay exclusividad para nadie, ni individual, ni de grupos, por más buenas intenciones que aparentemente tuviese; y decimos que aparentemente tuviese, porque la sola intención de permanencia en el alto cargo, desnuda la ambición del poder; y quien, ambiciona obstinada y machacadamente el poder, no es digno de ejercerlo, porque la natural aspiración que todos tenemos, al desmedirse y desbocarse, se empina en ciega y ofuscada obsesión, que dentro de la democracia no es permitida, porque la hace intolerable.

En ese orden, la interpretación extensiva de la CPE, sólo es factible cuando se trata de derechos fundamentales en especial de grupos o colectivos sociales; y no así para pretensiones subjetivas, individuales o personales,  más aún, si lo que se pretende echar por tierra, es la alternatividad del poder, base y sustento de la democracia, que como se tiene dicho, es el gobierno del pueblo y para el pueblo, cuya base edificante, es la periodicidad y alternancia de sus representantes. Todos somos iguales con los mismos derechos y sometimiento a la ley, El desconocer esta base fundamental, nos llevaría a incurrir en anarquía y hasta tiranía disfrazada de “demos”.

Es pertinente recordar, que nadie es dueño de la constante lucha y acción de los movimientos sociales, que surgieron hace miles de años, desde los milenarios pueblos indígenas y clases empobrecidas sometidas al yugo colonial, impulsado los cambios sustanciales que costaron años y años de sacrificio, dolor, sangre y hasta la propia vida de esos líderes y conductores de las acciones reivindicatorias, a lo largo de América y el mundo, los más anónimos que no buscaban la gloria, sino el péndulo diáfano de la justicia social, labor que debe continuar en  nuestro país, porque aún quedan pendientes varios peldaños de esa justicia que anhelamos, mejorar las condiciones de vida, que implica alimentación, salud, educación, trabajo y vivienda digna de miles y miles de compatriotas, incluyendo prioritariamente grupos vulnerables (niños niñas y adolescentes, mujeres, adultos mayores) desposeídos, marginados, excluidos, discriminados, que no solamente deambulan por las calles, duermen en aceras, pórticos y casetas, sino que tristemente compiten los basurales entornos de las urbes, con los perros vagabundos disputando los residuos y sobras de comidas. Negar o ignorar esa realidad sería una estupidez, pero pretender ser su único y exclusivo líder, es rayar en la misma sandez. La lucha y acción de los movimientos sociales, no tiene dueños, ni requiere de “personalidades”, por más buenas intenciones que tuviesen, sino de militantes activos de los que surgen y surgirán los conductores y líderes de esos movimientos sociales, que siempre estarán dispuestos de entregar la posta de su liderazgo a quien lo corresponda y lo merezca.

 


Más del autor