EL CENSO Y TARIJA
Si hay un departamento que puede beneficiarse de un censo bien hecho, y con información cualificada es Tarija. Se vea desde donde se vea, no importa el nivel de gobierno, departamental (en el cual incluimos la pasada gestión de las subgobernaciones), autonómico del chaco, o municipal, lo cierto es que no nos hemos caracterizado ni por una buena planificación, ni por una buena asignación de los recursos. Sin ahondar demasiado, basta con echar un vistazo a las obras mal emplazadas, a las inversiones desproporcionadas y a los múltiples proyectos “millonarios” que a la hora de la verdad tienen muy poca utilidad.
Si de verdad se quiere redimensionar la inversión en Tarija y aprender de las lecciones aprendidas, es imprescindible la información técnica, y en este caso el censo es una necesidad apremiante.
Sin embargo, nos hemos acostumbrado polarizar, politizar y partidizar de manera extrema todo lo que concierne a la vida pública nacional y departamental, incluyendo los instrumentos básicos de desarrollo de cualquier país. Eso ocurrió hace un tiempo con el PDES, y ahora está volviendo a pasar con el censo.
En el caso del PDES, dijimos en su momento en nuestra línea editorial, que las acusaciones y susceptibilidades referidas a un supuesto “recorte” de competencias autonómicas eran absurdas, y ahora que se está concluyendo con la elaboración de los PTDIs (Planes Territoriales de Desarrollo Integral), eso queda claro. La discusión sobre la profundización o no de la autonomiza, no pasa por las herramientas de planificación (más aún si las mismas herramientas ya se habían utilizado cinco o seis años atrás, sin que hubiera habido ningún problema). La “batalla del PDES” entonces fue un ejercicio político artificial, hasta cierto punto desgastante para el funcionamiento del aparato público (sobre todo en los ámbitos departamental y local), e intrascendente.
Lo mismo, a un nivel de impacto mediático mayor, está ocurriendo con el censo, en los temas de auto identificación (si se incluye el término “mestizo” o no en la boleta) y de adscripción religiosa. Los actores políticos y públicos locales se han enfrascado en una discusión sobre los temas menos relevantes del censo. Si coincidimos en que la categoría “raza” ha sido científicamente desechada, y por tanto en que la auto identificación es cultural, ideológica y subjetiva (yo me puedo sentir sin ninguna contradicción a la vez chapaco, colla, boliviano, etc.), entonces nos quedará claro que las motivaciones para esta discusión son realmente irrelevantes. Podría haber la presunción en algunos actores políticos de que, si ganará dicha categoría, se demostraría que el partido de gobierno tiene una base social menor y viceversa; lo que no tienen en absoluto que ver con cualquier atlas electoral de las elecciones que hemos vivido en los pasados veinte años (ni chapacos, ni alteños, ni cambas, ni aymaras, ni quechuas, ni chaqueños, entrerrianos o bermejeños definen su voto por la autoadscripción identitaria).
Lo propio ocurre con el tema de la autoadscripción religiosa. ¿Van a cambiar en algo las políticas de caminos, salud o educación por conocer si en determinada provincia o ciudad hay mayor número de católicos o evangélicos? Mi impresión más bien es que se trata de la “pulseada” de algunas iglesias por mostrar que han crecido en la última década y que pueden tener más peso (léase influencia política) en la sociedad.
Tarija es un departamento que tiene serios problemas de coordinación en la planificación interna: gran parte de nuestras desgracias pasadas se deben al aislamiento y duplicidad de acciones que en el pasado se han dado entre municipios y subgobernaciónes, la misma gobernación y las MAEs chaqueñas. En los años anteriores, ¿nos favoreció en algo en que todas estas entidades, por ejemplo, tuvieran presupuestos separados de seguridad ciudadana? ¿la seguridad en los barrios aumento en esas condiciones?
Sería importante que nuestros legisladores (departamentales y “regionales” del chaco) iniciaran de una vez la discusión, sobre como tender puentes para superar dichos vacíos. Y sería bueno también que la propia gobernación, las MAES del chaco y la alcaldía de Tarija-Cercado, las entidades que ejecutan los mayores presupuestos del departamento aunaran esfuerzos con el INE y trabajaran para garantizar un censo efectivo y útil; que de verdad pueda contribuir a mejorar la situación del ciudadano de a pie. En general podría decirse, que la construcción de verdaderas políticas departamentales de desarrollo, alejadas de la polarización y la política partidaria es una necesidad imperiosa.


