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Las filas inhumanas y las debilidades del Estado

Un mes de campaña por las redes sociales contra la irracionalidad de las filas para obtener el resultado de un trámite, ha generado una crítica ciudadana que deja en evidencia el nivel de debilidad del aparato administrativo del estado para dar respuestas oportunas y eficaces.

Esta campaña que siempre habría sido necesaria, adquiere en este momento una importancia mayor al estar combinada con las probabilidades de contagio, enfermedad y los resultados fatales que tiene por el coronavirus. No se trata de la molestia común de hacernos perder el tiempo sin misericordia en condiciones deplorables de horarios, espacios y circunstancias climáticas; resulta que cada una de esas filas en las actuales circunstancias, es una invitación al contagio y una irracionalidad cuando se le exige a la población que no salga de su casa y evite las aglomeraciones.

Desde el punto de vista humano, no existe la posibilidad de encontrarle una explicación plausible a esas filas burocráticas que se repiten en las instituciones públicas, entidades bancarias, AFPs, y la lista larga de ventanillas, que exigen fotocopias y un folder amarillo para dar curso a lo que se pide. Por eso se ha señalado la importancia de la digitalización de procedimientos y la atención en red.

Existiendo una concientización creciente sobre el repudio que genera esa práctica, corresponde generar el debate de fondo que explica la presencia de ese tormento. La función pública, el servicio público, el aparato administrativo del estado, existen para facilitar la existencia de las personas en sociedad. La presencia de las filas, demuestra la ausencia real de ese compromiso y una incapacidad evidente de ofrecer las respuestas oportunas que la gente necesita.

El administrado es el sujeto por el cual la burocracia se autojustifica. La calidad de administrado no tiene condición de edad, sexo, nacionalidad o condición social. Somos administrados todas las personas que vivimos en un estado, y que necesitamos un servicio público. Se extiende desde la concepción y llega a la vejez. Nadie escapa a la necesidad de un servicio público en la vida cotidiana, transporte, salud, educación, espacio compartido, calidad de vida, sostenibilidad ambiental… el derecho de la persona, para exigir ese derecho, requiere de una autoridad responsable y de un procedimiento para ser cumplido; su ausencia, demuestra un vacío en la gestión. En este caso, deja en evidencia esos vacíos de la manera más torpe y triste: el estado boliviano no tiene la capacidad para evitarle a su población el suplicio de una fila inhumana. Las autoridades preocupadas en los discursos, no se están tomando el trabajo de aliviarle a los habitantes, una razón de contagio, enfermedad y las consecuencias que ellas tienen.

No se trata de una fila, solamente. Se trata de un modo irresponsable de tratar a las personas y de despreciar la vida. Tenemos el derecho de exigir que eso cambie.


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