Mal de muchos, consuelo de políticos
Podría retractarme y pedir disculpas. Sostenía que escandaletes eran los de antes y que había que armarse de paciencia, puesto que el actual gobierno tiene nomás potencial para ingeniarse shows bochornosos de alto calibre. Pero, no, creo que va más allá… Parece ser que nuestra clase...
Podría retractarme y pedir disculpas. Sostenía que escandaletes eran los de antes y que había que armarse de paciencia, puesto que el actual gobierno tiene nomás potencial para ingeniarse shows bochornosos de alto calibre. Pero, no, creo que va más allá… Parece ser que nuestra clase política posee una forma muy particular de concebirse a sí misma, a la patria, al mundo y al disentidorcito envidioso, como que lleva grabada en el alma una especie de Declaración de Derechos de las Autoridades Bolivianas. Sospecho que a este acuerdo latente, permanente y aún no escrito hay que respetarlo o, al menos, temerle.
Lo que podemos entender como ‘servicio público’, nuestra flora y fauna de ese ecosistema lo concibe perfectamente como servicio al militante y al simpatizante. Su carrera pública es como cualquier negocio y posee las mismas libertades. En el fondo, piensa que, si vas a invertir recursos (sobre todo, tiempo y/o dinero) para conseguir un sitial de poder, no sólo debes esperar el retorno, sino también tienes que proteger a tus proveedores y clientes, además de a todo tu personal. Eso es simplemente de pura racionalidad empresarial, lo que no impide que puedas ser también una firma socialmente responsable y hagas obras caritativas a los otros, a los que no te quieren o al resto. Para colmo, al tratarse de un emprendimiento condicionado a resultados, los que no alcanzaron aún la meta al parecer están esperando su turno para actuar bajo este mismo código no tan secreto.
Una vez que alcanzaste la medalla y la banda de mando por las que pujaste, eres dueño y señor del botín que apareja. No te olvides que la política nacional se trata de la guerra ideológica menos ideologizada que hay. Por eso y desde esa lente, a casi toda esa actividad humana no tienes ningún derecho en etiquetarla de corrupción, tráfico de influencias, extorsión, prebendalismo, clientelismo, feudalización del aparato, uso indebido, enriquecimiento ilícito, abuso de poder, prácticas coercitivas, traición a la Patria, persecución y/o judialización o Estado policial, entre muchas otras categorías, cual patologías clínicas. En este mundo existen el cálculo y las necesidades de partidarios o simpatizantes que deben ser cubiertos, entre algunas facultades adquiridas.
No podemos olvidar que, desde los noventas hasta hace poco, algunos defendieron su dispensa al descanso en lugares de trabajo, con las alcobas equipadas para antojos. También están los connotados que generaron jurisprudencia, como un Primero que proclamó su facultad a la perpetuidad, o un Segundo, destacado intelectual, que dijo con clarísima clarividencia que los municipios que voten por candidatos que no pertenecen a sus filas, perderán recursos y proyectos. Una manera muy elegante y diplomática de decir “si no votaste, jodete”. Encima, los que no entienden de política ni de prerrogativas salieron al frente a criticarlo. ¡No hay derecho!
Fue la misma rabiosa intolerancia e incapacidad de desconocer que la mejor cura para el insomnio del bebé de un ex eran los paseos en helicóptero. Lógicamente, con su pensamiento anticolonial, socialista y, de paso, austero, la inmaculada conciencia de este personaje le impedía contratar niñera. O, el caso de poder darle una peguita a la noviecita, encima, con la que pueda criar a su propio nene. No era para nada justo hacer tanto escándalo por eso.
Ni el gobierno actual ni ningún otro pasado o futuro se merecen estar dando explicaciones por lo que hacen o dejan de hacer. ¡Qué despropósito! Por ese motivo me permito hacer algunas sugerencias de reformas, en una ley LOPE -o, como nos gobierna una mujer, LUPE- que podría servirles tanto a este como a todos los que tengan ese magnánimo ideal de servicio. Aunque pudiera empezar a oler raro, empezaría por cambiarle el nombre al TAM, por el de Compañía Aérea Clandestina Amadrinada (CACA). Abriría la posibilidad a simpatizantes, militantes y/o fliares a poder ser trasladados, evitando así a los lapidamientos verbales. Podrían anotarse para este beneficio las Misses en Apuros, los Necesitados de Arrumacos, Cumpleañeros Solitarios, la Cámara de Adolescentes Claustrofóbicos, y la Asociación de Dolientes de las Rodillitas, entre muchos. Los que antiguamente disfrutaban del derecho y hoy no, no les quedará otra que resignarse y reprimir sus impulsos, hormonas amazónicas o lo que fuera en alguna embajada, cuyos funcionarios – de paso- deberán tomar sus serios recaudos.
Sería importante y urgente la creación del Ministerio de la Verdad, al mero estilo orweliano, capaz de cambiar la historia o los relatos del presente y, cómo no, los premonitorios, que fueran en contra de la verdad única. Así, los esforzados, cesantes y desprestigiados ‘guerreros digitales’ podrían haber sido reconocidos honrosamente como ‘alcahuetes virtuales’. Oficina mediante, se hubiera atrapado a los capos del Cartel de la Mentira, sin la necesidad de dar ningún tipo de explicación sobre registros y muertes de neonatos que nunca nacieron. El despacho bien podría ponerle un freno a los medios que le produjeron nauseas al mismísimo Murillo por el reciente aireado caso. También, podría recuperar los canales, radios y tevés para brindar a los ciudadanos siempre la verdad de siempre.
De entrada, podría comenzar con algunos viceministerios, como el de la Tranquilidad, que diseñaría e implementaría planes para causar terror en los revoltosos y devolver sosiego a los llunkus. El de la Invisibilidad - ojo, no de Transparencia, que más bien habría que eliminarlo o, por lo menos, convertirlo en el de la Opacidad, en todos sus sentidos-. Sería estratégico ya que tendría por misión invisibilizar al líder máximo y algunos de sus colaboradores con el objeto de empoderar su imagen y, así, permitirle la necesaria ubicuidad e inmunidad para sus labores. Cabe añadir que la nueva organización del Ejecutivo tendría que contemplar la figura de la licencia para estigmatizar sin provocar pucheros del otro lado. Ahh, y sería bueno mantener la imagen de un antiguo y recordado ministro -ahora con residencia en San Peter- con la leyenda: “Te estamos observando”.
Los gobernantes no se pueden dar el lujo de gastar tanta energía explicando cosillas. Se convierte en una tarea lastimera y degradante tener que justificar acciones con el argumento que el anterior era peor. Es hora de tomar el toro por las astas hasta que finalmente entendamos su lógica para, solo así, desarmarla. En esta emergencia de múltiples crisis, podríamos renovar la fe en algunas autoridades en su lucha por la vida, con la esperanza en que reconozcan excesos –incluso delitos-, abandonen la soberbia, entiendan realmente la demanda ciudadana y ayuden a materializar la idea que de esta salimos todos o no sale nadie.
Lo que podemos entender como ‘servicio público’, nuestra flora y fauna de ese ecosistema lo concibe perfectamente como servicio al militante y al simpatizante. Su carrera pública es como cualquier negocio y posee las mismas libertades. En el fondo, piensa que, si vas a invertir recursos (sobre todo, tiempo y/o dinero) para conseguir un sitial de poder, no sólo debes esperar el retorno, sino también tienes que proteger a tus proveedores y clientes, además de a todo tu personal. Eso es simplemente de pura racionalidad empresarial, lo que no impide que puedas ser también una firma socialmente responsable y hagas obras caritativas a los otros, a los que no te quieren o al resto. Para colmo, al tratarse de un emprendimiento condicionado a resultados, los que no alcanzaron aún la meta al parecer están esperando su turno para actuar bajo este mismo código no tan secreto.
Una vez que alcanzaste la medalla y la banda de mando por las que pujaste, eres dueño y señor del botín que apareja. No te olvides que la política nacional se trata de la guerra ideológica menos ideologizada que hay. Por eso y desde esa lente, a casi toda esa actividad humana no tienes ningún derecho en etiquetarla de corrupción, tráfico de influencias, extorsión, prebendalismo, clientelismo, feudalización del aparato, uso indebido, enriquecimiento ilícito, abuso de poder, prácticas coercitivas, traición a la Patria, persecución y/o judialización o Estado policial, entre muchas otras categorías, cual patologías clínicas. En este mundo existen el cálculo y las necesidades de partidarios o simpatizantes que deben ser cubiertos, entre algunas facultades adquiridas.
No podemos olvidar que, desde los noventas hasta hace poco, algunos defendieron su dispensa al descanso en lugares de trabajo, con las alcobas equipadas para antojos. También están los connotados que generaron jurisprudencia, como un Primero que proclamó su facultad a la perpetuidad, o un Segundo, destacado intelectual, que dijo con clarísima clarividencia que los municipios que voten por candidatos que no pertenecen a sus filas, perderán recursos y proyectos. Una manera muy elegante y diplomática de decir “si no votaste, jodete”. Encima, los que no entienden de política ni de prerrogativas salieron al frente a criticarlo. ¡No hay derecho!
Fue la misma rabiosa intolerancia e incapacidad de desconocer que la mejor cura para el insomnio del bebé de un ex eran los paseos en helicóptero. Lógicamente, con su pensamiento anticolonial, socialista y, de paso, austero, la inmaculada conciencia de este personaje le impedía contratar niñera. O, el caso de poder darle una peguita a la noviecita, encima, con la que pueda criar a su propio nene. No era para nada justo hacer tanto escándalo por eso.
Ni el gobierno actual ni ningún otro pasado o futuro se merecen estar dando explicaciones por lo que hacen o dejan de hacer. ¡Qué despropósito! Por ese motivo me permito hacer algunas sugerencias de reformas, en una ley LOPE -o, como nos gobierna una mujer, LUPE- que podría servirles tanto a este como a todos los que tengan ese magnánimo ideal de servicio. Aunque pudiera empezar a oler raro, empezaría por cambiarle el nombre al TAM, por el de Compañía Aérea Clandestina Amadrinada (CACA). Abriría la posibilidad a simpatizantes, militantes y/o fliares a poder ser trasladados, evitando así a los lapidamientos verbales. Podrían anotarse para este beneficio las Misses en Apuros, los Necesitados de Arrumacos, Cumpleañeros Solitarios, la Cámara de Adolescentes Claustrofóbicos, y la Asociación de Dolientes de las Rodillitas, entre muchos. Los que antiguamente disfrutaban del derecho y hoy no, no les quedará otra que resignarse y reprimir sus impulsos, hormonas amazónicas o lo que fuera en alguna embajada, cuyos funcionarios – de paso- deberán tomar sus serios recaudos.
Sería importante y urgente la creación del Ministerio de la Verdad, al mero estilo orweliano, capaz de cambiar la historia o los relatos del presente y, cómo no, los premonitorios, que fueran en contra de la verdad única. Así, los esforzados, cesantes y desprestigiados ‘guerreros digitales’ podrían haber sido reconocidos honrosamente como ‘alcahuetes virtuales’. Oficina mediante, se hubiera atrapado a los capos del Cartel de la Mentira, sin la necesidad de dar ningún tipo de explicación sobre registros y muertes de neonatos que nunca nacieron. El despacho bien podría ponerle un freno a los medios que le produjeron nauseas al mismísimo Murillo por el reciente aireado caso. También, podría recuperar los canales, radios y tevés para brindar a los ciudadanos siempre la verdad de siempre.
De entrada, podría comenzar con algunos viceministerios, como el de la Tranquilidad, que diseñaría e implementaría planes para causar terror en los revoltosos y devolver sosiego a los llunkus. El de la Invisibilidad - ojo, no de Transparencia, que más bien habría que eliminarlo o, por lo menos, convertirlo en el de la Opacidad, en todos sus sentidos-. Sería estratégico ya que tendría por misión invisibilizar al líder máximo y algunos de sus colaboradores con el objeto de empoderar su imagen y, así, permitirle la necesaria ubicuidad e inmunidad para sus labores. Cabe añadir que la nueva organización del Ejecutivo tendría que contemplar la figura de la licencia para estigmatizar sin provocar pucheros del otro lado. Ahh, y sería bueno mantener la imagen de un antiguo y recordado ministro -ahora con residencia en San Peter- con la leyenda: “Te estamos observando”.
Los gobernantes no se pueden dar el lujo de gastar tanta energía explicando cosillas. Se convierte en una tarea lastimera y degradante tener que justificar acciones con el argumento que el anterior era peor. Es hora de tomar el toro por las astas hasta que finalmente entendamos su lógica para, solo así, desarmarla. En esta emergencia de múltiples crisis, podríamos renovar la fe en algunas autoridades en su lucha por la vida, con la esperanza en que reconozcan excesos –incluso delitos-, abandonen la soberbia, entiendan realmente la demanda ciudadana y ayuden a materializar la idea que de esta salimos todos o no sale nadie.


