El dilema de Murillo con tapaboca o Zapata en taparrabos
Hay algo de cierto en que la intención de voto azul sea producto de la obediencia dura y orgánica, aunque no toda la razón. Creo que hay que darle crédito también a un tema de desencanto precoz por el retorno a la vieja historia… Habrá que decir, aquí y ahora, que nunca hubo derecha o...
Hay algo de cierto en que la intención de voto azul sea producto de la obediencia dura y orgánica, aunque no toda la razón. Creo que hay que darle crédito también a un tema de desencanto precoz por el retorno a la vieja historia… Habrá que decir, aquí y ahora, que nunca hubo derecha o izquierda, sino populismo, y que, al final, el genuino, chabacano y de farra va sumando adeptos, más que el transitorio descafeinado. Debo aclarar que esto resulta tristemente divertido, por decir muy poco, pero el régimen anterior arrojaba un espectáculo morboso y pintoresco capaz de tenernos al borde de la silla no sin mucha vergüenza ajena.
Si no fuera trágico el desmantelamiento material, moral e institucional de casi catorce largos años del país, muchos tendríamos la añoranza de lo que no pasó, pero que podría estar ocurriendo. Pañales aventados por una figura canosa desde el helicóptero de Alba con barbijo; proyecciones de contagio en el país realizadas por el matemático; la telenovela china de Zapata y los hijos del destino; camionadas de lujuria amazónica; declaración de héroe mundial al zancudo COVID 19 por su papel en la Tercera Guerra Mundial; serenata con maracas y guitarra a Gabriela en San Pedro; bono universal de 50% de aumento a la canasta familiar de 100 bolis del ministro Arce; bono a la militancia azul; conminación a Chile a negociar por el juicio ganado en La Haya; laboratorios secretos de investigación de médicos cubanos en el Chapare para descubrir la vacuna. Generan suspenso el dónde habrían ido a parar este 6 de agosto la banda y medalla; la segunda parte del blues ‘Nos cagamos en el MAS’; juicios, traiciones, amores y desamores de políticos filo masistas; persecuciones a disentidores y palmadas en la espalda a ataguatos, el comportamiento y tendencias del mercado de conciencias, los discursos trasnochados, el exceso, la mentira, la prepotencia conocida, la farra…, casi tres lustros de espectáculo triste, pero espectáculo al fin.
Hemos transitado del populismo puro, genuino y chabacano, al zero, al light y, por el momento, aburrido. Al del pan sin circo. Simbólicamente, nos fabricaron y, en parte, nos construimos la historia que echamos al papá que derrochó la herencia de la abuela, un irresponsable, mentiroso, abusivo, juerguero con hijos preferidos y otros arrinconados o expulsados de la casa, para que mamá se haga cargo de la casa, quien, con un movimiento pendular y su falsa modestia, intenta poner en orden las finanzas/miserias del hogar despreciando al antes adulado y poniendo a su derecha al antiguamente maltratado. Para el registro, mamá, a la que no le quedó otra que asumir las riendas del hogar – y que cada vez le está gustando más-, conduce más o menos las riendas sin cambiar mucho las cosas mediante soluciones costosas, cortoplacistas generando grandes compromisos largoplacistas y sin imaginación, ni mucho menos cambiando la estructura de la toma de las decisiones hacia los hijos. En el fondo, abandonándonos nuevamente en nuestro papel de niños espectadores del rumbo de la historia, que esperamos la platita de nuestro recreo.
En otras palabras, ¿habrá cierto paralelismo entre Juan Domingo/Evita, Néstor/Cristina y Evo/Janine o estoy escribiendo huevadas?, ¿no serán las dos caras de la misma moneda? ¿Inconscientemente deseamos caer en lo mismo, como la víbora que se come la cola? Lo cierto es que lo mejor es evitar la moraleja inmoral de más vale mal que peor. ¿Será que los bolivianos, tras tanto vapuleo bicentenario, seguimos luchando contra el apocalipsis zombi de los políticos de vieja cuña que nos aterrorizan y viven de comerse nuestros cerebros?
Con la anterior administración derrochamos casi todo el dinero, mientras que, con la esta, estamos acabando nuestro tiempo. Y es que tal vez derrochamos al que pasa y no vuelve más, a la larga espera de las calles y las pititas para sentar nuevamente en el sillón a la vieja política. Lo propio, también lo estamos perdiendo al negar las soluciones de la misma sociedad a esta emergencia sanitaria. Toda cuarentena tiene un único sentido: dar largas al contagio y a la amenaza de la saturación hospitalaria asesina. Pero, ¿es que este gobierno aprovechó los días ganados? Veamos.
Las soluciones a la crisis están siendo diseñadas e implementadas desde un war room epidemiológico, autoritario y paternalista, sin haber abierto hasta el momento el diálogo con la sociedad. La verdad única obliga a actuar con el mayor rigor en contra de los mocosos irracionales que ponen en peligro su propia existencia y la de los demás, calmando sus berrinches actuales o probables con bonos para todos. En inicio, limitados en espacio y tiempo como estamos, estos son necesarios para la sobrevivencia de muchos. Pero, ¿no es fácil y poco creativo tenerlos como panacea? ¿No tendrán un efecto rápido pero fugaz, como quemar paja? ¿No serán un instrumento electoral más? ¿Es que no se parece mucho al régimen del innombrable? Claro, al margen de que en la carrera electoral se autoañadió un árbitro bombero que embargó su propia voz, está sobre todo la concepción despótica del ejercicio del poder.
Cada vez estoy más persuadido que -tal como vienen insistiendo algunos expertos - hay que generar soluciones fruto de la participación de sectores y actores políticos, sociales, económicos y educativos, entre otros, como un diálogo nacional y de emergencia. Es tiempo de apertura y de grandes pactos. Debemos consensuar, ser creativos y crear una estrategia nacional más ajustada a nosotros y que tome en cuenta las experiencias internacionales. Habría que orientar el gasto a la producción de los sectores más golpeados. Tendríamos que evitar que la gente que está combatiendo el mal de cerca (médicos, enfermeros, policías, militares, etc.) contagien a sus familias y al resto mediante un acuerdo estratégico con los hoteles vacíos. De sumar a las filas de lucha a estudiantes de medicina de último año, médicos jubilados o con enfermedades de base entrenados a hacer telemedicina en consultorios virtuales a fin de evitar que la población acuda a centros donde se puede contagiar. Es imperativo acelerar y masificar la detección con pruebas rápidas públicas y privadas. Podríamos fomentar a las universidades a que se unan a la cruzada generando armas de combate desde cada una de sus disciplinas. Tenemos que repensar y reinventarnos pactando con los privados soluciones que preserven, desechen, fortalezcan o incentiven la formación de estructuras productivas estratégicas. La mayor y mejor posibilidad de luchar está en la misma energía dormida de la sociedad que, por el contrario, está siendo aplacada con somníferos... Parece que mucho de esto no es una prioridad para el gobierno de la Choca.
Y, para sentirnos nuevamente como hijos negados, ¿no será que, entre tanto mal y tanto show, haya quienes prefieran la foto de Zapata en taparrabos que la de Murillo con tapabocas? Personalmente, creo que no tenemos que desfallecer ante la tentación. Todavía hay esperanza.
Si no fuera trágico el desmantelamiento material, moral e institucional de casi catorce largos años del país, muchos tendríamos la añoranza de lo que no pasó, pero que podría estar ocurriendo. Pañales aventados por una figura canosa desde el helicóptero de Alba con barbijo; proyecciones de contagio en el país realizadas por el matemático; la telenovela china de Zapata y los hijos del destino; camionadas de lujuria amazónica; declaración de héroe mundial al zancudo COVID 19 por su papel en la Tercera Guerra Mundial; serenata con maracas y guitarra a Gabriela en San Pedro; bono universal de 50% de aumento a la canasta familiar de 100 bolis del ministro Arce; bono a la militancia azul; conminación a Chile a negociar por el juicio ganado en La Haya; laboratorios secretos de investigación de médicos cubanos en el Chapare para descubrir la vacuna. Generan suspenso el dónde habrían ido a parar este 6 de agosto la banda y medalla; la segunda parte del blues ‘Nos cagamos en el MAS’; juicios, traiciones, amores y desamores de políticos filo masistas; persecuciones a disentidores y palmadas en la espalda a ataguatos, el comportamiento y tendencias del mercado de conciencias, los discursos trasnochados, el exceso, la mentira, la prepotencia conocida, la farra…, casi tres lustros de espectáculo triste, pero espectáculo al fin.
Hemos transitado del populismo puro, genuino y chabacano, al zero, al light y, por el momento, aburrido. Al del pan sin circo. Simbólicamente, nos fabricaron y, en parte, nos construimos la historia que echamos al papá que derrochó la herencia de la abuela, un irresponsable, mentiroso, abusivo, juerguero con hijos preferidos y otros arrinconados o expulsados de la casa, para que mamá se haga cargo de la casa, quien, con un movimiento pendular y su falsa modestia, intenta poner en orden las finanzas/miserias del hogar despreciando al antes adulado y poniendo a su derecha al antiguamente maltratado. Para el registro, mamá, a la que no le quedó otra que asumir las riendas del hogar – y que cada vez le está gustando más-, conduce más o menos las riendas sin cambiar mucho las cosas mediante soluciones costosas, cortoplacistas generando grandes compromisos largoplacistas y sin imaginación, ni mucho menos cambiando la estructura de la toma de las decisiones hacia los hijos. En el fondo, abandonándonos nuevamente en nuestro papel de niños espectadores del rumbo de la historia, que esperamos la platita de nuestro recreo.
En otras palabras, ¿habrá cierto paralelismo entre Juan Domingo/Evita, Néstor/Cristina y Evo/Janine o estoy escribiendo huevadas?, ¿no serán las dos caras de la misma moneda? ¿Inconscientemente deseamos caer en lo mismo, como la víbora que se come la cola? Lo cierto es que lo mejor es evitar la moraleja inmoral de más vale mal que peor. ¿Será que los bolivianos, tras tanto vapuleo bicentenario, seguimos luchando contra el apocalipsis zombi de los políticos de vieja cuña que nos aterrorizan y viven de comerse nuestros cerebros?
Con la anterior administración derrochamos casi todo el dinero, mientras que, con la esta, estamos acabando nuestro tiempo. Y es que tal vez derrochamos al que pasa y no vuelve más, a la larga espera de las calles y las pititas para sentar nuevamente en el sillón a la vieja política. Lo propio, también lo estamos perdiendo al negar las soluciones de la misma sociedad a esta emergencia sanitaria. Toda cuarentena tiene un único sentido: dar largas al contagio y a la amenaza de la saturación hospitalaria asesina. Pero, ¿es que este gobierno aprovechó los días ganados? Veamos.
Las soluciones a la crisis están siendo diseñadas e implementadas desde un war room epidemiológico, autoritario y paternalista, sin haber abierto hasta el momento el diálogo con la sociedad. La verdad única obliga a actuar con el mayor rigor en contra de los mocosos irracionales que ponen en peligro su propia existencia y la de los demás, calmando sus berrinches actuales o probables con bonos para todos. En inicio, limitados en espacio y tiempo como estamos, estos son necesarios para la sobrevivencia de muchos. Pero, ¿no es fácil y poco creativo tenerlos como panacea? ¿No tendrán un efecto rápido pero fugaz, como quemar paja? ¿No serán un instrumento electoral más? ¿Es que no se parece mucho al régimen del innombrable? Claro, al margen de que en la carrera electoral se autoañadió un árbitro bombero que embargó su propia voz, está sobre todo la concepción despótica del ejercicio del poder.
Cada vez estoy más persuadido que -tal como vienen insistiendo algunos expertos - hay que generar soluciones fruto de la participación de sectores y actores políticos, sociales, económicos y educativos, entre otros, como un diálogo nacional y de emergencia. Es tiempo de apertura y de grandes pactos. Debemos consensuar, ser creativos y crear una estrategia nacional más ajustada a nosotros y que tome en cuenta las experiencias internacionales. Habría que orientar el gasto a la producción de los sectores más golpeados. Tendríamos que evitar que la gente que está combatiendo el mal de cerca (médicos, enfermeros, policías, militares, etc.) contagien a sus familias y al resto mediante un acuerdo estratégico con los hoteles vacíos. De sumar a las filas de lucha a estudiantes de medicina de último año, médicos jubilados o con enfermedades de base entrenados a hacer telemedicina en consultorios virtuales a fin de evitar que la población acuda a centros donde se puede contagiar. Es imperativo acelerar y masificar la detección con pruebas rápidas públicas y privadas. Podríamos fomentar a las universidades a que se unan a la cruzada generando armas de combate desde cada una de sus disciplinas. Tenemos que repensar y reinventarnos pactando con los privados soluciones que preserven, desechen, fortalezcan o incentiven la formación de estructuras productivas estratégicas. La mayor y mejor posibilidad de luchar está en la misma energía dormida de la sociedad que, por el contrario, está siendo aplacada con somníferos... Parece que mucho de esto no es una prioridad para el gobierno de la Choca.
Y, para sentirnos nuevamente como hijos negados, ¿no será que, entre tanto mal y tanto show, haya quienes prefieran la foto de Zapata en taparrabos que la de Murillo con tapabocas? Personalmente, creo que no tenemos que desfallecer ante la tentación. Todavía hay esperanza.


