Manual para rascarse las bolas sin tedio ni sentimiento de culpa

Me gusta poner como ejemplo de la grandeza de Tarija a sus hombres y mujeres adelantados, aunque a algunos desubicados les guste tildarlos de locos. En mi lista, hay algunos que cobran una inesperada vigencia, pese a las décadas pasadas, como George Sánchez Bello, quien predijo la creación del...

Me gusta poner como ejemplo de la grandeza de Tarija a sus hombres y mujeres adelantados, aunque a algunos desubicados les guste tildarlos de locos. En mi lista, hay algunos que cobran una inesperada vigencia, pese a las décadas pasadas, como George Sánchez Bello, quien predijo la creación del Internet, relojes digitales inteligentes y hasta un futuro auto invisible con capó rojo, o Chalo Antelo, que descubría y difundía conspiraciones internacionales del más alto nivel. ¡Cuánta falta nos hacen! Sin embargo, el que siempre me llamó la atención es Tito Molina, bautizado, por quién sabe quién, como “Herramienta”, un hombre sin tiempo que, de haber nacido en otro país, sería considerado, al menos, un profeta.

Producto de una familia tradicional del pueblo, consagró su vida a no hacer nada. Según algunos relatos olvidados, el último esfuerzo que hizo fue haber salido bachiller. A partir de allí se dedicó a disfrutar el presente, en una existencia contemplativa, sin esfuerzos y libre de angustias. Pero, sospecho que se trata de una visión reduccionista. Hay quien sostiene que su legado de economía de guerra, de consumir lo necesario y de apropiarse del devenir fue tomado y adaptado, en parte, por el mismísimo José Mujica.

Este visionario tendría que ser analizado a detalle con el objeto de aprender a cómo salir del embrollo en que nos metimos, a modo de fórmula comprobada de aprovechar y vivir el presente en paz, más ahora, en nuestra calidad de presidiarios domésticos, de retorno a la cueva ancestral, y en momentos en los que murió el esclavizante tic tac (no, Tik Tok). Claro, para este ejercicio, es preciso hacer abstracción de la tragedia sanitaria y sus efectos de las crisis económica, social y política, a fin de concentrarse en el día después a la cuarentena.

Podríamos ir definiendo esta ‘actividad’ por lo que no es, por descarte. Si bien lo abarca, no es deporte, como cuanto rasquinbolero o vividor chupasangre hay en Tarija; tampoco, apatía crónica o culto sin ovejas visibles; menos, simple flojera, indiferencia patológica ni indigencia… es todas y ninguna a la vez. Y creo que es así precisamente porque no es una simple actividad (o la ausencia de esta), es una postura filosófica.

Puede que, en el fondo, él sienta que no hay ética en el trabajo o, en otras palabras, que laburar no es un acto de servicio a Dios, al prójimo ni a uno mismo. Tal vez profesa que no hay redención o paraíso en esta ni en ninguna otra existencia, gracias al mismo. Sería un estilo de vida, como el no hacerlo, y que, por el contrario, se debiera considerar una ética del descanso, que debe haber derecho a la recompensa sin trabajar, y sin el menor remordimiento. O tal vez, en su criterio, no hacer nada sea una ocupación apasionante, que genera un bien público y personal inconmensurable, en la medida que produce un servicio que todo el mundo busca: el Nirvana. En todo caso y bajo esta óptica, el nuevo Hombre planteado es de aquel que se va desprendiendo de la obligatoria, esforzada y pesada carga para llegar a ser aquel que vive el hoy, una especie de mezcla de Jacuna Matata y Siddhartha.

Sería, también, el objeto (¿o sujeto?) de un experimento ante la ley: “la ociosidad es la madre de todos los vicios”. Bueno, nuestro investigador estudiado viene a demostrar que no sólo falta evidencia científica que la valide, sino que no existe causalidad ni mucho menos correlación entre una y otros. Este punto, de un epicúreo moderno alejado de cualquier adicción, me empujó a buscarlo con la intención de escribir una biografía de auto ayuda que más o menos titule “Manual para rascarte los huevos sin resultados ni sentimiento de culpa”, pero me percaté que los políticos bolivianos se nos adelantaron con años en esta materia. Y fue justamente allí cuando nació mi duda: ¿Y si realmente es un gran exponente de un tipo de actividad económica no estudiada debidamente?

Herramienta es mucho más que una parte ineludible del paisaje urbano. Prefiero pensarlo como al empresario que construyó una marca sólida en el mercado espiritual y logró posicionarla. Gerente propietario y CEO de la empresa individual Herramienta Co. -aunque sin compañía visible-, una de las más eficientes que conozco, si se entiende por eficiencia alcanzar máximos resultados con el menor empleo de recursos posibles. Sin proponérselo, habría funcionado bajo la estrategia del océano azul: creó un mercado para él solito, sin competencia y bajo un crecimiento sosteniblemente rentable.

Su emprendimiento sería socialmente responsable, ya que nunca tuvo que adquirir o contratar transporte a base de energía fósil contaminante. Opera bajo un régimen superior al del simplificado, puesto que no paga impuestos ni rinde cuentas a nadie de ingresos, facturas o balances. Sería creador del ‘street office’ – que no es lo mismo al comercio callejero, ojo- y nunca tuvo que pagar ningún tipo de canchaje debido, supongo yo, a un vacío normativo y/o inoperancia municipal. Del rubro ‘búsqueda de la paz espiritual’, nunca fue investigado por entidad pública o privada alguna. Sin embargo, destaca su rentabilidad avalada por más de seis décadas, que le permitió la tan soñada libertad financiera. Con él, aprendí que la planificación espontánea existe, pese a que, a simple vista, parezca una contradicción.

Jamás se vio en la necesidad de convocarse a reunión de directorio de emergencia por tantas crisis atravesadas en el país. Los devenires estatales y gubernamentales, estatizaciones, privatizaciones, capitalizaciones, devaluaciones, movilizaciones sociales, revueltas, etc. no le afectaron jamás, al punto de no verse forzado a realizar cambios tácticos ni estratégicos. Nunca precisó de la mentoría de gurús del emprendimiento, consultores, estrategas, secretaria, auxiliar… ni mierda.

¿Inversión inicial?, cero; ¿gastos operativos?, muy cercanos a nada; ¿publicidad?, ni de broma; ¿desarrollo e innovación?, ni que estaría loco; ¿branding empresarial?, ni en pedo; ¿activo principal?, la mente; ¿demandas laborales?, inexistentes; ¿clientes/pacientes/seguidores?, número desconocido, aunque le reportan la utilidad suficiente para vivir como siempre soñó.

La precipitación de los cambios globales nos pone en el afán de reingeniar la vida misma. Y es ahí, que aparecería, como otro paradigma, esta esencia misma del libre albedrío y dueño honorífico y vitalicio de la ciudad. Mientras la tecnología y la hecatombe nos amenaza con hacernos prescindibles e irrelevantes, nos presenta una salida. Rompió con la lógica perversa del capital, la insostenibilidad del sistema, el deterioro del planeta, la acumulación y la sociedad de consumo y, no obstante, ahí está, más vigente y firme que nunca. Ni víctima ni victimario, ni autoridad ni autorizado, de todos y de nadie, Herramienta es hoy un referente importante y urgente para vivir liberado de culpas y preocupaciones.

Más del autor