La multidimensionalidad de un presente lleno de incertidumbres

Analizado desde la lógica de fenómeno o hecho social, no solo como una crisis sanitaria, la pandemia del Coronavirus, cobra una característica compleja que solo se podría describir a partir de un acercamiento multidimensional. El sociólogo francés Émile Durkheim, hace más de un siglo,...

Analizado desde la lógica de fenómeno o hecho social, no solo como una crisis sanitaria, la pandemia del Coronavirus, cobra una característica compleja que solo se podría describir a partir de un acercamiento multidimensional. El sociólogo francés Émile Durkheim, hace más de un siglo, pero muy pertinente en la lectura actual, en su libro Las reglas del método sociológico, explica el hecho social como las maneras de obrar, sentir y vivir exteriores al individuo, que ejercen un poder coercitivo sobre su conducta orientándola en todo su desarrollo.

El contexto de la pandemia, trajo consigo reglas, normas y prohibiciones que modifican la manera de obrar, sentir y vivir de las personas en los diferentes países alrededor del mundo. En Argentina recomiendan no compartir el mate, dejar los besos y abrazos, en Bolivia instan a dejar de reunirnos y postergar los eventos sociales, las prácticas religiosas o distanciarse de las caseras en los mercados y ferias o dejar de conversar con el vecino. Se trata de transformaciones de la vida cotidiana que adquieren características específicas en el aislamiento social aquejado por las tensiones de un enemigo silencioso que no discrimina.

Para el sociólogo francés, los caracteres culturales moldean a los sujetos y les predisponen a comportarse y pensar de una determinada manera, es decir lo hacen en función de los elementos culturales que se interiorizan a lo largo del proceso de socialización, que dura toda la vida biológica y social. En el caso de nuestras culturas altamente integradas socialmente, la predisposición a comportarnos y pensar debe ser modificada y tender a repensar los elementos culturales que incorporamos a lo largo de la socialización en nuestras vidas.

Más tarde –a finales del siglo XX- Anthony Giddens nos acerca a los aspectos motivacionales y los esquemas interpretativos que generan la acción social, donde los contextos de comunicación se sostienen en una interacción entre los sujetos en determinadas sociedades.

El aislamiento social, la incertidumbre sobre la enfermedad, el contagio y la muerte, se constituyen en el contexto y el marco que plantea nuevas formas de comunicación e interacción social, que convierten la acción en un desenlace a partir de la motivación y necesidad personal y social y donde las subjetividades dan cuenta de numerosas maneras de vivir la crisis. Sustituir la interacción por el aislamiento nos lleva a generar un aprendizaje que para muchos fue y aún lo sigue siendo –por decirlo de algún modo- traumático.

Con más preguntas que respuestas, hoy acudimos a mirar y vivir de manera diferente las calles  que antes estaban abarrotadas de gente no solo en la vida cotidiana, sino en protestas crecientes que vivíamos en América Latina y que ahora están suspendidas. De hecho todas ellas no tuvieron un desenlace cerrado y definitivo, por  lo que el futuro post cuarentena puede deparar muchas sorpresas al respecto, pues algunas demandas pueden estar agudizadas mientras se desnudan falencias en los sistemas de salud, educación, entre otros.

Las calles vacías, los sonidos postergados y la gente en incertidumbre rompen la anterior monotonía e imprimen una pausa a todo lo que ocurría. El silencio o un sonido diferente llegó a las calles de las capitales y de ciudades intermedias donde el trajín era la característica cotidiana. Sin embargo, con ello también llegó una dura realidad para quienes viven del día a día, donde su venta informal, la recolección de materiales de reciclaje en las basuras o la búsqueda de alimentos en las calles ahora los convierte en los sujetos más vulnerables a la enfermedad mundial.

Despedir a los muertos, extrañar a los enfermos, convivir con la familia, asumir cuidados cotidianos, alimentar las amistades o vivir la soledad hoy son las aristas de un fenómeno social que requiere respuestas que no solamente pasan por la medicina o la tecnología, sino por las atenciones de elementos emocionales y subjetivos que marcan la vivencia de la gente en cuarentena o en medio de la pandemia del COVID19. Y en medio de esta crisis compleja, la psicología estuvo conteniendo situaciones presagiando lo que vivimos en el encierro o aislamiento. La sociología interpreta las nuevas formas de acciones entre lo sujetos, la filosofía se percata de las condiciones existenciales y la construcción de conocimientos para la práctica cotidiana, la pedagogía se reinventa para atender las necesidades de docentes y estudiantes,  la comunicación es habitada por las formas de relaciones socio digitales y enfrenta la contradictoria consigna de comunicarnos sin interacciones cercanas; la economía buscando alternativas en medio de la cuarentena para beneficiar a la gente pero no dañar el sistema micro y macro económico. Y así, las ciencias sociales en el centro de su ejercicio y aporte.

La ciencia política es un caso especial, pues el ejercicio de la política en escena protagónica desplegó estrategias de gobierno para contrarrestar las condiciones de la pandemia, pero ¿Cómo se está manejando la política en nuestros países? Se vislumbra posibilidades de una concentración de poder y una ausencia de control social sobre lo que se está haciendo a nombre de la lucha contra el coronavirus. Tenemos gobernantes comprometidos, otros indiferentes e incluso ilusos que consideraron que la pandemia no se atrevería a tocarlos. La realidad fue otra Es una nueva incertidumbre pues algunos líderes consideraron que no era tan necesario políticas drásticas para enfrentar el virus y otros no tuvieron los recursos económicos ni las innovaciones para  su despliegue local, nacional o global.

Finalmente, los derechos humanos de mujeres, niños, adultos mayores, migrantes, familiares de  fallecidos, repatriados, los infectados, los sospechosos o quienes están en observación también cobran los efectos de una crisis humanitaria desprendida de la sanitaria. Judith Butler, una de las filósofas contemporáneas más reconocidas en la actualidad, afirma que la desigualdad social y económica asegurará que el virus discrimine. “El virus por sí solo no discrimina, pero los humanos seguramente lo hacemos, modelados como estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia y el capitalismo, (…) volviendo a inscribir la distinción espuria entre vidas dolorosas e ingratas, es decir, aquellos quienes a toda costa serán protegidos de la muerte y esas vidas que se considera que no vale la pena que sean protegidas de la enfermedad y la muerte.” Se trata de derechos humanos trasgredidos por no acceder a soluciones médicas, vacunas que prevengan el virus o simplemente atención social a las necesidades humanas.

¿Qué nos depara el mundo posterior al COVID 19? ¿Quiénes se preocupan, desde qué enfoques lo hacen, cuánto de tiempo  y recursos de todo tipo se destinan a estos temas sociales? En un periodo de alerta, el complejo mundo del Coronavirus requiere miradas transdisciplinarias que nos ayuden como seres humanos con maneras de obrar, sentir y vivir exteriores al individuo y con motivaciones internas que hacen a la acción social y no solo como un número en la estadística de sospechosos, en observación, contagiados, fallecidos o recuperados, todo ello transversalizado por la distinción e clase o económica incluso, sino en toda la integralidad de nuestro ser.

*Profesional en Comunicación

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