Información y propaganda, un distancia necesaria
Recientemente conversamos en un medio de comunicación, sobre la diferencia entre información y propaganda, desde la perspectiva ética de la Comunicación y el periodismo. El tema provoca detenernos en la reflexión, primero porque es necesario tener claridad entre lo que se produce y consume...
Recientemente conversamos en un medio de comunicación, sobre la diferencia entre información y propaganda, desde la perspectiva ética de la Comunicación y el periodismo. El tema provoca detenernos en la reflexión, primero porque es necesario tener claridad entre lo que se produce y consume en el campo del periodismo y segundo, porque uno de los derechos de la audiencia es saber el tipo de producto periodístico que tiene ante sí para desarrollar o generar su propio criterio.
La información, es tanto un insumo como un producto de la labor periodística que está sujeta a un manejo responsable consistente en la recuperación, procesamiento, sintetización, jerarquización y difusión de los detalles de un hecho o conjunto de sucesos producidos en la realidad social y de interés colectivo.
Por su parte, la propaganda consiste en la difusión o divulgación de información, ideas u opiniones de carácter político, religioso, comercial, con la intención de que alguien actúe de una determinada manera, piense según unas ideas difundidas o adquiera un determinado producto.
Es claro identificar que en el primer caso, la audiencia que recoge o consume la información periodística formará su propio criterio a partir de los datos o hechos difundidos en diferentes formatos, mientras que en el segundo caso, hay una clara tendencia o intención de influir en el pensamiento e incluso comportamiento de la audiencia.
El Código Nacional de Ética Periodística presenta como un deber de propietarios de medios, directores, editores, periodistas y trabajadores de los medios el “Presentar la información claramente diferenciada de los comentarios. En ningún caso; la información debe ser mezclada con opinión o condicionada por publicidad comercial, publicidad o propaganda política o por cualquier otro tipo de presión”.
Si bien esta diferencia está claramente abordada desde los inicios de la comunicación de masas, allá por el segundo y tercer decenio del siglo XX, aún en la actualidad, algunos medios a partir de sus estructuras de propiedad o por una influencia externa, muestran la información y la propaganda mezclada o a veces presentan propaganda política disfrazada de información periodística. Esta situación genera en la audiencia confusión y un desequilibro al no saber qué elementos corresponden a información periodística y cuáles a propaganda política que posiblemente tenga formato de opinión periodística o de una pieza publicitaria.
Un nuevo año en el país nos enfrenta a un escenario de alargue prelectoral donde el manejo de la información periodística puede estar sujeta a criterios de manipulación. Primero porque los mensajes que se difunden desde un cierto sector con la intención de ejercer una influencia en los valores o en la conducta de los ciudadanos recurrirá a la propaganda pero en muchos casos disfrazada de información periodística que buscará la persuasión con intención política o ideológica sobre la audiencia.
Desde el punto de vista ético, la claridad en el manejo de la información periodística y en la presentación de la propaganda debe acompañar a la práctica en los diferentes medios masivos de comunicación ya sean tradicionales o digitales. Este principio ético contribuye a generar una sociedad con pensamiento crítico propio.
A propósito de esta posible confusión entre información periodística, información general y propaganda, hace pocos días la Presidente del Estado afirmó que “El poder público debe ser representado de manera humilde. El Decreto Supremo (recientemente aprobado) prohíbe el uso de la imagen de altas autoridades, en líneas gráficas, institucionales, letreros de información de obras públicas y de identificación institucional y en publicación, difusión e impresión de papelería para frenar el culto a la personalidad”.
Esta decisión de alguna manera contribuye a justamente diferenciar la información de la propaganda y sobretodo de la propaganda política concentrada en la persona y no así en la obra o la utilidad de la misma. Los ciudadanos y ciudadanas tienen interés en conocer el tipo de obra, los recursos empleados, la utilidad y el propósito de la misma entre otras cosas, mientras que la autoridad se debe a esa gestión y no así a exagerar la visibilidad de su personalidad en dichas obras públicas tendiendo a la propaganda política pura.
En medio de este escenario de constantes tensiones políticas, las audiencias se deben el respeto de contar con información periodística y propaganda política claramente diferenciadas, esperamos que el 2020 se rija por esta línea ética.
* Presidente Colegio de Profesionales en Ciencias de la Comunicación de Tarija (CPCS)
La información, es tanto un insumo como un producto de la labor periodística que está sujeta a un manejo responsable consistente en la recuperación, procesamiento, sintetización, jerarquización y difusión de los detalles de un hecho o conjunto de sucesos producidos en la realidad social y de interés colectivo.
Por su parte, la propaganda consiste en la difusión o divulgación de información, ideas u opiniones de carácter político, religioso, comercial, con la intención de que alguien actúe de una determinada manera, piense según unas ideas difundidas o adquiera un determinado producto.
Es claro identificar que en el primer caso, la audiencia que recoge o consume la información periodística formará su propio criterio a partir de los datos o hechos difundidos en diferentes formatos, mientras que en el segundo caso, hay una clara tendencia o intención de influir en el pensamiento e incluso comportamiento de la audiencia.
El Código Nacional de Ética Periodística presenta como un deber de propietarios de medios, directores, editores, periodistas y trabajadores de los medios el “Presentar la información claramente diferenciada de los comentarios. En ningún caso; la información debe ser mezclada con opinión o condicionada por publicidad comercial, publicidad o propaganda política o por cualquier otro tipo de presión”.
Si bien esta diferencia está claramente abordada desde los inicios de la comunicación de masas, allá por el segundo y tercer decenio del siglo XX, aún en la actualidad, algunos medios a partir de sus estructuras de propiedad o por una influencia externa, muestran la información y la propaganda mezclada o a veces presentan propaganda política disfrazada de información periodística. Esta situación genera en la audiencia confusión y un desequilibro al no saber qué elementos corresponden a información periodística y cuáles a propaganda política que posiblemente tenga formato de opinión periodística o de una pieza publicitaria.
Un nuevo año en el país nos enfrenta a un escenario de alargue prelectoral donde el manejo de la información periodística puede estar sujeta a criterios de manipulación. Primero porque los mensajes que se difunden desde un cierto sector con la intención de ejercer una influencia en los valores o en la conducta de los ciudadanos recurrirá a la propaganda pero en muchos casos disfrazada de información periodística que buscará la persuasión con intención política o ideológica sobre la audiencia.
Desde el punto de vista ético, la claridad en el manejo de la información periodística y en la presentación de la propaganda debe acompañar a la práctica en los diferentes medios masivos de comunicación ya sean tradicionales o digitales. Este principio ético contribuye a generar una sociedad con pensamiento crítico propio.
A propósito de esta posible confusión entre información periodística, información general y propaganda, hace pocos días la Presidente del Estado afirmó que “El poder público debe ser representado de manera humilde. El Decreto Supremo (recientemente aprobado) prohíbe el uso de la imagen de altas autoridades, en líneas gráficas, institucionales, letreros de información de obras públicas y de identificación institucional y en publicación, difusión e impresión de papelería para frenar el culto a la personalidad”.
Esta decisión de alguna manera contribuye a justamente diferenciar la información de la propaganda y sobretodo de la propaganda política concentrada en la persona y no así en la obra o la utilidad de la misma. Los ciudadanos y ciudadanas tienen interés en conocer el tipo de obra, los recursos empleados, la utilidad y el propósito de la misma entre otras cosas, mientras que la autoridad se debe a esa gestión y no así a exagerar la visibilidad de su personalidad en dichas obras públicas tendiendo a la propaganda política pura.
En medio de este escenario de constantes tensiones políticas, las audiencias se deben el respeto de contar con información periodística y propaganda política claramente diferenciadas, esperamos que el 2020 se rija por esta línea ética.
* Presidente Colegio de Profesionales en Ciencias de la Comunicación de Tarija (CPCS)


