La consolidación del Estado Plurinacional

Quizás parezca demasiado insistente, pero creo menester repetir hasta que se incruste en la memoria el concepto de democracia: “Democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” según la definición que dio Abraham Lincoln en su famoso Discurso de Gettysburg  y, según...

Quizás parezca demasiado insistente, pero creo menester repetir hasta que se incruste en la memoria el concepto de democracia: “Democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” según la definición que dio Abraham Lincoln en su famoso Discurso de Gettysburg  y, según el diccionario de la Lengua española, democracia es “el predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado”.

El Estado Plurinacional de Bolivia es aún un objetivo, una necesidad imperante, una meta que es necesario alcanzar con unas elecciones verdaderamente democráticas.

Somos los ciudadanos quienes elegiremos a un presidente o una presidente para gobernar nuestra nación, es decir dirigir nuestro destino común.

Ahí estarán los candidatos, cada cual con su disponibilidad para servir o con su ambición irrefrenada. Uno de ellos será elegido para un mandato presidencial pero, para poder gobernar, deberá, inevitablemente, consensuar, concertar, negociar y hacer concesiones con cada una de las organizaciones sociales que hay en cada rincón de Bolivia.

Cuando menciono a las organizaciones sociales no me refiero aquellas que fueron creadas con fines políticos o económicos, me refiero a las organizaciones sociales que están integradas las familias existentes en nuestro país, teniendo en cuenta que ellas son la base fundamental constituyente de toda sociedad. Según el INE, en Bolivia existen 3,346.000 millones de familias.

Del mismo modo, habrá que tomar en cuenta a las organizaciones políticas, ya que ellas son las que expresan los intereses de los ciudadanos en los asuntos públicos.

Una vez consensuado y concertado el rumbo con todas ellas, o al menos con la mayoría de ellas, habrá que emprender la tarea de consolidar el verdadero estado plurinacional.

Como primera medida y con mano dura, sin contemplaciones, habrá que erradicar la corrupción, lacra que ha parasitado el aparato estatal casi desde el nacimiento de la República, incrustada en ella a tal punto que, citando a Manuel Gonzales Prada, “donde se pone el dedo brota la pus”.

Con esta frase Prada hubo descrito a la corrupción imperante que reinaba en las altas esferas gubernamentales del Perú hace 100 años.

Nada es diferente en la Bolivia actual. Desde el retorno de la democracia, hace más de 35 años, todos los días se lee en los noticieros escritos y televisivos, denuncias de corrupción, de despilfarro y malversación de los recursos económicos que pertenecen a cada uno de los bolivianos.

Hago una aclaración: no estoy descubriendo la pólvora, tampoco estoy diciendo nada no dicho, simplemente constato que ahí está la corrupción, campante e impune, todo el mundo lo señala con el dedo y es tema de conversación alrededor de un café o entre las copas de vino.

Llegamos a la segunda medida: desterrar el narcotráfico que se ha deslizado en algunas esferas de poder.

El narcotráfico, al igual que la corrupción, se ha instalado, solapada o descaradamente, desde el mucho antes del mencionado retorno a la democracia.

La nueva, o el nuevo, gobernante elegido mediante el voto deberá sentarse con los productores de la hoja sagrada para definir políticas de erradicación del narcotráfico pues el daño que le hace a Bolivia es inconmensurable.

En un anterior escrito dijimos que la reconstrucción de Bolivia debe hacerse lejos de las ideologías partidistas, lejos de todos los “ismos” (derechismo, izquierdismo, marxismo, trotskismo, neoliberalismo, fascismo, clasismo, racismo, etc.), excluyendo a aquellos que se dedican a azuzar el odio entre clases sociales, a echar culpas y anatemas sobre los “otros”, es decir sobre los que piensan diferente, los que piensan libremente, los que disienten o critican.

Una vez aceptada esta premisa, la consolidación del nuevo Estado Plurinacional deberá entrar en la vía del desarrollo económico y tecnológico.

El nuevo mandatario deberá convocar a los jóvenes, a las nuevas generaciones a liderar el desarrollo tecnológico. ¿Será posible hacerlo?  Está claro que mientras no se haya invertido en educación, en ciencia y tecnología, ello no será posible. Entonces una educación de calidad comparable a la del primer mundo en cada escuela de Bolivia es imprescindible.

Hace algunos meses el ex presidente, con motivo de celebrar los 194 años de la creación de las fuerzas armadas anunció la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Imagino que esta decisión fue aplaudida por los hombres y mujeres dedicados a la investigación científica y tecnológica, pero no me parece correcto que las fuerzas armadas se hagan cargo de este ministerio. “Al Cesar lo que es del Cesar”, este ministerio debería ser dirigido por quienes están formados en las diferentes áreas de investigación tecnológicas y científicas, y dedicados a ellas.

De este modo el nuevo mandatario o mandataria, consolidará nuevo Estado Plurinacional. Quizá sea necesario hacer un cambio, un cambio de mirada a nuevas formas de gobernar, repensar las políticas de extractivismo, será ciertamente necesario escuchar y tomar en cuenta las opiniones de los pueblos indígenas, retomar el concepto de la “Madre Tierra”, el concepto de desarrollo humano, el “vivir bien” heredado del pasado reciente, ya que muchas familias y hogares aún viven en la extrema pobreza.

De esta manera con educación de primer nivel, salud y trabajo daremos paso al desarrollo industrial y abandonaremos los viejos paradigmas del subdesarrollo, para recién entrar verdaderamente al tercer milenio.

Finalmente, urge el respeto pleno a nuestra Carta Magna.

Estoy seguro que, como muchos politólogos y constitucionalistas lo reconocen que tenemos una constitución de avanzada, tanto así que no es necesario hacerle sufrir ningún cambio.

Que nada nos detenga, hagamos que comience una nueva era de paz y desarrollo para Bolivia.

Más del autor