Los padres de familia en la educación de sus hijos
La gestión más importante de la vida del ser humano es ser un buen servidor; por lo que ser un buen padre de familia es sumamente importante, por ser los principales modeladores de sus hijos, para que sean servidores y no servidos; es decir, que sean personas que se sirvan a si mismo utilizando...
La gestión más importante de la vida del ser humano es ser un buen servidor; por lo que ser un buen padre de familia es sumamente importante, por ser los principales modeladores de sus hijos, para que sean servidores y no servidos; es decir, que sean personas que se sirvan a si mismo utilizando sus propios medios y recursos y sirvan en o a la sociedad a la que pertenecen. Que nuestros hijos no sean atenidos, exigentes y que se les dé gusto en todo; que se les de todo sin poner lo que le correspondería, debe y puede hacer.
Por eso los padres de familia tienen el deber de enseñar con el buen ejemplo a sus hijos, la manera de comportarse bien; esta es una tarea que lleva tiempo y paciencia y requiere aplicar estrategias que sean saludables y eficaces; respecto a la tolerancia, solidaridad, humildad, compañerismo, amor al prójimo, responsabilidad, principios y valores; siendo esencialmente servidores y no asumiendo posturas en las que esperen ser servidos por sus padres y por los demás, sin reciprocidad alguna.
Como padres de familia tenemos la obligación de pensar y hacer de nuestros hijos personas de bien, pensando en su futuro como seres extraordinarios y como miembros de una sociedad de excelencia a construir, fundamentalmente, humana. Para cumplir apropiadamente con esta obligación, referiré algo que se debe hacer y también no hacer:
Antes que con la palabra enseñar con el ejemplo. Enseñe de manera calmada lo bueno y lo malo, con palabras y acciones y sea un ejemplo de la conducta que usted quiere ver en sus hijos.
Aplique reglas claras y coherentes, explicándolas en lenguaje apropiado a la edad y comprensión del niño. Si no se comporta bien, haga notar consecuencias de manera clara y firme.
Escuche bien lo que su hijo dice, dejándolo terminar su argumento antes de ayudarle a resolver el problema. Hablar antes de enfocarse sólo al castigo. Recuerde que todos los niños quieren que sus padres les presten atención.
Esté atento cuando el niño se está portando bien; elógielo con palabras como: ¡magnífico!, ¡maravilloso!, ¡espectacular!; lo hiciste muy bien, sigue adelante.
Sea cauto mientras su niño no esté haciendo algo peligroso, ignore su mal comportamiento como una forma de frenar el mismo. Estese siempre listo ante cualquier problema o situación en las que a su niño se le puede dificultar comportarse bien; dígale como quiere que se comporte.
Algunas veces cuando el niño se comporte mal por aburrimiento, ayúdele a encontrar otras cosas que puede hacer. Recuerde que el niño no puede estar sin hacer algo.
Convenga con su niño que se tendrá que hacer una pausa obligada, cuando no se haya cumplido alguna regla. Recuérdeles con pocas palabras y sin bronca y apártelos de la situación por algunos segundos, pero que el niño se dé cuenta del corte y del error.
Es mejor enseñar buen comportamiento, en lugar de castigar. Hay investigaciones que demuestran que castigar a los niños, físicamente, no funciona bien para corregir el comportamiento; lo mismo pasa con los gritos y hacer sentir mal avergonzándolos. Los castigos fuera de ser ineficaces, pueden hacer daño a la salud física, mental y emocional del niño, a largo plazo.
Sépalo que enseñar con castigos físicos, responsabilidad y autocontrol, sería aumentar la agresividad y la ira en el niño y puede verse atrapado en un círculo vicioso en el que, entre más se golpea a los niños, aumente el mal comportamiento, más adelante. Además los golpes recibidos pueden afectar las relaciones entre padres e hijos al causarle dolor y hacerlo sentir frustrado. Además, esta conducta puede ser aplicada por el niño contra otros cuando no logra lo que quiere. Las lesiones que pueden producir los castigos físicos pueden dejar otras huellas en el cerebro, provocantes de estrés tóxico y también afectar el desarrollo del cerebro llegando a tener menos capacidad retentiva e incluso menos coeficiente intelectual.
Las palabras lastiman a los niños, por lo que no se los debe gritar o usar palabras que causen dolor o vergüenza, que pueden ocasionar mayores problemas de comportamiento y salud mental y hasta depresión en los adolescentes.
Todos los niños, incluso bebés, necesitan ser disciplinados coherentemente, por lo que los padres deben hablar y ponerse de acuerdo para establecer reglas a cumplir. Los berrinches son comunes en los niños mientras luchan por dominar habilidades y enfrentar nuevas situaciones; ayúdeles a eliminarlos proponiendo otras actividades como un paseo, una siesta, un juego o una comida.
Equilibre los privilegios y las responsabilidades cuando sea necesario aplicarlos por el buen o mal comportamiento de sus hijos. Y, a medida que su adolescente desarrolle su independencia y habilidad para tomar decisiones, debe darle su apoyo y amor incondicional, con expectativas claras, respecto al cumplimiento de reglas y límites establecidos.
“PARA SABER QUÉ HOMBRE SE DEBE FORMAR, PRIMERO SE DEBE SABER QUE SOCIEDAD SE QUIERE CONSTRUIR”
Por eso los padres de familia tienen el deber de enseñar con el buen ejemplo a sus hijos, la manera de comportarse bien; esta es una tarea que lleva tiempo y paciencia y requiere aplicar estrategias que sean saludables y eficaces; respecto a la tolerancia, solidaridad, humildad, compañerismo, amor al prójimo, responsabilidad, principios y valores; siendo esencialmente servidores y no asumiendo posturas en las que esperen ser servidos por sus padres y por los demás, sin reciprocidad alguna.
Como padres de familia tenemos la obligación de pensar y hacer de nuestros hijos personas de bien, pensando en su futuro como seres extraordinarios y como miembros de una sociedad de excelencia a construir, fundamentalmente, humana. Para cumplir apropiadamente con esta obligación, referiré algo que se debe hacer y también no hacer:
Antes que con la palabra enseñar con el ejemplo. Enseñe de manera calmada lo bueno y lo malo, con palabras y acciones y sea un ejemplo de la conducta que usted quiere ver en sus hijos.
Aplique reglas claras y coherentes, explicándolas en lenguaje apropiado a la edad y comprensión del niño. Si no se comporta bien, haga notar consecuencias de manera clara y firme.
Escuche bien lo que su hijo dice, dejándolo terminar su argumento antes de ayudarle a resolver el problema. Hablar antes de enfocarse sólo al castigo. Recuerde que todos los niños quieren que sus padres les presten atención.
Esté atento cuando el niño se está portando bien; elógielo con palabras como: ¡magnífico!, ¡maravilloso!, ¡espectacular!; lo hiciste muy bien, sigue adelante.
Sea cauto mientras su niño no esté haciendo algo peligroso, ignore su mal comportamiento como una forma de frenar el mismo. Estese siempre listo ante cualquier problema o situación en las que a su niño se le puede dificultar comportarse bien; dígale como quiere que se comporte.
Algunas veces cuando el niño se comporte mal por aburrimiento, ayúdele a encontrar otras cosas que puede hacer. Recuerde que el niño no puede estar sin hacer algo.
Convenga con su niño que se tendrá que hacer una pausa obligada, cuando no se haya cumplido alguna regla. Recuérdeles con pocas palabras y sin bronca y apártelos de la situación por algunos segundos, pero que el niño se dé cuenta del corte y del error.
Es mejor enseñar buen comportamiento, en lugar de castigar. Hay investigaciones que demuestran que castigar a los niños, físicamente, no funciona bien para corregir el comportamiento; lo mismo pasa con los gritos y hacer sentir mal avergonzándolos. Los castigos fuera de ser ineficaces, pueden hacer daño a la salud física, mental y emocional del niño, a largo plazo.
Sépalo que enseñar con castigos físicos, responsabilidad y autocontrol, sería aumentar la agresividad y la ira en el niño y puede verse atrapado en un círculo vicioso en el que, entre más se golpea a los niños, aumente el mal comportamiento, más adelante. Además los golpes recibidos pueden afectar las relaciones entre padres e hijos al causarle dolor y hacerlo sentir frustrado. Además, esta conducta puede ser aplicada por el niño contra otros cuando no logra lo que quiere. Las lesiones que pueden producir los castigos físicos pueden dejar otras huellas en el cerebro, provocantes de estrés tóxico y también afectar el desarrollo del cerebro llegando a tener menos capacidad retentiva e incluso menos coeficiente intelectual.
Las palabras lastiman a los niños, por lo que no se los debe gritar o usar palabras que causen dolor o vergüenza, que pueden ocasionar mayores problemas de comportamiento y salud mental y hasta depresión en los adolescentes.
Todos los niños, incluso bebés, necesitan ser disciplinados coherentemente, por lo que los padres deben hablar y ponerse de acuerdo para establecer reglas a cumplir. Los berrinches son comunes en los niños mientras luchan por dominar habilidades y enfrentar nuevas situaciones; ayúdeles a eliminarlos proponiendo otras actividades como un paseo, una siesta, un juego o una comida.
Equilibre los privilegios y las responsabilidades cuando sea necesario aplicarlos por el buen o mal comportamiento de sus hijos. Y, a medida que su adolescente desarrolle su independencia y habilidad para tomar decisiones, debe darle su apoyo y amor incondicional, con expectativas claras, respecto al cumplimiento de reglas y límites establecidos.
“PARA SABER QUÉ HOMBRE SE DEBE FORMAR, PRIMERO SE DEBE SABER QUE SOCIEDAD SE QUIERE CONSTRUIR”





