Se presume honestidad

¿Exhortar sobre qué?, se preguntarán. Nadar contra la corriente, como el salmón de Calamaro. Dirán que no soy pragmático. Insistir sobre algunos conceptos hasta suena medieval. Como un viejo llorando por la leche derramada. No jodas, no entendés que el dinero, el sexo y el placer dominan...

¿Exhortar sobre qué?, se preguntarán. Nadar contra la corriente, como el salmón de Calamaro. Dirán que no soy pragmático. Insistir sobre algunos conceptos hasta suena medieval. Como un viejo llorando por la leche derramada. No jodas, no entendés que el dinero, el sexo y el placer dominan el mundo. Seguí contemplando, me gritan desde el árbol. Que lo pario, digo. Seré tan boludo.

O en su caso, para la clase política estas palabras se las llevará el viento o sólo será una quimera. Un deber ser. Sin embargo, hablar de valores y principios tiene que ver con un deber ser y también con el Ser, individual y social.

Sin embargo, seguimos sobre ese ideal que se llama honestidad, que en latín significa: honestitas – atis. La cualidad personal de ser coherente entre lo que se piensa y siente. Es decir, el ánimo y la intención correcta. No sólo desde lo personal, sino también desde las relaciones interpersonales o interinstitucionales.

También es cierto que la honestidad tiene que ver con el sentido creado por un patrón cultural. En este caso el modelo occidental capitalista triunfante de Mr. Reagan y Miss. Tatcher, post muro de Berlín. Pero, bueno, en el universo existe un hilo conductor sobre algunos temas básicos sostenido por un gran acuerdo, sean musulmanes o cristianos.
Ahora claro, varía el significante de honestidad. La relatividad de los asuntos. Peor aún para aquellos que no son judío cristiano. De todos modos, desde la ética universal comulgamos en: la honestidad como un valor regido en principios universales como cimiente de otros valores que permiten la posibilidad sana de la convivencia humana en torno al respeto y cuidado entre las personas y su entorno.

Es decir, son deshonestos aquellas personas que afectan dicha máxima. Por ejemplo, los actos de corrupción. Que viene, sobre todo, de la clase política dañando la moral pública, entonces la gente identifica que “no está mal hacerlo”. Roban pero hace. Esta idea se encuentra instalada como una resignación ante las barbaridades que cometen los señores/as de cuello blanco.

En Suecia se presume la honestidad. Un paso de ingreso al metro no posee ningún control porque es para la gente que en algún momento no lleva dinero para transportarse. Y la gente respeta dicha situación. Desde la sociedad civil, latinoamericanos, bolivianos y tarijeños tenemos que aprender y mucho. Devolver un celular perdido en un taxi no debería ser noticia. Todo lo contrario.

De una manera más amplía, la sociedad también debe velar por su honestidad que deviene del sistema educativo y familiar. Aquí es donde se cuecen las habas para contar con personas dignas, bondadosas, genuinas, altruistas e integras.

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