Los Bolitas
La xenofobiaes un virus que viajapor la sangre de una gran parte de los argentinos. Es un tatuaje encriptado en su cultura, sobre todo frente a países vecinos: Bolivia, Perú y Paraguay. En su imaginario sienten que son superiores y por ende, nosotros,dizque, inferiores. Durante su historia...
La xenofobiaes un virus que viajapor la sangre de una gran parte de los argentinos. Es un tatuaje encriptado en su cultura, sobre todo frente a países vecinos: Bolivia, Perú y Paraguay. En su imaginario sienten que son superiores y por ende, nosotros,dizque, inferiores.
Durante su historia construyeron una percepciónsobre lo boliviano, marcado por estigmas de rechazo, antipatía y agresiones. Popularizaron el calificativode bolita. Que en su acepción expresauna mirada de subordinación y desprecio hacia aquello cuya fisonomia social y cultural desconocen.
La cultura argentina sufre de un complejo de superioridad. Narcisos que exigen ser admirados por sus logros, buscan aplausos y atención. Se exhiben con muchos méritos, aunque en realidad no los tengan, y a la vez son incapaces de comprender los sentimientos ajenos. Basta ver a pseudoanalistas que pululan por nuestra tierra vendiendo humo y tratando a los tarijeños de ignorantes. O los periodistas que reporteaban la revuelta de la generación Pititacon un enfoque paternal.
Un ejemplo claro, Rolando Graña, enviado especial de Amériva TV, espetó a una joven paceña: “sos una basura”, quien le increpó para que “diga la verdad”, cuando éstecubría los sucesos del post 20 de octubre. Este insulto se suma a muchos otros que ocurren a diario: boliviano de mierda, anda a vender ajo/limones, sos un negro bolita.
Aún más. Quedó grabado aquel titular de Crónica TV: “Accidente fatal en Flores, mueren dos personas y un boliviano”. O también cuando el presentador Mariano Iúdica expresó por el canal América: “Bolivia los bolitas, eh, los bolitas, los bolitas, crecen al 5 por ciento y no tienen inflación. Entonces no nos hagamos los cancheros. Paremos la pelota”. O durante los partidos de fútbol se escucha los cánticos “Cantemos todos que La Boca está de luto, que son todos negros putos de Bolivia y Paraguay”.O la frase de Hebe de Bonafini, que ahora ampara al ex presidente Morales, cuando en plaza de Mayo gritó: “!La plaza es nuestra. Vayánse de acá bolivianos de mierda!”
No solo son insultos. Por discriminación varios compatriotas fueron asesinados, casos trágicos como el de Franco Zarate que al grito de “boliviano de mierda” recibió un disparo. Abraham Condori muerto por arma de fuego y quemada su habitación. Marcelina Menneses y su bebé arrojados de un tren. O cuando Clara Celeste, una niña de 9 años se ahorcó, cansada de burlas por su apariencia, color de piel y nacionalidad.
Y para rematar, el flamante presidente, Alberto Fernandez, señaló que “(Evo) el único presidente con cara de boliviano”, es decir una expresión reduccionista / racista sobre un país. Al revés, cómo dice Alfonso Gumucio: ¿tiene Fernández cara de Argentino?, ¿Argentino de qué lugar?.
En éste contexto, los medios masivos de información legitiman este discurso, ya que impulsan un relato dominante que visibiliza en el escenario público a una cultura superior que siempre quiso imitar a Europa. Y esto significa corroborar los códigos de una sociedad con vanidades del viejo mundo como supremacía de un fenotipo étnico.
Y en realidad los bolivianos que migran al vecino país lo hacen para mejorar sus expectativas de vida. Se dedican principalmente a la agricultura, textiles, construcción o como trabajadoras del hogar. Se estima que superan los dos millones de personas, afincados en su mayoría en Buenos Aires, Jujuy, Mendoza y Salta. Son la segunda colectividad más numerosa.
En tanto, compartimos hitos de la historia. Juntos forjamos nuestras repúblicas: Cornelio Saavedra, de origen potosino, fue el primer presidente de la Junta. José Julían Perez Echalar, diputado por Tarija en Buenos Aires (1810), tuvo una destacada actuación por la unificación. O José María Serrano, chuquisaqueño, que fuera el principal redactor de la Independencia en el Congreso de Tucumán (1816).
Este asunto tal vez tiene su origen en la construcción del ser argentino. Y en Domingo Faustino Sarmiento identificamosa uno de sus ideólogos: “Devolver al país a la civilización que gozó con Rivadavia” o “Vaciar Europa de golpe y realizar en diez años la obra que antes necesitaría el transcurso de los siglos”. El triunfo de la civilización sobre la barbarie.
“Es mi situación una desolación. Soy como un lamento; lamento boliviano, que un día empezó y no va a terminar, y a nadie hace daño”, suenan Los Enanitos Verdes en la plazuela Uriondo del barrio El Molino, recordando las penas y malos tratos que sufren como migrantes nuestros hermanos bolivianos.
*Periodista


