La Mano del Moto
El trono vacante del bloque popular boliviano
Ni Andrónico, ni las nuevas fórmulas de García Linera, ni los Tupac o Argollo parecen capaces de disputarle el liderazgo del bloque a Evo Morales, pese a la cantidad de anticuerpos que genera. ¿Podrá Lara hacerse con las riendas del bloque?
El gobierno ha cambiado el paso. Con el bloque popular neutralizado con el Estado de Excepción y luego de los 55 días de bloqueo que acabaron en dispersión general, el gabinete de Paz ha considerado que es el mejor momento para acelerar con la decena de leyes prometidas hace ya cuatro meses y tratar de escenificar un momento reformista intenso – se habló incluso de “refundación” tras el acuerdo con los Gobernadores – pese a que muchos de los enfoques están blindados en la Constitución y no hay horizonte de cambio, pues ni siquiera hay quorum en el Tribunal Constitucional.
La primera norma que se va a remitir a la Asamblea es una de las más sensibles: la Ley de Inversiones, el paraguas general con el que se pretende atraer inversiones para sectores estratégicos. La desconfianza en el bloque popular es generalizada: el DS 5503 ya contemplaba numerosos artículos en los sentidos anunciados: agilidad en las adjudicaciones, sectores estratégicos, “seguridad” jurídica, etc., y aunque fue derogado en las calles, se prevé que se vuelvan a incorporar a la Ley, cuyo enfoque está blindado por las tres bancadas mayoritarias, aunque puedan discutir algunos artículos o generalidades.
¿Quién entonces puede ejercer de líder de la oposición o canalizar el sentir del bloque popular?
Los 55 días de bloqueo dejaron tocados a los dos principales actores sindicales, la Central Obrera y la Central Campesina de La Paz Tupac Katarí. Mario Argollo fue el que aportó planteamientos más sólidos y quien ejerce un liderazgo más carismático, pero el hecho de llegar a un acuerdo minutos antes de firmar el Estado de Excepción lo han dejado en la heladera.
De los clásicos, el debate se agota. Los Tupac Katarí, más cercanos a David Choquehuanca, que tras su paso por la vicepresidencia no quiere saber esencialmente nada de la pugna, no tienen un liderazgo capaz de trascender la organización sindical agraria.
Andrónico Rodríguez es el gran ausente. Periódicamente hace alguna incursión en redes sociales que suele ser contestada con muchos calificativos, pero sus ausencias en momentos clave, como este de la efeméride, hace que sus enteros, que siempre fueron pocos, marchen a la baja.
Por otros lados, el exvicepresidente García Linera parece estar detrás de la creación de una “verdadera oferta de izquierda” para Bolivia, que busca espacios entre ONGS, academias universitarias y la mejor formada bancada de Alianza Popular, pero la tentación de camuflarse tras el indígena, más en estos tiempos de polarización, es grande. Se espera puedan dar versiones críticas sobre el propio tratamiento de las leyes con una óptica de izquierda, pero de ahí a liderar una oposición dista bastante.
Evo Morales está viviendo de nuevo su sueño. Su constancia en los aparatos mediáticos y el hecho de que el gobierno lo identifique como “Enemigo Público número 1” lo mantiene vigente a pesar de la orden de aprehensión que nadie parece querer ejecutar de verdad. Las encuestas lo identifican claramente como el líder con más arrastre en el bloque popular, pero también con la mayor parte de negatividad. No hay medias tintas con Evo y en ese contexto parece poco probable que pueda volver a remontar.
¿Y Lara? El vicepresidente aprende rápido y tiene un don para la comunicación. Fue el complemento ideal de Rodrigo Paz para ganar una presidencia con los votos de occidente arrebatados al MAS, pero su emocionalidad le pudo cuando Rodrigo Paz lo dejó fuera del poder. Su imagen cayó en picado no solo entre los que no le votaron, sino entre los que le votaron. “Y Lara más que vuele”. Desde hace unos meses trata de recuperar un espacio al lado de lo popular, siendo solidario con los problemas de las clases pobres. Nombrando esos problemas. Y criticando al Gobierno con firmeza, pero sin excesos. Además, capitaliza un nicho que va a crecer: la inseguridad ciudadana. Su ídolo en política es Nayib Bukele y no deja de nombrarlo y emularlo. Veremos.
Es verdad que el MAS ha formado líderes y cuadros intermedios a lo largo y ancho del país y que muchos se espantaron con la pelea entre Luis Arce y Evo Morales, pero que pueden volver a aparecer. Veremos si hay tiempo para que alguien aparezca, o de lo contrario, veremos cómo gestionan la pugna entre los visibles. Lo que es seguro es que el bloque popular va a tener que encontrar su propia agenda en un momento que viene escalando.








