La impunidad el mejor acicate para el delito

Después del nacimiento el acontecimiento más trascendental del ser humano se da con el uso del atributo sublime de su ser: “La Razón”, sin la cual, la vida sobre la tierra, no sólo sería impensable, sino que además, lo convierte en el ser más importante del universo. La Razón es el...

Después del nacimiento el acontecimiento más trascendental del ser humano se da con el uso del atributo sublime de su ser: “La Razón”, sin la cual, la vida sobre la tierra, no sólo sería impensable, sino que además, lo convierte en el ser más importante del universo. La Razón es el don que nos permite percatarnos de nuestra existencia e identidad, de la libertad, de nuestros sentimientos, de los demás hombres, del tiempo y del espacio y todo lo que nos rodea con sus cualidades ventajas y desventajas. En el mundo de los sentimientos, lo más excelso es el amor, que nos permite satisfacer el deseo compulsivo de ser felices, nervio motor que ha movido mueve y seguirá moviendo al hombre y a la humanidad mientras haya hombres sobre la tierra o donde estos vayan. En resumidas cuentas sin la razón no hay conocimiento y, sin el conocimiento no hay nada.

En torno al amor, es donde encontramos la fórmula y la magia para satisfacer este apremiante impulso de estímulo hacia la felicidad, para la que hemos sido creados y, que nos acompaña y mueve desde el nacimiento hasta la muerte. Cristo nos ha dejado la síntesis perfecta y maravillosa, de este sentimiento que jamás será superado: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. La antípoda se mueve y desenvuelve alrededor del egoísmo y secuelas: el odio, la envidia la indolencia, la explotación, la esclavitud, la servidumbre, el desamor, la injusticia, la rabia, el resentimiento, la indiferencia, la envidia, la discriminación, el delito , la venganza y finalmente la muerte, es decir todo lo sucio, repugnante , asqueroso y destructivo de la conducta humana. Si la parte perversa del hombre se desarrolla a través del mal, encontramos que, para contrarrestar las fuerzas malignas la sociedad se vale de fórmulas legales que buscan la prevención y luego el castigo al malhechor para que pague sus culpas y, repare los daños, a la víctima y a la sociedad. Como primera medida se los priva de la libertad para evitar más crímenes pudiendo, en su caso, incluso, quitárseles la vida. Aparte del componente punitivo, la pena que recibe el malhechor, sirve de ejemplo a la sociedad como elemento profiláctico, lo que permite deducir que la impunidad resulta ser el factor y agente más fecundo y efectivo para la proliferación del delito.

El daño, se dirige contra dos tipos de víctimas, el individuo y la sociedad, debe tenerse en cuenta que, ésta inevitablemente, es afectada por el mal ejemplo que da el malhechor dentro del ámbito de influencia donde opera. Pero cuando identificamos a la sociedad con su patrimonio social, que es decir es de todos sin excepción, nos encontramos con el bien común, que tiene connotaciones de sacralidad, si se lo mira con el cristal de la Justicia. Desgraciadamente, la concepción miope de que el bien común es de todos, para luego sacar la conclusión abyecta de que en tal caso no es de nadie, produce uno de los escenarios más aciagos y funesto para la sociedad. y el terreno fértil para los corruptos. Es así como se pierde indolentemente el sentimiento de solidaridad, de compañerismo, compasión, de humanidad y, de elemental justicia.

No se considera de que el patrimonio del Bien Común debe cubrir primeramente las necesidades de los más pobres y miserables del grupo social, de aquellos urgidos por
La falta de comida, enfermos, moribundos sin techo propio ni atención médica, criaturas, ancianos sin abrigo, niños sin padres, ni educación, familias que por falta de recursos entierran a sus muertos cara al sol envueltos en frazadas, pidiendo al cielo justicia, sin protección de los delincuentes y pervertidos sexuales que no respetan ni siquiera la tierna edad de las pequeñas hijas, menos de los hogares y la dignidad de la mujer, victimas que se avienen a la explotación sexual de sus hijas y trata de blancas, como un mal menor.
¿Quiénes son los responsables de este genocidio, que se da a través del tiempo y del espacio, contra los colectivos más miserables y desdichados?; Inobjetablemente, los corruptos insensibles canallas que mandan en nuestras naciones. Ellos son los transgresores que cometen el pecado más abominable, execrable y repugnante, desde el tiempo de las cavernas, que no tiene perdón de Dios, los que disponen in misericorde del pan de los que mueren de hambre, ladrones desvergonzados que echan mano a sus anchas del dinero del bien común en el manejo irresponsable, abusivo y execrable de la cosa pública y, lo que es peor con el acicate de la impunidad. Junto a esta cáfila de mal hechores bailan de la mano los jueces corruptos, quizá más perniciosos y canallas, no solo porque legalizan la imperdonable pestilente inmundicia de aquellos, sino lo que es peor los liberan de culpa y pena volviéndolos impunes, ósea listos, aumentados y corregidos con mayor experiencia y más ganas de seguir cometiendo acciones corruptas y genocidas.

Nuestros países miserables con sistemas judiciales manejables, débiles y corruptos, con jueces, obedientes a la canalla indolente de las camarillas que mandan, ordenan y, dirigen nuestras sociedades, son doblemente culpables: Por la vista gorda a la conducta delictiva y, la impunidad con que los premian, más les valiera no haber nacido, por ser promotores y, también actores directos del genocidio contra estos grupos pobres marginados y desdichados que claman justicia al cielo, lamentablemente sin esperanza como podemos ver a diario, ya que la justicia no bajará de cielo porque depende de nosotros y, ella está en nuestra manos. (Mis sentidas excusas para todos los funcionario honestos)
Madres, padres, educadores y todos los que tienen influencia con la niñez y juventud, enseñemos que el Bien Común es sagrado, cuidarlo protegerlo y manejarlo virtuosamente es nuestro principal deber y obligación para con nosotros mismos, la familia, la sociedad, la patria y Dios, solo así habrá justicia, madre de la paz, única esperanza para días mejores. Hemos nacido para ser felices y lograremos mejorar nuestra sociedad imponiendo la cultura del RESPETO que es por donde debemos empezar.

Ex presidente de la Corte Suprema

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