En las bases de la corrupción

El ser humano se desenvuelve en dos ámbitos: en el individual donde se autoabastece y en el social, para subsistir, imprescindiblemente, debe relacionarse con otras personas, quienes interactúan movidos por el mismo impulso, encontrar algo positivo del interlocutor, de otra manera sería...

El ser humano se desenvuelve en dos ámbitos: en el individual donde se autoabastece y en el social, para subsistir, imprescindiblemente, debe relacionarse con otras personas, quienes interactúan movidos por el mismo impulso, encontrar algo positivo del interlocutor, de otra manera sería absurda esta interacción. De ahí el refrán que dice: “No hay acción sin interés”
Cuando interviene el Estado como contraparte, y representante de la sociedad y del bien común, en la relación que generalmente es de de carácter económico, se da una connotación específica, la falta de personificación, que insensibiliza a los actores al encontrarse frente a una personalidad jurídica artificial, convencional, no humana, creada para representar a la institución política que atañe a todos y, que hace exclamar la famosa frase que dice: “Lo que es del Estado, es de todos, luego resulta no ser de nadie”. Consecuentemente el que no aprovecha de las ventajas en los negocios con el fisco es un tonto. Esta es la base de la relación contractual más siniestra e infame, creada por delincuentes que son la mismísima podredumbre, las ventajas son por doble partida, ambos sujetos del negocio tanto el particular como el que representa al fisco en el sucio negocio, cuyo fin que debiera única y exclusivamente ser concebido y destinado para beneficio del bien común, se lo dirige hacia los intereses de ambos delincuentes. En esta perversa dinámica el único perjudicado es el Estado, el bien común o sea el pueblo del que se aprovecha a sus anchas esta maligna cáfila de insensibles criminales.

Desde la época de las cavernas, el ser humano ha tenido esencial conciencia y preocupación por el bien común, puesto que con su contribución no solo se garantiza su existencia y la vida del grupo si no que es la condición sine qua non para que la mayor contribución y respeto a este patrimonio universal logre el progreso, el bienestar y felicidad de todo el mundo.

Inversamente; a mayor corrupción mayor desgracia para un pueblo, pero más sufrimiento, desdicha y tribulación para su gente, que en su gran mayoría son pobres, como sucede en nuestros países subdesarrollados gobernados por políticos corruptos. Si se tiene en cuenta que proporcionalmente estos degenerados representan una mínima parte con relación al inmenso número de damnificados que forman el grueso del pueblo, se observa como la corrupción, es un crimen nefasto y sus consecuencias no tiene parangón en el mundo del delito. No en vano el Sumo Pontífice de Roma ha declarado, no hace mucho, en una misa frente a las organizaciones de empresarios italianos que, el pecado de la corrupción es irredento es decir no tiene perdón de Dios.

Los bienes y servicios que proporciona el bien común, como no puede ser de otra manera, en principio, primero, por elemental justicia están destinados a cubrir las necesidades de los más pobres y desamparados, de aquellos que no tienen posibilidades para solventar siquiera sus necesidades básicas. Sus criaturas y pequeños hijos como sus ancianos progenitores mueren en la miseria por falta de alimentos, desnutridos sin asistencia médica ni medicamento. Entierran a sus muertos cara al sol envueltos en frazadas, pidiendo al cielo justicia, sin ayuda de ninguna clase por parte del Estado, cuyos recursos están a disposición preferentemente de los corruptos que, aparte de las millonarias coimas, usan el dinero en portentosos e innecesarios empréstitos con el único fin de que las cuantiosas inversiones les den el mayor rédito posible y, en el caso de altos políticos, cuando no manejando jueces, en millonarias gastos en obras y monumentos inútiles, como sumo galardón, solo para realzar su prestancia como recuerdo para el devenir.

¿Cómo se puede combatir esta enfermedad de la corrupción que tiene visos de pandemia? El sentido común sugiere, al toro por las astas, primero, luchar directamente contra los actores que la producen, para lo que se propone el método de “Freír a los peces gordos”, indudablemente este es un remedio remarcable, penalizar a estos delincuentes y su entorno sin piedad ni contemplación. Si bien sirve de ejemplo, la sociedad sigue con su permanente labor de continuar fabricando corruptos, lo que quiere decir que paralelamente a freír a los peces gordos es imperioso incursionar con efectividad en la prevención, es decir ocuparse de concientizar a todo nivel, con énfasis en la niñez y juventud auxiliando más y mejor a los padres de familia y educadores.

En la gestión pasada, con motivo de la promoción de bachilleres en un prestigioso establecimiento de la ciudad, fue sorprendente, cuando se dio el premio máximo a un alumno que no era el primero del colegio ni mucho menos. Para sorpresa de propios y extraños con indisimulado sin sabor de los bachilleres, la persona premiada accedió al galardón solo porque ambos de sus progenitores eran maestros del establecimiento. Así se fomenta la corrupción de la manera más fecunda y, en el terreno más apropiado y fértil para deteriorar la conciencia y moral social, la patria, la familia y el bien común, creando inescrupulosos y futuros corruptos. Es necesario tomar conciencia a todo nivel más en las nuevas generaciones para salir del atraso, la miseria y explotación.

Necesitamos imponer a todo nivel y oportunidad la cultura salvadora del RESPETO, indispensable instrumento de salvación. El respeto es la base para que el hombre pueda vivir en armonía y paz. Es la antítesis de la ley del más fuerte, sin él solo se siembra la arbitrariedad, la venganza, la adversidad la desdicha, el infortunio, la violencia, la destrucción y la muerte, es con el respeto que se cultiva el prerrequisito de la justicia que nuestro Señor Jesucristo la llamo la Madre de la Paz.

Hablando de justicia entramos al componente más sensible y delicado de todo sistema social. Son las naciones que tienen un régimen de justicia perfeccionado y un respeto venerable a la ley y propiedad ajena las que están a la cabeza del desarrollo progreso y felicidad, frente a las otras miserables asentadas en sistemas judiciales corruptos y obedientes de los políticos corruptos. Ningún tipo de corrupción puede ser más nefasto, desdichado, funesto y oprobioso. Los jueces de artífices de la paz, producen lo contrario promoviendo la venganza el odio la violencia, el rencor la miseria y la ruina de la forma más efectiva. La historia nos demuestra que no hay una nación grande y próspera sin un poder judicial probo independiente e inflexible.

La familia y el sistema educativo, son el cimiento del cambio de una sociedad, para forjar su progreso solo se lograra con el concurso de ambos, siendo la mujer, por su rol de madre y maestra y, manejar con ventaja la parte afectiva que tiene mayor privilegio para formar hombres de bien, esperanza de la Patria.
Ex Presidente de la Corte Suprema*

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