¿+3.34% o -3.34%?

El ministro dijo que la industria decreció en -1,1%, la minería en -1,6% y el sector de hidrocarburos en -14.1%”. Añadió que el sector de la construcción creció (7,2%), alimentos, bebidas y tabacos (5.6%), transporte y comunicaciones (5,4%), comercio (5,2%); administración pública (4,8...

Para el ministro Mario Guillén, vamos bien, crecemos. Para las micro, pequeñas y medianas empresas la cosa está mal. ¿A quién creer?
Para el ministro Mario Guillén, vamos bien, crecemos. Para las micro, pequeñas y medianas empresas la cosa está mal. ¿A quién creer?

El ministro dijo que la industria decreció en -1,1%, la minería en -1,6% y el sector de hidrocarburos en -14.1%”. Añadió que el sector de la construcción creció (7,2%), alimentos, bebidas y tabacos (5.6%), transporte y comunicaciones (5,4%), comercio (5,2%); administración pública (4,8 %); otros servicios (4.4%); establecimientos financieros (4,3%); y electricidad, gas y agua (4,2%)”.Simultáneamente, el presidente de los empresarios bolivianos nos informa que este mismo año las exportaciones han bajado en volumen y valor, y da cifras preocupantes: “las exportaciones de soya y sus derivados cayeron un 27% en volumen, la venta de chía en 28%, el girasol y sus derivados un 30%, y el maíz, arroz, sorgo y trigo cayó en 86%.”El ministro hace referencia a valores relativos utilizando el Producto Interno Bruto (PIB) como base de cálculo. El dirigente empresarial hace cálculos basados en el comportamiento directo de cada producto o sector. ¿A quién le creemos?Veamos algo más: si recordamos que el sector construcción, impulsado básicamente por la inversión pública, está liderado por empresas extranjeras que se llevaron más de 6.000 millones de dólares en contratos, y el ministro de Economía nos dice que ese sector creció más del 7%, ¿quién creció?

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Si, además, nos dice que el sector financiero creció un 4,3%, significa que la población está más endeudada, como que, en efecto, la cartera de créditos del sistema financiero creció, sin que ese crecimiento esté vinculado a más generación de empleos ni actividad económica, como es notorio en las calles. También creció la mora en el sistema financiero, justamente el primer trimestre del año analizado por el ministro.Y el desempleo abierto crece y crece (el decrecimiento del sector industrial, según el mismo ministro, es concordante con el disparo del desempleo). Una realidad finalmente aceptada hasta por el propio presidente Morales, quien tuvo que poner en marcha programas específicos para atacar sectores muy afectados, aunque de efectividad muy dudosa y de ejecución tan burocrática que carece de efecto ante la magnitud del fenómeno.Con este panorama, afirmar que la economía crece, basado en cifras relativas y sin correlato, concordancia o correspondencia con la realidad en las calles, sólo hace perder credibilidad, ahondar el sentimiento de angustia del ciudadano y, finalmente, desconfiar de la burocracia estatal. ¿Son ellos los que crecen mientras el resto sobrevive apenas?Se han consolidado verdaderos obesos burocráticos en varias empresas estatales, como en Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), que engrosó multiplicando en casi diez veces su planilla laboral sin que se conozca, simultáneamente, su rol como explorador y explotador directo, sin intermediarios ni “operadores” en los campos hidrocarburíferos. Se mantiene como administrador de contratos con las mismas empresas transnacionales a las que había que desplazar paulatinamente, pero lo hace con miles de funcionarios.En el sector minero el panorama es más crítico que el encontrado el 2006. Permanecen intactas las explotaciones de transnacionales; el sector minero cooperativo, funcional al transnacional, es aún más poderoso, en tanto que el sector minero estatal no ha experimentado mejoras ni liderazgo sustancial. Es mínima su participación en el total de la producción. Entretanto, las regalías mineras tampoco fueron modificadas.Las víctimas, a la hora de la crisis, son las mismas: el pueblo, las empresas bolivianas (de capitales y administradores y empleados bolivianos) públicas o privadas, el sector industrial nacional. Y el presidente de los empresarios bolivianos, al fin parece entender que el diálogo con el gobierno fue un diálogo de sordos. Mientras hablan, está en marcha una política neutralizadora y diluyente del sector,  que, para los fines analizados, es lo mismo que el país, si consideramos que el sector empresarial en todos sus segmentos (micro, pequeño y gran empresario), es el que genera más del 70% de las fuentes de empleo y riqueza.

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