El reto de prevenir

Personas fallecidas, ganado muerto, aves sin habitad, vegetación perdida, es parte de lo que se llevó uno de los incendios más voraces de nuestra historia.Miedo, impotencia y llanto es poco para describir las emociones que experimentaron los comunarios de las zonas afectadas, al ver cómo se...

Personas fallecidas, ganado muerto, aves sin habitad, vegetación perdida, es parte de lo que se llevó uno de los incendios más voraces de nuestra historia.Miedo, impotencia y llanto es poco para describir las emociones que experimentaron los comunarios de las zonas afectadas, al ver cómo se quemaban vivos sus animales. Una anciana de no menos de sesenta años, a paso firme, se abrió camino entre la humareda y apoyada en un bastón de palo no se dejó convencer con los soldados que intentaron disuadirla.“Soy madre y no quiero que mis hijos tomen agua con ceniza y respiren este aire, pero sobre todo soy tarijeña”, dijo. Sus palabras de inmediato se difundieron y  conmovieron en las redes sociales pero también lo hizo su frágil silueta que se perdía entre el gris del paisaje.Funcionarios públicos, médicos, policías, universitarios, soldados, bomberos, gente de a pie, se unieron con una sola consigna “librar del fuego a Tarija”. Una vez más se vio el gran corazón pero sobre todo el amor de los tarijeños por su tierra y por su gente.Sin embargo, esta tragedia no sólo sacó a la luz lo positivo de nuestra tierra, en la cual la solidaridad y la unidad sobraron. Sino también las deficiencias que tenemos. Queda claro que no hubo reacción oportuna, que no estamos preparados para este tipo de desastres, que no tenemos el equipamiento necesario y que aún nos falta mucho por tomar conciencia cuando realizamos alguna quema sin control.Cuando quemamos algo no tenemos conciencia de la velocidad con la que se puede extender el fuego desde su lugar de origen, su potencial para cambiar de dirección inesperadamente, y su capacidad para superar obstáculos como carreteras, ríos y cortafuegos.La concienciación social se debe basar en el uso racional del fuego, evitando situaciones de riesgo. Sin embargo, el error humano está en pesar que “podemos controlarlo” y cuando nos damos cuenta que se nos ha salido de las manos es demasiado tarde.Más aun, en esta tragedia tienen mucha culpa también las autoridades que no han sabido equipar a Tarija contra este tipo de desastres. Pues este incendio no es el primero sino uno más de varios suscitados en la cordillera de Sama. Y aún nos siguen faltando carros bomberos, equipo para combatir el fuego y estrategias de prevención.Entre algunas de las acciones de prevención que se pudieron haber previsto están: el cuidado y planificación de las masas forestales y los bosques, mediante la realización de cortafuegos y una planificada y extensa red de pistas forestales y depósitos de agua.La limpieza periódica de bosques mediante las oportunas labores silvícolas, así como las labores de desbroce. La introducción en franjas delimitadoras de especies con un bajo poder combustible.La realización de quemas preventivas (quema prescrita) durante períodos de bajo riesgo de incendio. La adopción de medidas legislativas orientadas a prevenir que existan personas o colectivos que puedan sacar beneficio de los incendios. Y sobre todo reforzar la persecución policial y judicial de los incendiarios para evitar que puedan quedar impunes.Sin duda, el no haber hecho todo esto nos está costando mucho, ahora nos quedará la contaminación, la tristeza de nuestros campesinos al ver que su capital fue devorado por las llamas, la imborrable imagen de cientos de animales dejándose vencer por el fuego, el dolor por las personas fallecidas… Pero en lo rescatable nos debe dejar, una vez más, el reto de prevenir una nueva tragedia como ésta.


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