Ciudad libre de humos
Taxis pintados del mismo color que se convierten en emblema de la ciudad, tranvías eléctricos, metros subterráneos, buses urbanos que funcionan con paneles solares, etc.En Tarija el transporte no es público, sino privado, y los dueños de buses se auto regulan en base a unas ordenanzas...
Taxis pintados del mismo color que se convierten en emblema de la ciudad, tranvías eléctricos, metros subterráneos, buses urbanos que funcionan con paneles solares, etc.En Tarija el transporte no es público, sino privado, y los dueños de buses se auto regulan en base a unas ordenanzas demasiado amplias y que, sobre todo, nadie hace cumplir excepto en lo que se refiere a la tarifa. Son los privados quienes se han atribuido las competencias para planificar las rutas, los horarios y frecuencias. La forma en la que se adjudican los recorridos o el número de vehículos que se asignan en cada una y otros procedimientos son totalmente opacas y responde a las lógicas del mercado ultraliberal. Por ello es imposible que un micrero respete las paradas, pues gana en función a cuanta más gente mete en su vehículo. Ni la seguridad, ni mucho menos la comodidad, importa.El servicio de transporte es un servicio público en casi todas las ciudades importantes del mundo, que a menudo se administra terciarizada ateniéndose a los rígidos controles de calidad de servicio. Tarija tarde o temprano tendrá que avanzar hacia ello, pues la ciudad se ha convertido en un embotellamiento permanente y ya no solo en el centro de la ciudad, sino en vías teóricamente rápidas como la Circunvalación.Ahora bien, el problema del embotellamiento no es del vehículo público, sino del uso indiscriminado del vehículo privado. Evitarlo pasa por mejorar el transporte público, pero también por desincentivar el del privado.Con la ampliación de aceras en el centro de la ciudad se han ganado espacios importantes para el ciudadano, que ahora puede pasear admirando su ciudad en lugar de caminar en fila india con la familia entre vehículos parqueados por todo lado.
Este cuadro es típico y demasiado frecuente. No sólo los embotellamientos, sino la contaminación derivada del uso de vehículos a diesel
Es cierto que al usuario del vehículo privado no le ha gustado esa medida y la ha atacado con todas sus fuerzas porque le gustaba parquear en la puerta de su lugar de trabajo, o en la misma terraza de la plaza donde se sentaba a tomar el café. Incluso activistas comprometidos con el medio ambiente han criticado esta medida.Peor les ha gustado la medida de implementar el pago en los parqueos municipales, subterráneos o al aire libre. El argumento principal es que los parqueos se han construido con los impuestos de todos y que ahora sería un volver a pagar, aunque lo cierto es que se han construido con los impuestos de todos, tanto los que tienen vehículos como los que no tienen, y que solo benefician a una minoría que en su vehículo privado quiere acceder al centro de la ciudad.El argumento de los impuestos que pagan los usuarios de los contaminantes vehículos privados ha sido ya refutado en todas las ciudades, pues su impacto no solo en la salud y la calidad del aire, sino en el simple mantenimiento de vías urbanas, recapamientos, pintados, etc, es muy superior a lo recaudado. El argumento es todavía menos válido en un país en el que subvenciona el combustible e incentiva el uso de Gas Natural Vehicular.Lo cierto es que en el afán de reducir el uso del vehículo privado, cuanto más incómodo resulte su utilización más posibilidades hay de que el usuario prefiera utilizar el vehículo público. Y eso incluye reducir los lugares donde parquear, pagar por ellos y tener restringido el paso a los lugares donde se quiere ir. No son estrategias que hayan inventado Rodrigo Paz o Alfonso Lema sino medidas practicadas en todo el mundo, en ciudades de dos, tres y cuatro millones de habitantes que han logrado cerrar todo su centro histórico como Madrid o restringirlo al máximo, como Salta. Ahora bien, para completar la ecuación hay que tener unos micros en condiciones y unos taxis seguros de verdad.Mientras eso pasa, la tormenta seguirá cayendo al amparo de las redes sociales. Por ello conviene no perder demasiado el tiempo, ni el objetivo final.
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