Venezuela, la hora de la verdad

Es difícil hacer un análisis geopolítico sin tener en cuenta los planes de Petróleos de Venezuela (PDVSA) para pasar de producir 1 millón de barriles al día a producir 4 millones de petróleos al día, lo que alterará el frágil equilibrio de los precios.Es difícil hablar sin tener en...

Nicolás Maduro, el heredero de Hugo Chávez que enfrenta presiones internas y externas
Nicolás Maduro, el heredero de Hugo Chávez que enfrenta presiones internas y externas

Es difícil hacer un análisis geopolítico sin tener en cuenta los planes de Petróleos de Venezuela (PDVSA) para pasar de producir 1 millón de barriles al día a producir 4 millones de petróleos al día, lo que alterará el frágil equilibrio de los precios.Es difícil hablar sin tener en cuenta que todo ese patrimonio fue un día de “las seis hermanas” y que ahora, a pesar del enorme endeudamiento de la petrolera venezolana, es patrimonio de todos los venezolanos.Tampoco se puede avanzar mucho en el análisis sin tener en cuenta que Venezuela está a apenas dos o tres días de viaje a costas estadounidenses para un barco petrolero cargado hasta los topes, mientras que el Golfo Pérsico está a un mes.Tampoco se puede avanzar demasiado sin tener en consideración que el petróleo de la Faja del Orinoco, por muy pesado que sea, resulta todavía mucho más barato de producir, sobre los 20 dólares, frente al petróleo extraído en Estados Unidos por técnicas no convencionales, que apenas logran dividendos a partir de los 50.En ese contexto, el control político de Venezuela y frenar sus planes de expansión petrolera con los que influye políticamente en el Caribe y parte de Sudamérica, interesa tanto a las petroleras tradicionales que explotan en el Golfo, con Arabia Saudí como emblema, así como a los que han apostado a la innovación tecnológica con las empresas estadounidenses como abanderadas.Dicho esto, la situación de Nicolás Maduro es menos complicada de lo que CNN o Televisión Española intentan mostrar, pero menos placentera de lo que refleja Prensa Latina. Muchos analistas atribuyen a la debilidad política de Nicolás Maduro como principal desencadenante de la crisis política que atraviesa hoy en día el país, sin embargo el análisis no se puede desligar de la caída de precios de hidrocarburos que se vivió a partir de finales de 2014.Seguramente no ha sido una buena idea cancelar dos elecciones en el país: la de Gobernaciones primero y el referéndum revocatorio después, sin alegar mayores argumentos que una amenaza no tangible de desestabilización.Cancelar las elecciones ha dado alas a aquellos que acusan a Maduro de dictador, porque lo que precisamente diferencia a una democracia de una dictadura, según la ONU, es la realización de elecciones libres. Ahora bien, Maduro fue electo en unas elecciones libres calificadas como muy transparentes por el ex presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter.Por otro lado, no resulta justo contar los muertos solo de un lado, o atribuirlos todos al mismo costal, porque no lo son. La oposición venezolana apostada en una denominada Mesa de Unidad Democrática de intereses diversos, hilos de todo tipo, y donde convergen partidos de la socialdemocracia con otros liberales y ultraconservadores y líderes más o menos jóvenes, pero que no dudaron en aprobar anteriores golpes de Estado contra el presidente Hugo Chávez, ha apostado ahora por la violencia callejera para buscar un quiebre social que provoque un cambio de régimen.La batalla mediática es desigual porque evidentemente hay una batalla de clase que se refleja en el acceso. Chávez intentó redistribuir la riqueza del petróleo y transformar el aparato productivo, evidentemente sin éxito. El fracaso en la transformación del país ha provocado el retorno de las viejas guardias que nunca se llegaron a ir, porque tampoco se vivía tan mal como rico. Haber pactado con el diablo es parte del fracaso.La pasada semana se vivió un anticipo de lo que será este domingo. La oposición movilizada convocó un referéndum no oficial ni formal, sin censo y sin garantías y aun así sumó apenas 7 millones de votos, con múltiples evidencias de votos repetidos en diferentes colegios. El censo supera los 18 millones de votantes en Venezuela.El domingo Maduro se juega la legitimidad en una votación de la Asamblea Constituyente que, en el peor de los casos, le permitirá abrir un diálogo nacional amplio, y en el mejor pacificar el país luego de una respuesta contundente en las urnas y antes de modificar una Constitución que puede incluir un giro radical.Es evidente que no va a haber una intervención extranjera en Venezuela, pues ni siquiera hay apoyo a una resolución de condena en la OEA, paso previo para que el Consejo de Seguridad de la ONU se plantee siquiera tratarlo. La oposición trata ahora por todos los medios posibles de sublevar al ejército e incluso desde la cárcel (¿terrible dictadura?) se emitieron mensajes llamando al alzamiento armado.Sin duda el domingo es un parteaguas, y el deseo de la comunidad internacional no es otro que el de evitar que corra la sangre.

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