Vender GLP no es industrializar
Pasar de elaborar presupuestos en base a unos ingresos volátiles e inestables cuyos precios de referencia se fijan a miles de kilómetros y sobre los que hay nula capacidad de incidir a otros que provengan de la actividad industrial y social, estables y de conocimiento público.El gas que emana...
Pasar de elaborar presupuestos en base a unos ingresos volátiles e inestables cuyos precios de referencia se fijan a miles de kilómetros y sobre los que hay nula capacidad de incidir a otros que provengan de la actividad industrial y social, estables y de conocimiento público.El gas que emana de las entrañas de esta tierra tiene que ser herramienta de desarrollo. No se trata tanto de sembrarlo, que el eslogan ya está muy caduco, sino de utilizarlo como lo que es: Un combustible capaz de mover motores, hacer electricidad y también hacer plásticos y derivados.Existe un debate abierto sobre el precio al que se deben pagar las regalías sobre un proyecto cuando éste es destinado esencialmente a la exportación como en el caso de la urea y amoniaco que se producirá en Bulo Bulo o como serán, si se concreta, las resinas de polipropileno de la petroquímica de Yacuiba. Los más radicales han incluido incluso el gas que se usa ya en la termoeléctrica del Sur. Otros apuntan a ello cuando la electricidad se convierta en objeto de exportación real.Es cierto que, con la separación de los licuables en las dos plantas separadoras del país, tanto en Río Grande como en Gran Chaco, el gas pierde poder calorífico y por lo tanto, para llegar al contratado, se tienen que incrementar volúmenes. El proceso de separación, al que no estábamos acostumbrados en Bolivia, altera la terminología y los cálculos, que se habían ajustado a lo volumétrico. La diferencia es perceptible, pero tampoco escandalosa.El Estado ha hecho un esfuerzo grande para nutrirse de estas dos infraestructuras. La primera tiene capacidad para procesar apenas 6 millones de metros cúbicos que se lograron liberar de lo que se exporta a Brasil para secar y aprovechar en el país. La segunda, en Yacuiba, es una de las más grandes del continente, con capacidad de extraer los líquidos a 30 millones de metros cúbicos de gas al día.En los sueños de quienes impulsaron estos proyectos de industrialización, apoyados por el pueblo que se movilizó en 2003 y votó en 2004 y en 2005 para recuperar los hidrocarburos, estaba el de llevar a Bolivia hacia otro estadio de desarrollo. La subvención a los hidrocarburos y el precio del gas en el mercado interno, también subsidiado, tienen la intención de apuntalar los emprendimientos en suelo boliviano. En estos días de debate de Pacto Fiscal ha vuelto a quedar en evidencia que los únicos ingresos con tendencia creciente son los de la coparticipación tributaria. Los proyectos de industrialización, que deben ser complementados con industria privada que se beneficiará de materia prima barata, como las resinas de polipropileno, contribuirá a crear más y mejores empleos elevando el consumo interno, los ingresos por IVA y por impuesto de utilidades que llegan al Estado y se reinvierten en la sociedad. Son las reglas del mercado capitalista en el que Bolivia se desarrolla.Ese era el plan hace 11 años cuando se nacionalizaron los hidrocarburos. Tanto se ha tardado en poner en marcha los proyectos de industrialización que es posible que algunas prioridades se hayan modificado y que a otros, que ven cada vez más cerca el final de los ingentes ingresos por la exportación bruta de gas, empiecen a plantear un cambio en las reglas de juego.Cada país en su historia de desarrollo ha ido encontrando el impulso estatal pertinente, que diría el catedrático Marcelo Gullo. El de Bolivia bien podría haber sido este: gas subsidiado para producir de forma competitiva en el mercado mundial del plástico. Fórmula tampoco original. El problema parece ser que el tiempo se ha echado encima, que las reservas no crecen, que las facturas se incrementan y que las rodillas tiemblan al poner la firma en el contrato más millonario de la historia de Bolivia sin tener garantías suficientes.Exportar GLP, que nada tiene que ver con la industrialización, no es la solución y en esas no hay apuesta estratégica ni visión de desarrollo. Si el Ministerio ha decidido que la Planta Separadora de Líquidos solo va a servir para vender propano y butano por 4 millones de dólares a Paraguay en garrafas y unos 100 millones de dólares por ducto a la Argentina tendrá que atenerse a lo que dice la Constitución y liquidar las regalías correspondientes, pues no es otra cosa que gas emanado de las entrañas, con su propio valor, y exportado en esa condición.
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