El debate de vender gas a Brasil
Cercada por la corrupción, que acaba de costarle la cabeza a 16 funcionarios de alto nivel incluido el Presidente Guillermo Achá; muy lejos de poder asumir un papel de operador total y sin un horizonte claro para jugar el papel de administrador de toda la cadena.El contrato con Brasil fue...
Cercada por la corrupción, que acaba de costarle la cabeza a 16 funcionarios de alto nivel incluido el Presidente Guillermo Achá; muy lejos de poder asumir un papel de operador total y sin un horizonte claro para jugar el papel de administrador de toda la cadena.El contrato con Brasil fue firmado en el 1996 y puesto en vigencia en el 1999, firme por 20 años, contempla 30,5 millones de metros cúbicos al día, lo que a la fecha supone aproximadamente el 25 por ciento del gas que Brasil consume al día. El contrato ha sido el principal ingreso de Bolivia a lo largo de su duración, especialmente entre 2009 y 2013 en el que se registraron precios muy altos en el barril de petróleo, al cual estaba indexado el precio negociado.El Gobierno no ha abierto el debate sobre si conviene o no renovar el mencionado contrato, sino que ha dado por descontado su necesidad, algo que a Brasil le conviene en términos estratégicos de negociación. En el país se ha logrado cierto consenso, pues este convencimiento coincide con los que piensan que Bolivia solo puede exportar y olvidarse de otras iniciativas industrializadoras y soberanas.Los analistas coinciden en que Brasil necesita del gas de Bolivia en el corto plazo tanto por su valor estratégico, su llegada a territorios difíciles de proveer desde ultramar como por lo competitivo del precio con un ducto ya amortizado.Sin embargo, analistas advierten en diferentes publicaciones que esa situación no significa que Brasil vaya a conceder ningún privilegio de mercado a Bolivia, y no solo por la falta de afinidad ideológica.Desde el Gobierno de Lula Da Silva, Brasil impulsa el proyecto “Gas para Crecer” que esencialmente busca desarrollar los propios yacimientos para abastecer tanto el sistema industrial como el doméstico. En ese contexto se enmarca el proyecto Presal, el más ambicioso en aguas profundas en el continente y que, situado al frente del polo industrial de Sao Paolo, pretende llegar a cubrir las necesidades del gigante sudamericano y que actualmente rondan los 110 millones de metros cúbicos.La caída de precios del barril de petróleo ha hecho ralentizar los plazos de desarrollo del macroproyecto, por lo que de momento el gas boliviano resulta irremplazable, pero todo parece apuntar a que los volúmenes no serán los mismos.Brasil, incluso desde antes del cambio de Gobierno, había apostado por la privatización de Petrobras y Temer ha profundizado en su desmembración eliminando los servicios de transporte y almacenamiento a la empresa nacional. La consecuencia inmediata es que los compradores serán empresas privadas con otras lógicas comerciales, por lo que los plazos tampoco serán los mismos.En tercer lugar, con el desarrollo tecnológico y por sus condiciones ambientales, pese a ser combustible fósil, el Gas Natural se ha desarrollado mucho desde finales de los 90. El mundo se ha inundado de gas natural a través de los barcos metaneros que transportan Gas Natural Licuado desde el Golfo Pérsico, el Mar del Norte, Canadá y Australia principalmente. Barcos que se cargan y quedan a la deriva hasta que encuentran comprador. Un sistema adaptado a los mercados y que permite una planificación diaria. El precio del GNL es mayor, pero empieza a situarse como el de referencia. También el denostado Henry Hub, de referencia en Estados Unidos. De momento no hay un acuerdo global sobre cómo calcular las fórmulas y el lobby de países exportadores de gas natural impulsado por algunas potencias como Rusia e Irán no tienen claro, porque les falta posición de fuerza en el mercado, si serían capaces de fijar un precio emulando a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Lo que sí está claro es que la fórmula no será la misma.Mientras Brasil parece tener clara la posición y todos sus agentes empujan en una dirección, en Bolivia las dudas llegan por todos lados. La noticia de que Brasil solo comprará la mitad del gas actual debe convertirse en una buena noticia. Una vez certificadas las reservas se tendrán claras las posibilidades. La industrialización y la alternativa del GNL a gran escala son las alternativas. Transparentar, pero sobre, todo asumir la negociación como una política de Estado, resulta imprescindible para tomar las buenas decisiones,


