YPFB, Sánchez y porqué celebrar el fracaso del GLP

Las celebraciones de los últimos días sobre las firmas de contrato de exportación de Gas Licuado de Petróleo no solo constatan el fracaso del proyecto que llevó a Evo Morales a Palacio Quemado en 2005 sino a la constatación de que los actuales gestores de la cosa pública no tienen ni la...

¿Por qué es motivo de festejo continuar exportando materia prima a Argentina, mientras se aplaza la industrialización del gas?
¿Por qué es motivo de festejo continuar exportando materia prima a Argentina, mientras se aplaza la industrialización del gas?

Las celebraciones de los últimos días sobre las firmas de contrato de exportación de Gas Licuado de Petróleo no solo constatan el fracaso del proyecto que llevó a Evo Morales a Palacio Quemado en 2005 sino a la constatación de que los actuales gestores de la cosa pública no tienen ni la menor idea de qué iba el proyecto. Eso o nos toman por tontos.

Nacionalizar los pozos petroleros y gasíferos del país tomó apenas cinco meses. El 1 de mayo de 2006 una comitiva con Evo Morales y el entonces ministro de Hidrocarburos, Andrés Soliz Rada, al frente se plantó en San Alberto para cumplir el punto esencial del programa de campaña y de la agenda de octubre, el que parecía imposible. En apenas otros cinco meses las “fuerzas vivas” del gabinete sacaron de escena a Soliz Rada y, mes y medio después, firmaron los contratos de operación traicionando en gran parte el espíritu del Decreto de Nacionalización. Esas mismas “fuerzas vivas” llevan operando el sector una década y todavía no han logrado cumplir la segunda parte del programa, mucho más sencilla que la primera una vez que los recursos estaban en el bolsillo del Estado. Por incapacidad o por desconocimiento. O porque nos toman por tontos.

A Santos Ramírez le vino grande el cargo y condujo YPFB por los mismos caminos del lodo corrupto hasta el catastrófico escándalo Catler en 2008, que además de costarle la vida a un tarijeño se llevó por delante la primera planta separadora de líquidos, proyectada en Río Grande para procesar apenas un sexto de los licuables que se enviaban a Brasil contenidos en el gas y de rebote demoró sine die la construcción de la Planta Separadora del Gran Chaco, que ya había dejado negociada en términos muy favorables Andrés Soliz Rada en junio de 2006. Entre otros puntos, debía contar con financiamiento argentino y se prohibía aumentar los volúmenes de exportación hasta que estuviera en funcionamiento. Hasta 2015 no se inauguró la planta que de verdad tiene capacidad de procesar un volumen suficiente para decir que íbamos a cambiar de era. Por incapacidad o por desconocimiento, el resto de puntos se traicionaron. Por eso, o porque nos tomaban por tontos.

A la muerte de Carlos Villegas, el hombre que mejor conoció al superpoderoso ministro argentino Julio de Vido, quien le dio varias veces vueltas al contrato y hoy se encuentra contra las cuerdas por corrupción, fue erigido presidente de YPFB Guillermo Achá, un muchacho casi imberbe con el único mérito de haber sido señalado por el dedo del difunto. Tres años después YPFB es más débil, más opaca y más incapaz, pues ni siquiera ha podido adquirir tres taladros para cumplir con el rol que la Constitución le asigna. Tal vez por incapacidad, tal vez porque nos tomaban por tontos.

Gracias a la desprolijidad de Achá, la licitación de la planta petroquímica del Gran Chaco, la que debía convertirse en el gigante del plástico en el corazón del continente, siempre estuvo bajo cuestión. La inversión de 2.000 millones de dólares ya llegaba tarde, pues por alguna extraña razón no se hizo en paralelo a la culminación de la Planta Separadora. Ni siquiera nada más terminar. Se han perdido dos años en la licitación y la petroquímica de polipropileno que debe aprovechar la materia prima que la Separadora separa no existe. La de etileno ni siquiera existe en papel.

Resulta un fracaso de primer orden estar ya en pleno declive del boom del gas, que ha durado tanto como los diez años de gestión del presidente Evo Morales, y darse cuenta de que no se ha hecho realidad esa famosa y aburridísima máxima de “sembrar el gas”. Pero peor resulta encontrar al Ministro Luis Alberto Sánchez, el nuevo presidente de YPFB Óscar Barriga y al resto de sus acólitos celebrar el fracaso con unos contratitos de exportación de Gas Licuado de Petróleo a Paraguay y peor a la Argentina, que se esconde detrás del cuello de la camisa para que no se le note la risa floja.

Argentina, asegura Refinor y celebra el Ministerio, después de una década recibiendo gratis pagará cien millones de dólares por una materia prima que Bolivia debería aprovechar multiplicando por diez los beneficios. El Ministerio ni siquiera tiene la decencia de explicar que va a pasar con el etano, que también separa la planta del Gran Chaco para volver a inyectar por la incapacidad manifiesta de aprovecharlo. En esto no hay dudas. Detrás de esos festejos y celebraciones, nos toman por tontos.

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