El pulso de YPFB, dentro y fuera

La falta de institucionalización hace que la empresa de los bolivianos que no debería tener mayor interés que servir a los bolivianos y manejar sus recursos para maximizarlos se convierta en el enésimo campo de pegas sin un horizonte claro. La opacidad con la que se maneja y la falta de...

La falta de institucionalización hace que la empresa de los bolivianos que no debería tener mayor interés que servir a los bolivianos y manejar sus recursos para maximizarlos se convierta en el enésimo campo de pegas sin un horizonte claro. La opacidad con la que se maneja y la falta de priorización del fortalecimiento operativo han hecho que YPFB no acabe de cuajar como referente creíble.De momento seguimos sin taladros y seguimos sin petroquímica, que nuevamente será analizada a detalle para saber si invertir 2.000 millones de dólares en medio de la incertidumbre de reservas es o no es justificado.El Ministro Luis Alberto Sánchez tiene un plan, aunque de momento no de grandes resultados. En su gestión ha logrado lo que ningún otro ministro de Hidrocarburos había logrado: alinear bajo su poder todas las instituciones y empresas que conforman el sector. Ajustó la ANH, dio poder a su Transparencia, dejó clara la subordinación legal de las participadas y finalmente nombró a su presidente de YPFB. El siguiente paso apunta a garantizarse el control del Directorio de YPFB reservándose la Presidencia para sí mismo.Una vez organizado en lo político, tocaría empezar a dar certezas en lo técnico. Cada día que pasa sin tener una certificación de reservas se merma su credibilidad e impide hacer una planificación a largo plazo. En su gestión no ha logrado publicar ninguna, pero insiste en pedir actos de fe cuando asegura que se han repuesto las consumidas. Los datos en 2013, la última oficial, hablaban de 10,45 trillones de pies cúbicos y se estimaba que se consumían 0,9 al año. En 2017 se ha duplicado el consumo interno y la exportación a Argentina mientras que se han pinchado nuevos pozos en reservorios ya conocidos. En 2016 sólo un pozo exploratorio de 11 perforados fue positivo.El mercado no está para tirar cohetes. Los precios son bajos, la exploración tradicional ha perdido interés para las empresas extranjeras y YPFB sigue sin tener capacidad autónoma pese a los años transcurridos. Ni la Ley de Incentivos ni el permiso de explorar en Reservas Naturales ha provocado el efecto deseado y sólo Repsol se presta a hacer coro, claro está, a cambio de la entrega de áreas con potencial y ya exploradas con cargo al Estado.Pero claro está, una cosa es esta y otra salir corriendo a amplificar las estrategias de países extranjeros que buscan, como no, los mejores intereses para su propia industria. Cuanto más vilipendiada sea la industria boliviana del gas, mayores perspectivas tendrán de lograr sus objetivos. Lo sabe Brasil, que periódicamente filtra informes cuestionando capacidades y lo sabe Argentina, que ni siquiera busca un respaldo técnico y opta por lanzar a su ministro al frente a hacer comentarios jocosos para justificar sus negocios a través de Chile.Es preciso mostrar resultados y alternativas. En once años desde la nacionalización YPFB sigue sin capacidades propias, cautivo de los mercados brasilero y argentino y avanzando a paso de tortuga en la industrialización. Es necesario saber cuánto gas queda para saber que se puede hacer con él en el país y sino, por donde se puede exportar al mundo. Tomar decisiones es ser soberano, y de eso iba la nacionalización.


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