Llegando tarde a la industrialización
El verdugo fue el Ministro de Hidrocarburos Luis Alberto Sánchez, la causa de la muerte: errores administrativos detectados tras una profunda auditoría al proceso.Era evidente que, cuando la mitad de los altos cargos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, incluyendo vicepresidente de...
El verdugo fue el Ministro de Hidrocarburos Luis Alberto Sánchez, la causa de la muerte: errores administrativos detectados tras una profunda auditoría al proceso.Era evidente que, cuando la mitad de los altos cargos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, incluyendo vicepresidente de contratos y el propio ex presidente Guillermo Achá, desfilan por el Ministerio Público acusados por el propio Estado de haber amañado una licitación para elevar el precio de adquisición, como es el caso de los tres taladros adjudicados a la italiana Drilmec, todo lo demás de condiciones similares a su alrededor se encuentra en entredicho.El proyecto contaba con informe de adjudicación favorable a Tecnimont y Técnicas Reunidas. Dos empresas involucradas en la cadena previa a este proyecto. Tecnimont en el propio proceso, para el que hizo los estudios de factibilidad; Técnicas Reunidas construyendo la planta separadora que abastece de materia prima. El cuestionamiento fue inmediato. Las autoridades hoy se esfuerzan en explicar que no ha habido daño económico porque no se ha firmado contrato.La planta petroquímica que debe construirse en Yacuiba es el proyecto más ambicioso en la historia de Bolivia. 2.200 millones de dólares en una sola infraestructura. Una cantidad que dicha así de un plumazo parece una barbaridad, pero que si se prorratea en los años que lleva esperando y en los beneficios estimados no sería para tanto. Ahora bien, el proyecto camina desde hace años entre la incredulidad y el desapasionamiento. Solo así se entiende que, después de once años de la nacionalización de los hidrocarburos y toda la efervescencia soberanista que lo acompañó, el proyecto que realmente abriría la era de la industrialización siga siendo papel. Y ahora, papel mojado.El factor tiempo ha jugado y juega en contra de esta infraestructura. Los intereses de las potencias que se benefician de nuestros licuables, enviados gratis o muy baratos a Argentina y Brasil, apuestan a que el calendario siga corriendo. Fue maestra la jugada que tumbó la separadora del Chaco tras el escándalo Catler que afectaba a la Separadora de Río Grande. Ahora es una nueva carambola la que nos sigue postergando.El tiempo juega en contra porque las reservas siguen sin certificarse y los anuncios, repetidos, no garantizan la sostenibilidad a largo plazo. 2.000 millones de dólares, que no son tantos según con que se compara, si dependen esencialmente en su amortización de la materia prima, que no es otra que el gas natural encontrado en las entrañas del país.La progresiva desideologización del gabinete de Evo Morales, ahora dominado por pragmáticos y materialistas, pero poco, ha convertido este proyecto, buque insignia de los nacionalistas, en “poco” prioritario. Han pasado once años de la nacionalización, pasarán al menos dos hasta que se tenga otro informe de adjudicación, eso si no se demora demasiado la convocatoria, que quedará ligada a la certificación de reservas. En la construcción se irán al menos cuatro… No hay revolución que se sienta en 20 años. En Brasil y Argentina, beneficiados con los licuables, sonríen de nuevo.


