Y en quince años nada

Es evidente que quienes así piensan han hecho de la demagogia su forma de supervivencia y son capaces de reinventarse mil veces creando ilusiones en un pasado confuso. Construyendo un relato alternativo, la postverdad dicen ahora los consultores políticos de moda.Tarija, la capital, durante...

Es evidente que quienes así piensan han hecho de la demagogia su forma de supervivencia y son capaces de reinventarse mil veces creando ilusiones en un pasado confuso. Construyendo un relato alternativo, la postverdad dicen ahora los consultores políticos de moda.Tarija, la capital, durante quince años ha dilapidado unos cuantos cientos, miles de millones de bolivianos en cemento mientras veía como la ciudad multiplicaba su población y se desparramaba por cualquier lado sin que nadie le pusiera orden ni concierto.En ese desparrame, el transporte se sintió amo y señor. Nadie le puso ni una norma. Nadie preguntaba siquiera por las licencias, por ordenar las rutas, por el respeto a las paradas, por un mínimo de educación e higiene en el servicio. Cualquiera puso un taxi multiplicando la inseguridad. Se sumaron taxi trufis de todo tamaño… El centro colapsó, la contaminación se disparó… pero en quince años no se hizo nada.En quince años la ciudad triplicó su número de barrios. Se ocuparon tierras. Se construyó dónde y cómo se quiso. Se escondieron las normas de construcción. El Plan de Ordenación. Se aplazó sine die la delimitación de la mancha urbana para no incomodar a los poderosos loteadores… y en quince años no se hizo nada.En esa vorágine de crecimiento, no se tomaron las mínimas previsiones en el saneamiento. Se permitió construir vertiendo las aguas sucias a las quebradas y al propio río Guadalquivir. Sin que nadie hiciera nada en quince años.Nadie hacía nada porque la planta de tratamiento de aguas residuales ya estaba colapsada, pero nadie hizo nada por encontrarle una solución por un simple detalle, no de política sino de elemental falta de valentía y visión de servicio colectivo: en quince años no se quiso incomodar a ningún barrio poniéndole una infraestructura necesaria para el bien común.Lo mismo ha pasado con el Botadero Municipal, en quince años se alimentaron negocios clandestinos mientras colapsaba una infraestructura incrustada en un barrio en pleno crecimiento. El Botadero ya debía tener una nueva ubicación. Pero en quince años nadie hizo nada.Lo mismo con el zoo, que en quince años nadie se atrevió a acondicionarlo, o con el creciente comercio ocupando las aceras de la ciudad, o con las ferias sin ley, o con los lenocinios clandestinos, o con los áridos, o con colegios que se instalan donde fábricas y fábricas donde colegios o con los cables de todos los servicios que se convierten en telarañas afeando el centro y sobre todo, poniendo en riesgo a los vecinos.Con los quince años se fueron también los años de bonanza. La capital de la Dubai boliviana, como algún ministro la calificó, se convirtió en un enorme jardín de cemento sin haber cubierto sus necesidades básicas ni haber ordenado con un mínimo de visión la ciudad. Es preciso que, ahora que no hay recursos, al menos nuestras autoridades recuperen el principio de autoridad, que es para lo que se les ha elegido, y no pierdan el horizonte, o sus propias promesas electorales, al calor de unos cuantos gritos en la plaza. Tarija merece que se le tome en serio. Ya se perdieron quince años.


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