Kafka de nuevo resucitado

La funcionaria de la oficina de registro de Derechos Reales examina el documento, le da vueltas, lo olisquea, mira los sellos, firmas y rasguños. Luego espeta la respuesta.- Tiene que venir el Fulanito que firma como vendedor y su esposa…Y devuelve sonoramente el documento notariado, sellado,...

Kafka de nuevo resucitado
Kafka de nuevo resucitado

La funcionaria de la oficina de registro de Derechos Reales examina el documento, le da vueltas, lo olisquea, mira los sellos, firmas y rasguños. Luego espeta la respuesta.- Tiene que venir el Fulanito que firma como vendedor y su esposa…Y devuelve sonoramente el documento notariado, sellado, oleado y sacramentado, pero que para ella carece de valor.- ¿Por qué deben venir si ellos han firmado ante el notario y él me ha dado este testimonio original? El Fulanito además se fue a Argentina. Allí vive – aclara entre sorprendida e impotente la compradora, mientras, tímidamente, envuelve el papel despreciado.- Tienen que venir le he dicho. No me haga perder el tiempo, mire esa cola allí. ¿Y qué tal si ellos no han firmado eh?...

Ese diálogo es real. Ocurrió en una de las tantas oficinas de Derechos Reales. Fuimos testigos presenciales. Es la crisis de fondo de la burocracia estatal en todos sus ámbitos. Peor aún, en el más sensible de sus ámbitos: la administración de justicia.Si los propios funcionarios estatales no confían en la fe pública que un notario (funcionario estatal) plasmada en un documento que reúne todas las condiciones para ser registrado, ¿en qué situación estamos?Hacer cualquier trámite, sea municipal, judicial, de registro de derechos, administrativo ante cualquier Ministerio, ante entidades reguladoras, en fin, ante cualquier instancia burocrática estatal (multiplicada además, como en el caso tarijeño, con once subgobernaciones, autonomías regionales, asambleas paralelas, etc.) , es un salto voluntario o involuntario hacia un agujero negro del universo. Nos traga, nos esquilma, nos envejece, nos mata.El proceso, escrito por el  bohemio Franz Kafka, al que recordamos en el título de esta nota, y que fue muchos años lectura colegial, podría haber sido concluida de puño y letra por su autor con magistrales crisis de depresión si le tocaba presenciar y sufrir lo que a los ciudadanos bolivianos ahora, a siete años de la publicación de la famosa Ley Marcelo Quiroga Santa Cruz.Esa ley, bautizada con el nombre del político cochabambino que denunció la corrupción de la dictadura banzerista, asesinado durante el golpe cruento del condenado Luis García Meza Tejada el año 1981, nada tiene que ver por sus efectos concretos con la lucha y acción política de Quiroga.Contrariamente, pese al discurso de lucha contra la corrupción con la que se la aprobó, la atizó, la cultivó, promovió la conformación de verdaderos consorcios de abogados, fiscales, jueces y ciudadanos de diversa procedencia e intención, para incurrir en los más detestables actos de corrupción vistos en nuestra historia reciente.Y corrupción millonaria, multiplicada las mismas veces que el Estado multiplicó sus ingresos por ventas de hidrocarburos y minerales a cotas jamás vistas.Uno de los efectos más crueles para la población de esta mal pensada ley nos provoca incluso pobreza generalizada.Como hemos visto, funcionarios asustadizos, poco instruidos, por miedo a caer en las redes de extorsionadores, no dan crédito ni a la firma de notarios. En las oficinas estatales, gobernaciones, municipios, los burócratas se esmeran en llenar interminables requisitos para tender solicitudes del ciudadano, todo con el fin de resguardar su pellejo, pero a costa del bolsillo, tiempo, pellejo y vida del ciudadano.Esta práctica, que llega incluso a las máximas cabezas ejecutivas, sólo retrasa las inversiones publicas (se resuelven contratos de obra, se ejecutan garantías de empresas, los plazos de ejecución de obras se dilatan interminablemente, se destruye el aparato productivo, etc.), dejando, por consiguiente, abultados saldos de dineros públicos sin ejecutar, sin gastar, mientras la población requiere calles, agua, energía, gas, colegios, hospitales, medicamentos.No es casual, en consecuencia, que tras aprobar esa ley, acto seguido se aprueben otras leyes (las leyes financiales anuales) autorizando al Ministerio de Economía a prestar al exterior los saldos en caja y bancos no ejecutados dentro del país. Y así se lo está haciendo.Y así nos estamos empobreciendo. Siete años desastrosos son suficientes para evaluar el craso error de promulgar una norma que no sólo no disminuyó la corrupción y enriqueció a extorsionadores (recordemos los casos Ostreicher y otros similares), sino que frena el desarrollo nacional y, con nuestro propio dinero, enriquece a países extranjeros, quienes reciben generosos préstamos a tasas de interés del 1% anual.

Algo tendrá que decir el ministro de Economía, más allá de sus huecos sarcasmos (°).

Quiroga Santa Cruz jamás se hubiera imaginado que una ley que lleva su nombre multiplique la corrupción pública, y, tan grave como eso, se presten al "imperio" al que denunció en vida, los saldos de caja y bancos de dineros no ejecutados, no invertidos, por la otra burocracia asustada. Es, ni duda cabe, una ley antinacional por sus resultados concretos.

Kafka y Quiroga Santa Cruz deben estar debatiendo.

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° La Ley del PGE 2014 reza, en su Disposición Final Segunda, que queda vigente para su aplicación, entre otros, la Disposición Adicional Cuarta de la Ley N° 291 de 22 de septiembre de 2012, con la que nuevamente: “Se autoriza al Ministerio de Economía y Finanzas Públicas (MEFP), realizar inversiones (léase préstamos a tasas de interés del 1% anual promedio, nde.) de recursos del Tesoro General de la Nación (TGN) en el exterior, con el fin de generar ingresos que beneficien a la gestión de la Tesorería a través del Banco Central de Bolivia (BCB) u otra Entidad Financiera que el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas (MEFP) determine, de acuerdo a las condiciones definidas entre el Viceministerio del Tesoro y Crédito Público con el Banco Central de Bolivia (BCB), o la Entidad Financiera establecida para el efecto.”


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