82 años de paz y poca vecindad
Estigarribia que ponía fin en 1935 a casi 3 años de guerra fratricida. Los pocos supervivientes que todavía quedan relatan el infierno que se vivió con absoluta nitidez y cualquiera que visita el Chaco puede hacerse quizá una idea aproximada, nunca del todo certera, de lo que una generación...
Estigarribia que ponía fin en 1935 a casi 3 años de guerra fratricida. Los pocos supervivientes que todavía quedan relatan el infierno que se vivió con absoluta nitidez y cualquiera que visita el Chaco puede hacerse quizá una idea aproximada, nunca del todo certera, de lo que una generación entera de jóvenes bolivianos padeció en el campo de batalla.La Historia después colocó en su justo lugar el conflicto bélico, el primero en el continente por petróleo, el que descubrió las carencias de un sistema post colonial no desarrollado y que controlaban unas pocas logias y familias. Bolivia perdió territorio pero salvó los pozos petroleros y encendió para siempre la mecha del movimiento nacional popular, hasta entonces ensayado populistamente por algunos caudillos y líderes que habían utilizado consignas importadas o calculadas para amedrentar y consolidar las victorias en las ánforas censitarias. Razón de Patria, articulada en el posterior Movimiento Nacionalista Revolucionario fueron los que supieron interpretar las señales y convertirla en movimiento político ganador. La Revolución de 1952, un ícono en el continente, no podría entenderse sin la Guerra del Chaco como telón de fondo.Han pasado 82 años, casi un siglo, muchas generaciones. Bolivia y Paraguay, que aquella mañana a las 12.00 en punto se abrazaron al dejar las armas siguen siendo grandes desconocidas. El Chaco boreal, el escenario en el que se vivieron las más cruentas batallas sigue siendo un territorio inhóspito que no preocupa especialmente ni como fuente de riqueza (salvo por el gas y el petróleo) ni como reserva de la biosfera, ni a uno ni a otro gobierno.La Paz ha mirado tradicionalmente al norte, a sus vecinos andinos. Asunción, enclaustrada entre las dos potencias del continente, ha librado sus batallas en solitario sin mirar otras vías de cooperación. Bolivia y Paraguay, dos países castigados, se encuentran demasiadas veces al final de los rankings del continente que miden calidad de vida y bienestar; también industrialización, educación, comercio y otros índices y ni aun así se han cerrado políticas de cooperación claras y precisas.Ni siquiera en buscar una salida al mar compartida para los dos países mediterráneos se ha podido alcanzar acuerdos, porque para Bolivia podría parecer una concesión en el indelegable reclamo por la salida soberana al Pacífico frente a Chile.La lista de proyectos pendientes u olvidados es larga. La hidrovía Paraguay – Paraná es un proyecto recurrente que nunca avanza, como lo será el corredor bioceánico por el sur de Bolivia. Los presidente Evo Morales y Horacio Cartes firmaron cartas de entendimiento para acelerar la conexión carretera por Ibibobo… 82 años después. Bolivia pretende vender por ahí GLP producido en la planta de Yacuiba y que apenas tiene mercado. Para los paraguayos la opción de alcanzar el puerto chileno de Antofagasta, único con la profundidad adecuada para los barcos que cruzan el nuevo canal de Panamá, a través de Tarija se había convertido en interesante, hasta que la ABC decidió autorizar pendientes del 9 por ciento, más propias del Tour de Francia…El poco interés de los Gobiernos nacionales en forjar una relación estable se ha ido ocupando por pequeños intentos de articulación política entorno al Chaco, como el foro de parlamentarios o la red de alcaldes además del propio Zicosur. Pequeñas iniciativas que identifican pero no resuelven las necesidades principales de un rincón del mundo demasiado amenazad. Es necesario que, cuando hoy acaben los discursos, los que tienen el poder cumplan con sus compromisos para con esta tierra fronteriza y rica que ya una vez se convirtió en horror.


