Hidrocarburos: no cambiar de tema

Sin certificación de reservas actualizada, con un difícil equilibrio entre producción y demanda y con retrasos reiterados en los proyectos de industrialización lo que está en juego es la credibilidad no solo del Ministerio, sino del país.La última certificación de Reservas, a pesar de que...

Luis Alberto Sánchez, el ministro tarijeño de Hidrocarburos. La credibilidad de sus cifras y declaraciones está en juego
Luis Alberto Sánchez, el ministro tarijeño de Hidrocarburos. La credibilidad de sus cifras y declaraciones está en juego

Sin certificación de reservas actualizada, con un difícil equilibrio entre producción y demanda y con retrasos reiterados en los proyectos de industrialización lo que está en juego es la credibilidad no solo del Ministerio, sino del país.La última certificación de Reservas, a pesar de que la normativa exige que se realice anualmente, data de 2013. En ese momento se logró certificar 10,45 trillones de pies cúbicos (TCF por sus siglas en inglés) y presentar un incremento sobre los 9,9 certificados con anterioridad. El consumo anual tanto del mercado interno como de la exportación a Brasil y Argentina se calculaba entonces entre 0,8 y 1,1 TCF. El único torrente que se mantiene estable es el de Brasil, con capacidad para nominar hasta los 30,5 millones de metros cúbicos. El consumo interno ha subido, según el Ministro, hasta los 16 millones de metros cúbicos, siendo más del 50 por ciento de entonces. La exportación a la Argentina también se ha elevado hasta los casi 20 millones de metros cúbicos frente a los 13 de entonces.Con esas cifras, la producción ha entrado en un difícil equilibrio. En noviembre de 2016 el mismo Ministro pregonó el record nacional de producción, cifrado en los 61,8 millones de metros cúbicos. Para entonces ya había entrado en producción el campo de Incahuasi, otra esperanza que arrancó con 5,4 millones de metros cúbicos de capacidad pero que dos meses después perdió fuelle y más del 75 por ciento de su capacidad.El Ministro, el presidente de YPFB y todo el Gobierno apuran a Repsol para que ponga en funcionamiento cuanto antes el pozo Huacaya 2, previsto al menos para junio, y de esa forma poder responder a las elementales cuestiones que matemáticamente se hacen insostenibles. De momento se ha optado por el silencio e incluso han desaparecido de la página web los pocos datos que simulaban transparencia en YPFB.Mientras tanto y dadas las escasas afinidades ideológicas con los nuevos gobiernos de los países compradores, ni Brasil ni Argentina han dudado a la hora de generar la mayor polémica posible con el menor costo posible. Brasil ha llevado a mínimos sus nominaciones; Argentina ha cuestionado públicamente la capacidad de Bolivia mientras hacía negocios con Chile a través de Shell, o viceversa; incluso Enarsa multó a YPFB, y lo publicitó infinitamente, por una interrupción en el servicio desde Margarita generando un nefasto precedente por un monto que podía haber sido perfectamente conciliado.No lo tenía difícil el Ministro Sánchez para hacer una buena gestión. La Planta Separadora ya era una realidad, aunque el presidente Evo Morales hablaba de beneficios de mil millones de dólares al año y en 2016 reportó 45.Los proyectos petroquímicos parecían una decisión firme, tanto el de urea y amoniaco, cuya entrega se sigue postergando, como el propileno, con un informe de adjudicación firmado hace dos meses por el que nadie pone las manos en el fuego.Con Sánchez se modificaron las leyes para explorar en áreas protegidas y se creó la Ley de incentivos, secuestrando otro 12 por ciento del IDH de las regiones con el objetivo de que las empresas inviertan con algo más de interés. En 2016, dice la memoria institucional, de los 11 pozos exploratorios que se perforaron solo uno fue positivo y tal parece que ni explorar en Tariquía parece satisfacer ahora a las operadoras.El tiempo de las promesas y las comparaciones ha pasado. Es el momento de las definiciones, de las de verdad, con un barril por los suelos y un mundo replegándose tras sus fronteras. Es momento de que quien tenga que dar explicaciones las dé y quien tenga que tomar las riendas, también las tome. La crisis de credibilidad se supera hablando la verdad, no cambiando de tema.

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