Siete puntos que resumen el problema del agua en Tarija
Estamos usando nuestras fuentes de agua subterránea, pero no tenemos idea de cuál es su volumen y su capacidad de recarga. Es como si sacáramos la comida de la despensa sin preocuparnos de cómo se repone. Puede acabarse en 1, 10 o 50 años, pero lo cierto es que estamos jugando a la...
Estamos usando nuestras fuentes de agua subterránea, pero no tenemos idea de cuál es su volumen y su capacidad de recarga. Es como si sacáramos la comida de la despensa sin preocuparnos de cómo se repone. Puede acabarse en 1, 10 o 50 años, pero lo cierto es que estamos jugando a la lotería con el destino.
No invertimos un mínimo de nuestro presupuesto en el cuidado de las fuentes de agua. El SERNAP, a pesar de su buena voluntad, tiene que cuidar Sama con unos pocos guardaparques (de allí viene el agua subterránea que estamos consumiendo). Nos encanta invertir en canchitas, edificaciones, coliseos, tecnología que en muchos casos no se usa al cabo de 6 meses y cosas que en general se ven y son de licitación rápida, pero no en los temas estructurales que hacen a nuestra calidad de vida.
El sistema matriz de distribución de agua de la ciudad es obsoleto. Una estimación conservadora dice que por lo menos un 30% sufre pérdidas. Por otra parte se estima que una cuarta parte de los usuarios no tiene medidor. Es un tema que no tiene solución, simplemente porque COSAALT carece de la capacidad financiera para modernizar el sistema.
En el campo también los sistemas de distribución son obsoletos. Usamos canales a cielo abierto y la mayor parte de los cultivos usan riego por inundación. La inversión que se ha realizado, no ha servido introducir modernos sistemas de riego. Un 70% del agua se usa en riego y si nos modernizáramos por lo menos podríamos ahorrar la mitad de dicha cantidad.
El tratamiento de aguas residuales y de residuos es desastroso. Los ríos cada vez tienen menos agua por el cambio climático, y también porque en ellos se realizan distintos tipos de desvíos o canalización sin planificación. El Guadalquivir cada año tiene menos agua y más excremento. En esas condiciones no es extraño que ciertas enfermedades proliferen.
La extracción de áridos tampoco es planificada y generalmente se mueve por intereses comerciales.
Pero lo peor de todo es que no hay nadie que se ocupe realmente del tema. Todas las instituciones relacionadas hacen pequeños parches, pero ninguna asume la responsabilidad global. Parecería que esta es la prueba de que toda la institucionalidad que hemos construido en estos años de autonomía no sirve para resolver nuestros verdaderos problemas.
Es imprescindible que hagamos una reingeniería de amplio alcance. Es necesario crear una entidad estatal desconcentrada que maneje la totalidad de la problemática: la investigación, conservación, distribución, educación y sobre todo la planificación (nadie está inventando la pólvora, hay muchas experiencias exitosas en este sentido). Estatal para que no haya susceptibilidades sobre el lucro o aprovechamiento, y sobre todo para que pueda recibir fondos públicos para una inversión ordenada. Pero desconcentrada e institucionalizada para que sea eficiente. La gobernación y los municipios del área deberían ser parte de su directorio, pero también representantes de los usuarios: industria, regantes, juntas vecinales, etc.
Los tarijeños hemos tenido demasiados fracasos históricos en los últimos años; vimos pasar enormes cantidades de dinero sin que se hayan resuelto nuestros problemas fundamentales y hemos sufrido humillaciones, como la de que se nos haya revertido fondos de donación de la cooperación holandesa (12 millones de euros), simplemente porque no tuvimos la capacidad política e institucional para construir la planta de tratamiento.
Estamos en un momento crítico. Nuestros políticos y dirigentes tienen la obligación de dar respuestas a largo plazo, más allá de las peleas diarias por espacios de poder y recursos públicos para su gasto inmediato. Y nosotros, como sociedad, tenemos la obligación de exigirles dicha actitud, porque para eso los elegimos: para que gestionen el bien común. Caso contrario a futuro seremos un valle pobre y desértico, del que probablemente muchos de nuestros hijos deberán despedirse por la falta de oportunidades.
[1] Rodrigo Ayala es cineasta y antropólogo. Director de PROMETA.