“Aprender a escuchar”

El conocimiento de la lengua tojolabal y su residencia durante 20 años en aquella región, permitió a Lenkersdorf conocer la cultura, la cosmovisión, la cosmovivencia y las formas organizativas de los tojolabales; por lo que no sólo hizo importantes aportes y reflexiones en torno a dicha...

El conocimiento de la lengua tojolabal y su residencia durante 20 años en aquella región, permitió a Lenkersdorf conocer la cultura, la cosmovisión, la cosmovivencia y las formas organizativas de los tojolabales; por lo que no sólo hizo importantes aportes y reflexiones en torno a dicha cultura, sino también confrontarla con la modernidad occidental y cuestionarla.Según Lenkersdorf, el pueblo tojolabal vive un renacimiento cultural que se manifiesta, entre otras cosas, por el hecho de que comunidades completas que perdían su lengua, la están aprendiendo de nuevo. Ahora bien, Lenkersdorf testimonió que los tojolabales le enseñaron a escuchar antes de hablar, el valor del “nosotros” sobre el “yo” y que el diálogo sólo será posible entre sujetos…, entre iguales. Es que el “nosotros” representa una gran pluralidad de sujetos y de voces que se complementan entre sí.Escuchar la lengua de un pueblo, de una cultura milenaria como la tojolabal, en la cual sigue presente una historia sin enemigos, sin pobres ni ricos y cuyo concepto fundamental es el “nosotros” y no el “yo” de ganadores, campeones, jefes, líderes, presidentes y mandones, nos permite comprender el valor de escuchar antes de hablar.Es decir, se recibe para poder dar y no para enriquecernos ni para acapararlo. El recibir escuchando nos transforma sin que lo esperásemos, y nos afecta de modo inimaginable.El escuchar nos abre las puertas para entrar en otra cultura y hablar con la gente nos puede permitir explicar sus problemas y sus alegrías, y hacernos partícipes del mundo en el que viven.Y al otro lado del mundo, en una tierra de otros pueblos ancestrales, germinó una sentencia que también privilegia el escuchar antes de hablar: “Si Dios nos creó con dos orejas, dos ojos y una sola lengua, es porque tenemos que escuchar y ver dos veces antes que hablar”, señala el proverbio árabe.Dicho en otras palabras: no abras los labios si no estás seguro lo que vas a decir, y que es más trascendente el silencio.¿Cuántos problemas podríamos evitarnos si de verdad dialogáramos escuchando primero a nuestros interlocutores, a nuestros adversarios empresariales, académicos y políticos, o a nuestros enemigos, si los tenemos? Seguramente muchos.No obstante, aguantarse las ganas de interrumpir y oír para entender lo que nos quieren transmitir los demás es una virtud tan escaza que en un mundo donde se promueve el  individualismo sobre la solidaridad y la competencia sobre la complementariedad, el escuchar se encuentra en franco proceso de extinción.Qué virtuosas y apreciadas son quienes saben escuchar primero y aplican aquel refrán árabe o lo que la cultura tojolabal transmite de generación en generación; son personas que demuestran sabiduría con alto grado de prudencia.Ahora bien, aprender a escuchar a las otras personas, por más que no estemos de acuerdo con lo que ellas dicen, es un principio ineludible de un Estado de derecho, porque nutre la pluralidad de voces y la democracia.El saber escuchar y dejar hablar primero a los otros desvela una apertura mental que le permite tolerar las críticas y las voces disidentes. Y cuando le toca dar su opinión, lo hace sin ser agresivo y exponiendo claramente sus ideas. Hay una condición para ser una autoridad elegida: debe saber escuchar. Es decir, el escuchar conduce al diálogo por el cual se emparejan los dialogantes y rigen las relaciones de una democracia entre iguales y participativa.Y como señala Lenkersdorf, el escuchar desde la perspectiva tojolabal es incluyente, porque empareja a todos, no hace excepciones para los que mandan y representa en elemento fundamental de la democracia.Dicho en otras palabras, el escuchar y ser escuchado exige condiciones políticas que excluyen la particularidad de una sociedad estratificada entre los de arriba y los de abajo, entre ricos y pobres, en la que el escuchar encuentra limitacionesPara el tojolabal, el “nosotros” es un concepto clave, mientras que en las sociedades occidentales o capitalistas, no lo es. En éstas domina el “yo”.Es que el escuchar en serio exige que nos acerquemos a la persona o las personas que queremos escuchar y que nos escuchen; que nos arrimemos a la voz y a la persona para escucharla y que nos escuche. De esta manera, el “nosotros” se hace realidad tangible, la cercanía es significativa, expresa la importancia que concedemos al otro y porque nos hace falta encontrarnos al mismo nivel que el otro. Dicho de otro modo, nos emparejamos y no dejamos al que habla en la tarima y nosotros a sus pies.El escuchar es uno de los pilares del diálogo. Cada uno de los dialogantes está en el mismo nivel social, aunque sea de niveles económicos, culturales y políticos muy diferentes. Ninguno de los que se escuchan y se hablan es superior al otro.El diálogo es, pues, una advertencia a los superiores para que no se impongan, que tampoco consideren mejor opinión la suya y que no empequeñezcan a los que consideran inferiores, porque quien sabe hablar también sabe escuchar y viceversa.*Periodista, comunicador social, diplomado en educación superior e interculturalidad y docente universitario.


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