El oportunista, un malabarista de la política

El sistema político está lleno de oportunistas, malabaristas de la política que tienen la ‘virtud’ de caer siempre de pie, como el gato. Camaleones “que cambian de color según la ocasión…”, desvela una canción popular.“Siempre están en el árbol, nunca en el suelo”, diría mi...

El sistema político está lleno de oportunistas, malabaristas de la política que tienen la ‘virtud’ de caer siempre de pie, como el gato. Camaleones “que cambian de color según la ocasión…”, desvela una canción popular.“Siempre están en el árbol, nunca en el suelo”, diría mi abuelo Francisco Vargas, un excombatiente de la Guerra del Chaco –que enfrentara a Bolivia contra el Paraguay– y cuyo corazón dejó de latir hace 50 años, allá en mi natal Corocoro.Francisco murió aquejado por el mal de mina y castigado por una vida de privaciones, aunque junto a miles de jóvenes bolivianos defendiera con las armas nuestro gas de la voracidad de las transnacionales petroleras.No obstante, para el oportunista no existe el significado de patria y poco le importa la orientación política del régimen al que se adscribe, porque no sólo guardará un as bajo su manga para una determinada coyuntura política, sino que gozará de contactos para cambiar de jefe, de partido y de proyecto político.El oportunista no dejará que pase desapercibido su apoyo a su jefe de turno, porque para él es vital mantenerse en vigencia. Se suma a un proyecto político victorioso porque huele que tiene mucho por ganar y nada que perder. No comparte los principios y valores del régimen que respalda, porque no cree en ellos, los asume como instrumentos para alcanzar sus objetivos.Y mientras el régimen goce de fortaleza política y de un mayoritario respaldo popular, el oportunista se exhibirá como uno de sus más entusiastas defensores e incluso ensayará elucubraciones políticas respecto de un tema puntual de la agenda pública.No sólo celebrará sino que se atribuirá los éxitos que pudiera anotarse la administración gubernamental, aunque estará atento para marcar distancias de los yerros políticos que pudieran afectar ‘su carrera’ pública.El oportunista cuenta entre sus ‘virtudes’ con un innato ‘olfato político’ que le permite dar pasos seguros para coronar sus objetivos personales. Y mientras el proceso político goce de buena salud y las opciones de escalar posiciones estén a su alcance, no medirá recursos para allanar su camino, incluso a costa de honras y dignidades ajenas.Sin embargo, asomará su conducta camaleónica apenas perciba que la fortaleza y el apoyo popular al régimen comienzan a resentirse, ya sea por el desgaste del ejercicio del poder, por la acción política de la oposición o por los traspiés que el Gobierno pudiera cometer.Es por eso que el oportunista es un aliado imprevisible, porque su compromiso no es con los principios y objetivos de un proyecto político, sino con el poder. No entiende el compromiso como emblema e insignia de vida, de decencia, sino como escalera para acumular poder y trepar en la estructura política.El oportunista o politiquero de cuatro suelas, no sabe que la decencia es, por ejemplo, la diferencia entre el biólogo que trabaja para una gran empresa farmacéutica y aquel que lo hace para una organización ecologista; entre el abogado que defiende los intereses de una multinacional y aquel que patrocina a los trabajadores que exigen un salario justo.Y cuando su innato “olfato político” le indique que la pérdida de apoyo popular al régimen que ‘apoya’ es irreversible para la reproducción del poder, el oportunista abandonará el barco en el primer puerto que encuentre, hará un paréntesis, evaluará sus nuevas perspectivas políticas y tomará una decisión a la medida de sus intereses.Al final del camino recorrido, que para el oportunista es sólo el punto de partida de una nueva aventura política, pondrá al servicio de su nuevo jefe toda su ‘experiencia’ en la administración de la cosa pública.Aunque conservará su papel de actor de reparto, el oportunista comenzará a rodar la misma película, pero con otros actores; pondrá en escena el mismo argumento, pero para otros objetivos, y escribirá el mismo guión, pero con una ‘lealtad’ política calculada a la medida de sus intereses y de sus planes personales. *es periodista, comunicador social, diplomado en educación superior e interculturalidad y docente universitario.


Más del autor