Asesinos sin freno

En este contexto, quitar la vida a otro o quitársela a sí mismo es pecado porque la vida es de Dios y sólo él puede quitarla. Según la biblia, los principales pecados contra este mandamiento son el aborto, el duelo, el homicidio y el suicidio, entre los principales.Obispos y pastores...

En este contexto, quitar la vida a otro o quitársela a sí mismo es pecado porque la vida es de Dios y sólo él puede quitarla. Según la biblia, los principales pecados contra este mandamiento son el aborto, el duelo, el homicidio y el suicidio, entre los principales.Obispos y pastores evangélicos coinciden que antiguamente se tenía mucho más temor a  contrariar esta norma religiosa, sin embargo en la actualidad esto ha cambiado. A tal punto que los asesinatos suman cada hora y cada día.Según datos conocidos en la Cumbre de Seguridad Ciudadana, en la actualidad en Bolivia se producen 11 asesinatos por cada 100 mil habitantes, esta cifra es superior a la presentada por el Banco Mundial en 2010, cuando 9 de cada 100 mil bolivianos eran asesinados.Los datos fueron brindados por el ministro de Gobierno, Carlos Romero, que además reveló que según un sondeo que se realizó en diversas ciudades del país, 8 de cada 10 bolivianos se sienten inseguros.Pero más allá de las cifras, en el país los casos dejan huellas imborrables. Así recordamos, casos como el de Delia C.  de 26 años, quien murió tras ser apuñalada 41 veces por su victimador; la joven de Cotoca, Santa Cruz, pasó a formar parte de una extensa lista de hombres y mujeres asesinados en los últimos años por delincuentes, exparejas, sicarios y hasta psicópatas, cuya característica que los define es la frialdad y crueldad con la que actuaron.En otro caso, en septiembre de 2013, el cuerpo de una mujer de unos 37 años fue hallado abandonado debajo de su catre, en su domicilio, con una herida de cinco centímetros en el cuello y cinco puñaladas en el cuerpo. Ella estaba embarazada de cinco meses. La víctima fue Lucía Yujra, madre de cuatro hijos. Los parientes apuntaron al esposo como el principal sospecho de la muerte.En Tarija los casos son similares e igual de macabros, en octubre pasado se procedió al levantamiento de un cadáver de sexo femenino en la zona del mercado Campesino de la capital de Tarija. Se trataba de Angélica Aricona de 45 años de edad, la misma presentaba heridas punzocortantes a la altura del tórax y las manos.Pero eso no es todo, en esta última semana, dos asesinatos conmovieron al departamento. El primero sucedió en Villa Montes. Un hombre fue hallado incinerado en su casa, se presume que fue torturado y luego quemado vivo.Según las primeras investigaciones el vehículo en el que estaban dándose a la fuga los malhechores sufrió algún desperfecto y tuvieron que abandonarlo en pleno camino. La investigación continúa. El segundo caso ocurrió el pasado viernes, pues en horas de la madrugada vecinos de la comunidad de San Mateo (Tarija) encontraron el cuerpo de una joven que fue asesinada a causa de un golpe con piedra en la cabeza. La fallecida se encontraba semidesnuda y con el rostro destrozado.Todos estos crímenes nos demuestran cuán vulnerable es nuestro sistema de seguridad no sólo en Tarija sino en todo el país, pero también reflejan cuán franqueable es la justicia, a la que nadie parece ahora temer. Sobre todo cuando no es secreto que de diez crímenes, se resuelven sólo tres. Esta situación nos debería hacer reflexionar sobre si los esfuerzos que hacemos están bien encaminados, y si las políticas que hemos ido implementando se fundamentan en una comprensión correcta del fenómeno que queremos combatir. O si, por el contrario, nos dejamos llevar por lugares comunes, opiniones subjetivas o, lo que es peor, una falta de empatía y un absoluto conformismo. Ya ha quedado claro que ni la religión, ni la familia, ni la Ley detienen a los asesinos.  Así, frenar este fenómeno o al menos combatirlo requiere de mucha estrategia, inteligencia, medios, atención de las autoridades y un esfuerzo común.Será mejor que despertemos a tiempo antes de que la ruleta gire y nos toque ser una cifra más de estas duras estadísticas.


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