El fantasma de la sequía

Como por inercia, la muerte derriba uno a uno los cuerpos cansados, tal si fueran naipes, mientras los buitres esperan el último aliento para caer sobre las escasas carnes. Sus dueños no hacen más que mirar, pues para ellos el agua es también “un lujo”. “Estoy esperando desde hace...

Como por inercia, la muerte derriba uno a uno los cuerpos cansados, tal si fueran naipes, mientras los buitres esperan el último aliento para caer sobre las escasas carnes. Sus dueños no hacen más que mirar, pues para ellos el agua es también “un lujo”. “Estoy esperando desde hace cuatro días el camión aguatero pero no viene” dice Luis “Pila” Rojas con una expresión indescifrable, que sólo poseen los que han visto morir tantas veces. Vive en Cabezas, a no más de 20 kilómetros de la frontera con Paraguay.Pero, historias como ésta hemos contado bastantes, lo concreto es que por el Gran Chaco  han pasado en los últimos años más de mil millones de dólares y las imágenes de muerte se agolpan como en una película de terror. De acuerdo a registros de El País la sequía prevista en 2010 demandó la inversión de unos 20 millones de dólares al gobierno boliviano para asumir acciones inmediatas y frenar sus efectos. Sin embargo, al año siguiente los animales continuaron muriendo.En 2011 el Gobierno anunció una inversión de  1 millón de dólares para enfrentar la sequía pero en 2012 el ganado continuó muriendo.De la misma manera, en 2012, el viceministro de Defensa Civil informó que destinaron 20 millones de bolivianos para apoyar a la población por la sequía que se vivía en municipios de Tarija, Chuquisaca y Santa Cruz.Sumado a esto, ese mismo año, se anunció que en el Chaco boliviano había varios proyectos para paliar la sequía con una inversión de cerca de 30 millones de dólares. Pero el ganado continuó muriendo.En 2013 se destinaron Bs. 18,5 millones para emergencia nacional por sequía en el Chaco boliviano y el ganado siguió muriendo. Situaciones similares se vivieron en 2014 y 2015. Y ahora en el año 2016 el problema sigue latente, el ganado muere y la inversión continúa.El viceministro de Defensa Civil, Óscar Cabrera, informó que el Gobierno destinó 3,2 millones de bolivianos para enfrentar los últimos meses de sequía que atraviesa el país en 2016. El  dinero será utilizado en la contratación de maquinaria para los departamentos que sufren este fenómeno.Sumado a esto  el viceministro de Defensa, Fernando Aramayo, dijo que la Corporación de las Fuerzas Armadas para el Desarrollo Nacional (Cofadena) construye 20 pozos en el Chaco, para aliviar los efectos de la sequía.Así también, y en otra medida, el Concejo Municipal de Villa Montes gestiona una ayuda económica a través de una nota enviada a la Gobernación del departamento para que ésta pueda derivar recursos económicos. Estiman que requerirán por lo menos cuatro millones de bolivianos.Todo esto sin olvidar que el presidente Evo Morales promulgó el 2 de agosto, Día de la Revolución Agraria, un paquete de 12 decretos supremos destinados a paliar los efectos de la sequía y mejorar las condiciones del sector productivo y agropecuario. Los decretos aprobados están referidos al acceso de créditos y reprogramación de deudas bancarias, al financiamiento para proyectos de riego, al fortalecimiento a la producción de camélidos, al lanzamiento del programa “Nuestro Pozo” y al incentivo a la producción de  maíz.Empero, ¿será que en el año 2017 volvemos a contar la misma historia? ¿Dónde se han diluido todos estos esfuerzos? ¿Repetiremos las muertes al año que viene? En el chaco tarijeño, que comprende Yacuiba, Villa Montes y Caraparí, existe un hato de al menos 120.000 cabezas de ganado, de las que unas 10.000 mueren en promedio cada año por falta del líquido elemento.De esta manera, año tras año, deja de ser novedad que en el Gran Chaco mueran centenares de vacas o que la temperatura supere los 45 grados centígrados. Pues, mientras la sequía se acentúa más, desde junio hasta principios de diciembre, este fenómeno parece alentar un nuevo negocio que nos dispersa de lo importante. Será urgente entonces que el dinero llegue donde tenga que llegar, que tenga el efecto que se requiere, que los pozos se construyan y funcionen, y que todas las autoridades trabajen en coordinación para dar fin al fantasma de la sequía que se lleva miles de vidas cada año.


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