Un derecho humano
Víctor Valenzuela pasó a llamarse Pamela Geraldine Valenzuela, Jacqueline Morón ahora es legalmente César Javier Morón y la nueva identidad de Cristian Humérez es Luna Sharlote Humérez Aquino.“Más de 30 años he sufrido discriminación. Bastante violencia psicológica, verbal e incluso...
Víctor Valenzuela pasó a llamarse Pamela Geraldine Valenzuela, Jacqueline Morón ahora es legalmente César Javier Morón y la nueva identidad de Cristian Humérez es Luna Sharlote Humérez Aquino.“Más de 30 años he sufrido discriminación. Bastante violencia psicológica, verbal e incluso física. Todo eso que pasé creo que tuvo sus frutos. Nunca desfallecí en mi lucha y llegué a este momento en el que el Estado reconoce a todas las personas transexuales y transgénero, según la identidad que tenemos”, resumió el trascendental hecho Pamela Valenzuela.Los tres primeros transexuales recibieron su documento de identidad en el marco de la Ley 807 de Identidad de Género, y del parágrafo II, artículo 14, de la Constitución Política del Estado que prohíbe toda forma de discriminación en razón de sexo, orientación sexual o identidad de género, entre otros.La Ley de Identidad de Género fue promulgada el pasado 21 de mayo y desde el 1 de agosto al menos 400 personas transexuales y transgénero expresaron su predisposición de asumir su identidad de género, previo trámite del cambio de nombre, dato de sexo e imagen en sus documentos de identidad.La normativa boliviana define como género a la construcción de roles sociales, comportamientos, usos, ideas, vestimentas, prácticas o características culturales y otras costumbres para el hombre y la mujer.En tanto que la identidad de género es la vivencia individual del género tal como cada persona la siente, la vive y la ejerce ante la sociedad, la cual puede corresponder o no al sexo asignado al momento del nacimiento. En ese contexto, la norma establece el procedimiento para que las personas transexuales y transgénero, mayores de 18 años de edad, cambien su identidad en toda documentación personal pública y privada, permitiéndoles ejercer de forma plena el derecho a la identidad de género. Ahora bien, pese a que algunas colectividades religiosas rechazan la Ley 807 y denuncian que la transexualidad presumiblemente “viola la integridad física de una persona para el tratamiento de un mal de origen psíquico”, el ejercicio de la orientación sexual y de la identidad de género es un derecho humano respaldado por nuestra Carta Magna y desde 2008 por la Asamblea General de la OEA.Es que la identidad de género o identidad genérica es cómo se identifica una persona, si como hombre o como mujer, la forma en que se reconoce a sí misma, basando su conducta y su forma de ser y pensar a ese género con el que se siente identificada, indistintamente de su sexo, orientación sexual, edad o nivel socioeconómico.El reconocimiento del género, no sólo del sexo, permite el disfrute de una cadena de derechos atribuibles a cada persona por el simple hecho de serlo. En este sentido, la Ley de Identidad de Género apunta a dos finalidades inmediatas: respetar la dignidad de las personas transexuales y transgénero y romper con el patriarcado.Es trascendente porque fortalece el ejercicio de derechos constitucionales inviolables, universales, interdependientes, indivisibles y progresivos, y es un paso fundamental en el largo camino para consolidar plenamente el estado de derecho.Es que los géneros se construyen como excluyentes, porque dentro del sistema patriarcal y colonialista ser hombre es no ser mujer y ser mujer es no ser hombre. El patriarcalismo no acepta como propias las características o actividades que se cree que son del otro sexo, lo cual limita nuestra forma de ser y lo que queremos hacer, por lo que las relaciones entre hombres y mujeres tienden a no ser respetuosas ni equitativas.Además, las formas más relevantes de sexismo son el machismo, la misoginia y la homofobia. Y una característica común a todas ellas es que son la expresión de formas acendradas de dominio masculino patriarcal.En ese contexto, el respeto de las identidades sexuales y de género es una lucha permanente por la vigencia plena de los derechos humanos de todas y de todos, y está orientada a fortalecer y profundizar la democracia.


