Gas, Brasil y Bolivia
pero en un contexto bilateral enrarecido por la destitución parlamentaria de la presidenta Dilma Rousseff y la dura condena del gobierno boliviano.Se tiene previsto que la ampliación de ese contrato será por al menos dos años adicionales a partir de 2020, como forma de compensación por los...
pero en un contexto bilateral enrarecido por la destitución parlamentaria de la presidenta Dilma Rousseff y la dura condena del gobierno boliviano.Se tiene previsto que la ampliación de ese contrato será por al menos dos años adicionales a partir de 2020, como forma de compensación por los volúmenes de gas natural no demandados por Brasil desde la vigencia del acuerdo Gas Supply Agreement (Acuerdo de Suministro de Gas), firmado por ambos países en 1996.Este contrato establece que el mínimo de compra es de 24 millones de metros cúbicos de gas natural al día y un máximo de 30,08 millones de metros cúbicos. La destitución de Rousseff –del pasado 31 de agosto– fue considerada por el gobierno del presidente Evo Morales como un golpe de Estado y, en tal sentido, llamó a consultas al embajador José Kinn Franco, mientras que el canciller brasileño, José Serra, respondió que con esa decisión Bolivia se asestó “un tiro en el pie” y auguró dificultosas relaciones entre el Palacio de Planalto y Palacio Quemado.Además, la convocatoria a La Paz del embajador boliviano en Brasil polarizó las posiciones políticas internas, porque mientras voceros del oficialismo se alinearon detrás de la decisión presidencial, los opositores alertaron sobre un grave deterioro de las ya difíciles relaciones bilaterales entre ambos países.Y mientras en América Latina la destitución Rousseff fue rechazada por gobiernos y líderes políticos y sociales progresistas y de izquierda; gobiernos y sectores conservadores de la región aceptaron el cambio de gobierno en el marco “de la institucionalidad” de la democracia brasileña.En tal sentido, el presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), Guillermo Achá, manifestó su predisposición de ampliar el contrato con Brasil y señaló que la actual situación política entre ambos países no afecta en los asuntos comerciales. “Brasil tiene una necesidad, porque abastece su mercado en gran medida con gas boliviano”, remarcó el alto funcionario.El criterio de Achá fue respaldado por el ministro de ministro de Autonomías y especialista en relaciones internacionales, Hugo Siles, quien sostuvo que si la destitución de Rousseff entorpeció las hasta entonces fluidas relaciones boliviano-brasileñas, “los intereses permanecen”.Empero, la ampliación de la venta de gas no es el único tema de gran relevancia en la relación comercial entre Brasil y Bolivia, también está la exportación de energía eléctrica, proyecto por el que en abril pasado suscribieron un acuerdo para emprender un estudio de factibilidad de las represas de Río Madera y Cachuela Esperanza.Ahora bien, Brasil y Argentina son los socios comerciales más importantes de Bolivia y el principal mercado para las exportaciones de gas natural. Además, Brasil es un actor imprescindible en el proyecto boliviano del tren bioceánico que procura unir el puerto brasileño de Santos, en el Atlántico, y el puerto peruano de Ilo, en el Pacífico, atravesando nuestro territorio.No obstante de una coyuntura política enrarecida que rodea a la negociación para la ampliación del contrato, son innegables la demanda brasileña de gas natural boliviano y la necesidad de Bolivia de conservar un mercado que genera divisas para su economía, aunque también deberá certificar nuevas reservas gasíferas.En esa dirección, Jorge Delmonte, gerente del Instituto Brasilero de Petróleo, Gas y Biocombustibles, señaló que Brasil tiene la expectativa de mantener los volúmenes de gas natural que importa desde Bolivia, y el embajador brasileño Raymundo Santos Rocha ratificó que el gas boliviano cubre el 30% de la demanda interna de su país.Es decir, 137 municipios de los estados de Mato Grosso, San Pablo, Paraná, Santa Catalina y Río Grande del Sur, que juntos aportan hasta el 50% del PIB brasileño, se abastecen del gas natural boliviano, por lo que Santos admitió que “Bolivia es un socio clave” para su país.En ese contexto, las negociaciones para la firma de la ampliación del acuerdo Gas Supply Agreement deberían superponer la atención de las necesidades y expectativas de ambos países a las coyunturales desavenencias políticas: Brasil necesita el gas natural boliviano y Bolivia el mercado brasileño. Así de claro.


