Tarija, de valle florido a valle de cemento

La ciudad que se promociona como “el valle florido” hoy tiene la misérrima proporción de 2,1 metros de área verde por habitante. Según recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), el espacio mínimo para una vida sana es de 9 metros cuadrados. Es decir, quienes viven en Tarija...

La ciudad que se promociona como “el valle florido” hoy tiene la misérrima proporción de 2,1 metros de área verde por habitante. Según recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), el espacio mínimo para una vida sana es de 9 metros cuadrados. Es decir, quienes viven en Tarija soportan ya marcados niveles de asfixia y perturbación cotidianas. Y eso se nota.Ya es posible ubicar zonas cargadas de smog de pared a pared, como algunas vías que conducen al Mercado Campesino o la propia avenida Domingo Paz, donde hoy funciona el Mercado Central. El encierro de cemento ya se empieza a sentir en barrios otrora tan plenos de aire y color como el Molino. La vista desde el aire muestra el ahogo que sufren los espacios verdes a cuenta de bloques y bloques de construcciones. Son, para colmo, edificaciones, en su generalidad, de pésimo gusto estético y…sin jardines.Y semejante agresión al “valle florido”, “ebrio de colores”, “de rosas en flor” se ha producido en los recientes lustros. “Asentamientos”, “loteadores”, “urbanizaciones”, quién sabe bajo que arreglos o debilidades, se han encargado de arrasar con el hermoso valle. En suma, nula planificación urbana. Gravísimo pecado, que no delito. Peor aún, lo cometieron en tiempos de abundantes recursos económicos y cuando la ecología y el turismo hicieron carta mundial, muy bien aprovechada en otras partes.Reiteramos, el espacio mínimo saludable recomendado por la OMC es de 9 metros cuadrados por habitante. El espacio aceptable abarca entre 10 y 15 metros cuadrados. El espacio óptimo supera los 25 metros cuadrados por habitante y no es ninguna excepción o exageración. La ciudad de Curitiba (Brasil) tiene 52 metros cuadrados por vecino y anda encaminada a convertirse en un modelo mundial de ciudad ecológica. ¡Qué envidia! ¿Acaso no podía Tarija embarcarse en un propósito urbano de ese estilo y mantener su proverbial fama de confín paradisiaco? ¡Cuánta ceguera, cuánto egoísmo, cuánta incapacidad o cosas peores nos han castigado!Otrora resultaba obvio que las ciudades del norte andino boliviano eran sinónimo de aridez y falta de vegetación. ¿Sabe estimado lector cuál es la proporción de área verde hoy en La Paz? Aquella ciudad hoy cuenta con 2,84 metros cuadrados de áreas verdes por habitante. Es decir, ¡hoy es más valle florido la sede de Gobierno, con todos sus tumultos y agitaciones, que Tarija! Y valga añadir que las autoridades y organizaciones de arquitectos de aquella urbe consideran ese indicador como crítico y buscan construir más parques urbanos.Entre las ciudades del mundo, según la OMS, con menos áreas verdes están Tokio y Buenos Aires, con 1,9 metros cuadrados de áreas verdes por habitante. Y claro, se asocia esta limitante, apenas dos décimas menor a la tarijeña, con diversos y graves problemas que luego atentan contra la sana convivencia. Las áreas verdes prestan un servicio ambiental en cuanto a regulación  climática; atenuación de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y psíquicas; y la regulación del ciclo de agua.Ojalá las actuales autoridades ediles y las organizaciones profesionales así como vecinales comprendan el actual estado de desastre. Esperemos que se haga causa para que Tarija vuelva a ser aquel valle que inspiró versos de vida. Que ya no se pierda el valle y se convierta en zona de pesadumbre.


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