Se consumó el golpe
“Es el segundo golpe de Estado que enfrento en la vida. Primero fue el militar (en 1964), que me afectó cuando era una joven militante; el segundo fue el parlamentario, que me derriba del cargo para el que fui elegida”, afirmó la mandataria destituida.“Hoy el Senado tomó una decisión...
“Es el segundo golpe de Estado que enfrento en la vida. Primero fue el militar (en 1964), que me afectó cuando era una joven militante; el segundo fue el parlamentario, que me derriba del cargo para el que fui elegida”, afirmó la mandataria destituida.“Hoy el Senado tomó una decisión que entra a la historia de las grandes injusticias: escogieron rasgar la Constitución; decidieron interrumpir el mandato de una presidente que no cometió ningún crimen; condenaron a una inocente y consumaron un golpe parlamentario”, denunció en un enérgico discurso, según reportó Página 12.“No desistan de la lucha. Escuchen bien: piensan que nos vencieron, pero están engañados. Sé que todos vamos a luchar. Habrá la más determinada, firme y enérgica oposición que un golpista puede sufrir”, sostuvo Dilma con lágrimas en los ojos.Sus rivales consiguieron 61 votos para consumar el impeachment (necesitaban 54) que la referente del Partido de los Trabajadores (PT) denunció como un golpe de Estado. Del total de 81 senadores, 20 se opusieron al golpe contra Dilma, quien fue llevada a juicio político acusada de cometer irregularidades por la transferencia de recursos frente al déficit fiscal, una práctica habitual en gestiones anteriores. Y tras conocerse la destitución de Dilma, gobiernos como los de Bolivia, Ecuador y Venezuela llamaron a consultas a sus embajadores, en tanto que otros, como el de Argentina y Estados Unidos expresaron su deseo de seguir trabajando con el gobierno de Temer, quien ejercerá el cargo hasta el 1 de enero de 2019.Y tras ser posesionado y en un intento de lavar la imagen de su cuestionado gobierno, Temer reunió a sus ministros y exigió que desmonten “la tesis del golpe” defendida por la ahora ex mandataria.“A quienes les digan golpistas, respondan golpistas son ustedes, que están en contra de la Constitución”, porque el proceso contra Rousseff fue hecho “dentro del más estricto marco constitucional”, declaró.No obstante, los hechos desvelaron que en Brasil la lucha por el poder está dominada por los grandes intereses económicos y políticos de siempre y, en este sentido, Rousseff fue víctima de un proceso kafkiano, en el que nunca fue acusada de corrupción ni supo con exactitud por qué se la destituyó.Además, y no se trata de un dato de menor importancia, 49 de los 81 miembros de la Cámara de Senadores que ejercieron de jueces de Dilma registran cargos y condenas contra ellos mismos en los tribunales, incluso por lavado de dinero o tortura.Según un informe de la ONG anticorrupción Transparencia Brasil, 303 de los 513 diputados –instancia que inició el proceso el pasado 12 de mayo y suspendió a Rousseff– también enfrentan procesos o condenas judiciales o en tribunales de cuentas. Es decir, 352 legisladores, 59% de los 594 miembros del Congreso brasileño, son simultáneamente reos en múltiples procesos. Que tal.Y la destitución de Dilma se sumó a otros procesos golpistas, como el ocurrido el 28 de junio de 2009 en Honduras cuando fue defenestrado el presidente Manuel Zelaya, y el golpe de Estado parlamentario en contra del presidente paraguayo Fernando Lugo, el 22 de junio de 2012.En el caso del Brasil, jueces, parlamentarios y medios de comunicación confluyeron en un proceso pseudo legal, alimentado por artilugios jurídicos y claramente ilegítimos por el que una democracia, con sus deficiencias como cualquier otra, fue reemplazada por una plutocracia que de un plumazo desconoció el voto de 54 millones de brasileños.Según el politólogo y sociólogo argentino Atilio Borón, “la voz de orden es retornar a la normalidad brasileña y poner a cada cual en su sitio: el ‘povao’ admitiendo sin chistar su opresión y exclusión, y los ricos disfrutando de sus riquezas y privilegios sin temores a un desborde ‘populista’ desde el (palacio de gobierno de) Planalto”.En ese contexto, el triste episodio brasileño es un capítulo más de la contraofensiva ultraconservadora en la región, impone un modo de desestabilizar la democracia bajo arbitrios de orden golpista y es un pésimo precedente para América Latina.


