El país de los “intocables”
A los grupos corporativos les interesa básicamente la satisfacción de los intereses sectoriales o regionales. No importa a costa de qué o de quiénes. Si el bloqueo carretero perjudica a personas en mal estado de salud, ni modo, se arruinan. Si genera pérdidas a comerciantes o productores,...
A los grupos corporativos les interesa básicamente la satisfacción de los intereses sectoriales o regionales. No importa a costa de qué o de quiénes. Si el bloqueo carretero perjudica a personas en mal estado de salud, ni modo, se arruinan. Si genera pérdidas a comerciantes o productores, igual. Si el perjuicio llega, y no pocas veces, a ahogar una ciudad o a buena parte del país, qué les importa.Y desde el lado de las autoridades, el chantaje de los bloqueos, con rehenes en carreteras y poblaciones, les resulta frecuentemente factor estratégico. Entonces apuestan al cansancio de los cientos de bloqueadores y a la tortura de los miles de bloqueados.Si el conflicto escala a la etapa del desbloqueo por la fuerza, entonces los grupos corporativos descargan su bronca contra otro tipo de víctimas: son los guardias de base de la Policía Boliviana. Reciben, al margen de un bajísimo salario, lo más cavernario del subconsciente del colectivo movilizado. Y el desenlace frecuente son acuerdos, tras semanas de pleito, que incluye la destrucción del patrimonio público, para que casi todo quede como estaba. Bolivia vive desde hace décadas, sino siglos, estancada en función a la defensa de los feudos corporativos. Resultan “intocables” frente a cualquier principio de autoridad que plantee cambios a favor del bien común, es decir del país, y no de grupo. Claro, es cierto que en más de una oportunidad la reacción de determinado sector tenía justas razones. Es seguro que no han faltado intenciones, desde el poder, de afectar a unos u a otros, con gruesos errores o segundas intenciones. Pero hasta en esos escenarios la idiosincrasia corporativa, “rosquera”, no ha sabido ganarse el favor de la ciudadanía en general. Por lo general, los injustamente heridos afectaron injustamente a personas inocentes. Y la lista de grupos corporativos es larga y bien conocida. En estos días la encabezan los cooperativistas mineros cuyos extremos hoy enlutan Bolivia. Luego se hallan los cocaleros y su indefendible postura de la defensa de la coca excedentaria. Son corporativas con alto, sostenido y trágico poder de destrucción, decenas de grupos de las universidades estatales y el magisterio fiscal. Están matando el futuro de decenas de miles de estudiantes encostrados en su intocabilidad “autonomista”. Por lo general, se hallan cerrados al salto educativo que ya dio buena parte de la humanidad, y no les importa. Son, a su estilo, una corporación las Fuerzas Armadas que, por ejemplo, han blindado la impunidad bajo el rótulo de la justicia militar. Es otra corporación la Policía Boliviana que no admite una reforma urgente a partir del poder civil, mientras la seguridad ciudadana desmejora día a día.Y la lista podría crecer hasta convertirse en una antología. Las organizaciones de transportistas, los comerciantes “gremialistas”, los colonizadores, etc. etc. Suman, bajo sus propios moldes y “bloqueos”, los grupos empresariales de la agroindustria, diversos tipos de “cámaras” y hasta organizaciones religiosas con particulares influencias.También están las organizaciones regionalistas, claro. Por ahí nomás se escucha “la cruceñidad”, “la chuquisaqueñidad”, “la paceñidad”, “la alteñidad” y “eñidades” que abarcan hasta minúsculas comarcas”. Cuántas veces no se han lanzado a bloqueos y protestas que en el fondo servían a los bolsillos de un grupículo y sus aires de discriminación y hasta racismo.Así resultará imposible cualquier proceso de cambio. Resultará peor si las autoridades de uno y otro Gobierno, antes que apostar por el país, pactan con “los intocables” garantías de intocabilidad a cambio de apoyo electoral.


