Murió un gran hombre
falleció el pasado viernes a la edad de 87 años a raíz de las complicaciones resultantes de una fractura de cadera.Henderson era un gigante de la salud pública que realizó durante 10 años esfuerzos para erradicar la viruela. El 8 de mayo de 1980, 155 Estados miembros de la OMS aceptaron...
falleció el pasado viernes a la edad de 87 años a raíz de las complicaciones resultantes de una fractura de cadera.Henderson era un gigante de la salud pública que realizó durante 10 años esfuerzos para erradicar la viruela. El 8 de mayo de 1980, 155 Estados miembros de la OMS aceptaron unánimemente las conclusiones de la Comisión Mundial para la Certificación de la Erradicación de la Viruela y declararon al mundo libre de esa enfermedad.En la década de los años 50 del siglo pasado, Henderson ingresó a los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), entre 1977 y 1990 fue decano de la Facultad de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins, Baltimore (Estados Unidos), y luego dirigió la campaña de la OMS contra la viruela.La viruela ocupa una posición única en la historia de la salud humana y la medicina, ya que se trata de uno de los males más mortales que conocen los humanos, aunque es la única enfermedad que ha sido erradicada del mundo con la vacunación masiva.Es una terrible enfermedad infecciosa de origen viral muy contagiosa y que puede llegar a ser mortal. Los síntomas de una infección típica de viruela comenzaban con una fiebre y un letargo de dos semanas después de haber estado expuesto al virus variola major. Otros síntomas comunes eran dolor de cabeza, dolor de garganta y vómito y en unos cuantos días aparecían erupciones elevadas en la cara y el cuerpo, se formaban llagas dentro de la boca, la garganta y la nariz, y también crecían pústulas llenas de líquido.En algunos casos, estas pústulas se unían entre sí y abarcaban grandes zonas de la piel, y aproximadamente a la tercera semana de la enfermedad, se formaban costras que se separaban de la piel.La viruela se transmitía por un contacto cercano con las llagas o las gotitas emitidas por la respiración de una persona infectada. La ropa de cama o las prendas de vestir contaminadas también podían transmitir la enfermedad y, además, un paciente seguía siendo un foco infeccioso hasta que la última costra se separaba de la piel.Por lo general, en la segunda semana de la infección morían aproximadamente el 30% (tres de cada 10) de los enfermos con la viruela del tipo variola major, aunque la variola minor era menos grave y provocaba menos estragos y muerte entre los infectados. La mayoría de los sobrevivientes conservaba una cicatrización permanente y podían sufrir otras deformidades como la pérdida de tejido labial, nasal y cartilaginoso, y como resultado de las costras en las córneas, la persona infectada podía quedar ciega.La viruela fue responsable de la desaparición de poblaciones autóctonas enteras en América, África y Asia, y durante el siglo 20 más de 300 millones de personas murieron en el mundo víctimas de esa enfermedad.El último caso de viruela silvestre en Estados Unidos se dio en 1949, y después de campañas intensivas de vacunación, en las décadas de los años 60 y 70 del siglo 20, el último caso de viruela silvestre del mundo ocurrió en Somalia en 1977.Ahora bien, como consecuencia de intensivas campañas de vacunación en los últimos 60 años y fruto de la cooperación internacional, la viruela fue erradicada de Bolivia en 1971, la poliomielitis en 1994, el sarampión en 2012 y la rubeola en 2015, aunque estas tres últimas enfermedades aún castigan en otras regiones del mundo.La erradicación mundial de la viruela ha demostrado que sí es posible lograr victorias cuando se priorizan los gastos sociales, los objetivos se han fijado con precisión y los recursos han sido facilitados en el debido tiempo. No obstante, en un mundo –solo para citar un ejemplo– donde los gastos militares ascendieron en 2008 a 1,46 billones de dólares, equivalente a 4.010 millones de dólares cada día, según el Instituto para la Investigación de la Paz de Estocolmo, la inversión para prevenir muchas enfermedades es casi nula. En ese contexto, es meritorio el trabajo desarrollado por Henderson y otros hombres y mujeres que han dedicado su vida a la lucha contra las enfermedades que pueden ser prevenibles si el mundo lo escuchara y siguiera su ejemplo. ¿No les parece?


