La razón sobre la fuerza
No obstante, los ejercicios bélicos chileno-estadounidenses no sólo despertaron el justo reclamo por parte del gobierno boliviano, sino que en los hechos se suman a una serie de acciones militares –con claros propósitos intimidatorios– que en los últimos años llevan adelante las Fuerzas...
No obstante, los ejercicios bélicos chileno-estadounidenses no sólo despertaron el justo reclamo por parte del gobierno boliviano, sino que en los hechos se suman a una serie de acciones militares –con claros propósitos intimidatorios– que en los últimos años llevan adelante las Fuerzas Armadas de Chile en territorios limítrofes con Bolivia.Aunque oficialmente el Ministerio de Defensa de Chile justificó que las maniobras conjuntas tuvieron el propósito de ser “empleadas en escenarios de operaciones de paz”, su titular, José Antonio Gómez, admitió que su país tiene las “medidas tomadas para defender su soberanía”.Además, las maniobras militares chileno-estadounidenses tuvieron como escenario la segunda región del territorio chileno –cuya capital es Antofagasta– en pleno desierto de Atacama, limítrofe con Bolivia.Según reportes de la prensa internacional, las fuerzas combinadas realizaron maniobras conjuntas de infiltración y extracción en territorio hostil, saltos de paracaidistas, rescate de rehenes, operaciones nocturnas y evacuaciones sanitarias, entre otras.La primera vez que Chile y Estados Unidos ejecutaron este tipo de maniobras ocurrió en 2007 como parte de un “plan de acercamiento y fortalecimiento de los lazos militares” entre ambos países.Y un dato que llama poderosamente la atención es que los ejercicios combinados se realizaron siete meses después de otra exhibición de fuerza militar chilena denominada ‘Huracán 2015’, que se desarrolló en noviembre del año pasado en las cercanías de Pozo Almonte, a 1.769 kilómetros al norte de Santiago, también en el desierto de Atacama, bajo el control del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Chile.Este ejercicio militar incluyó operaciones terrestres, aéreas y marítimas, un amplio despliegue de vehículos y personal castrense para reforzar la preparación de las Fuerzas Armadas chilenas bajo una lógica conjunta.Ya en 2014, en la misma región, los militares chilenos realizaron maniobras similares con el empleo de carros de asalto MBT Leopard, cañones autopropulsados y vehículos de combate de infantería equipados con lanza misiles anti tanque Spike LR. También utilizaron transportes acorazados de tropas, vehículos de combate de infantería equipados con lanza misiles anti tanque, morteros autopropulsados de 120 mm, vehículos autopropulsados, transportes blindados multipropósito y aviones de combate F-16, entre otros modernos equipos bélicos.De acuerdo con el portal digital The Clinic, los gobiernos de Ricardo Lagos, Michelle Bachelet y Sebastián Piñera habrían autorizado –entre 2005 y 2014– inversiones secretas en la compra de armas por al menos 1.458 millones de dólares a favor del Ejército chileno con fondos de la Ley Reservada del Cobre.Las operaciones, ligadas a adquisiciones de misiles, aviones de guerra no tripulados y fuerzas blindadas, entre otros ítems, comprometerían pagos fiscales incluso hasta el 2020, según establece el Decreto Reservado N° 67, del 24 de diciembre de 2013.Chile mantiene tensas relaciones diplomáticas con Perú y Bolivia. Con Perú no está definida su frontera terrestre, mientras que con Bolivia enfrenta dos litigios ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya: una demanda boliviana para su reintegración soberana al mar, y otra promovida por Chile contra Bolivia por el uso de las aguas del Silala.En ese contexto, queda claro que los ejercicios militares chilenos y las maniobras conjuntas realizadas con tropas de Estados Unidos, lanzan un mensaje inamistoso, hostil y beligerante: Chile sobrepone el uso de la fuerza a la razón que sustenta el derecho de Bolivia de retornar a las costas del océano Pacífico.No obstante, en pleno siglo 21 la historia nos reclama una mayor integración entre los pueblos, el respeto al derecho internacional y a la convivencia pacífica en vez de ejercicios militares intimidatorios propios del siglo 19. Vivimos tiempos donde posturas decimonónicas basadas en arengas como “por la razón o por la fuerza”, escrita en el escudo chileno, ya no tienen cabida. Hoy son tiempos para anteponer la razón sobre la fuerza, y Chile debería entenderlo de una vez y por todas.


