El padre Obermaier
En una habitación de una parroquia del barrio de Villa Adela de la ciudad de El Alto, Obermaier falleció a los 81 años, nueve meses y nueves días después de su nacimiento, el 24 de octubre de 1934, en la lejana población bávara de Rosenheim (Alemania), ubicada a medio camino entre Múnich...
En una habitación de una parroquia del barrio de Villa Adela de la ciudad de El Alto, Obermaier falleció a los 81 años, nueve meses y nueves días después de su nacimiento, el 24 de octubre de 1934, en la lejana población bávara de Rosenheim (Alemania), ubicada a medio camino entre Múnich y Salzburgo, y rodeada por más de una docena de lagos muy cerca de los Alpes.De acuerdo con el padre Pavel Padilla, Obermaier fue encontrado inerte en una silla de su habitación e inmediatamente fue trasladado de emergencia al hospital del Kenko, pero ya era muy tarde y los médicos confirmaron su deceso.El 29 de junio de 1959, Obermaier, de 24 años de edad, se ordenó como sacerdote diocesano. Fue designado a Ebersberg (Alemania) como vicario de la parroquia de San Sebastián donde permaneció durante tres años, luego San Agustín y por último fue trasladado a la parroquia de Los Catorce Santos Amigos del Socorro.Obermaier testimonió en vida que antes de llegar a Bolivia, desde su natal Alemania arribó primero a Venezuela en 1966, país donde permaneció durante 11 años, y ante un pedido que él mismo realizó el Vaticano lo destinó a El Alto, ciudad donde se estableció en 1978 a la edad de 44 años.Lo primero que hizo al llegar a su nueva parroquia en Villa Adela fue aprender la lengua aymara para comunicarse mejor con sus nuevos vecinos. “Lo que más aprecio de aquí, es el frío, porque forma nuestro carácter y es el regalo más grande del altiplano, porque forma gente valiente”, dijo según su biografía oficial.Desde entonces e impulsado por su vocación de servicio dedicó el resto de su vida a los más humildes, y la Iglesia Católica tuvo en Obermaier al pastor que le permitió seducir a su rebaño con un mensaje renovado de Jesucristo.Durante los 38 años en los que fue un vecino más de El Alto, el fallecido sacerdote encaró obras sociales e impulsó la construcción de al menos 70 templos a lo largo y ancho de los barrios de la ciudad más joven del país, creó la fundación Cuerpo de Cristo y el Canal 57 Virgen de Copacabana y los puso al servicio de las necesidades de la gente, de sus hermanos en Cristo.Su lucha contra la pobreza fue el norte de su vida y ya no tendría tregua desde entonces. “La Fundación es una forma de multiplicar mi ayuda al desarrollo de la ciudad, significa que si estoy sin Fundación yo ayudo cinco veces solamente, pero con la Fundación ayudo 50 veces”, diría tiempo después.Entre sus obras de alcance social, también se cuenta la Casa del Niño, un hogar transitorio creado en 2002 para cobijar a niños maltratados y abandonados que son atendidos con la posibilidad de mejorar su autoestima y descubrir nuevas alternativas de vida.Así fue el padre Obermaier, un sacerdote que asumió la opción por los pobres, la práctica eclesial más significativa de América latina en las últimas décadas, una nueva forma de ser y de hacer Iglesia, fruto directo de la opción por los más desposeídos.Es decir, colocar al pueblo pobre y creyente como sujeto eclesial expresa bien lo que significa definir a la Iglesia como pueblo de Dios.Es que la opción por los pobres ha colocado en primer plano de la conciencia eclesial latinoamericana algunos compromisos evangélicos que parecían meros compromisos políticos: el compromiso con la justicia, la paz, la solidaridad y los derechos humanos. Este ha sido un aporte trascendental de la opción por los pobres a la causa cristiana y a la sociedad latinoamericana, y así lo entendió Obermaier.Y como ya lo dijo Bertolt Brecht: Hay hombres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero los hay quienes luchan toda la vida, estos son los imprescindibles. Y Obermaier era uno de estos.


