Los seres que ignoramos

Pero con el pasar del tiempo la ciudad empezó a crecer y a desarrollarse como urbe, el gris se comió al verde y Bucaramanga quedó sin árboles.Sólo en el 2015, en la capital santandereana, se talaron 2.460 árboles sin que hayan sido compensados. Para construir el tercer carril, por ejemplo,...

Los seres que ignoramos
Los seres que ignoramos

Pero con el pasar del tiempo la ciudad empezó a crecer y a desarrollarse como urbe, el gris se comió al verde y Bucaramanga quedó sin árboles.Sólo en el 2015, en la capital santandereana, se talaron 2.460 árboles sin que hayan sido compensados. Para construir el tercer carril, por ejemplo, se autorizó la tala de 691 árboles, que debían ser compensados con la siembra de 94.961 especies nativas. Esto jamás sucedió. ¿Será que realmente la ciudadanía ignora a estos seres? Podemos convivir con los árboles y otros seres vivos de nuestras ciudades o podemos simplemente coexistir con ellos. Aparentemente nuestro grado de ciudadanía no variará con ello y nos sentiremos igualmente ciudadanos, igualmente partícipes de la vida de las ciudades. De acuerdo al investigador, Javier Delgado, las características distintivas de una ciudad contemporánea no parecen ser precisamente las flores o los árboles que vivan en ella, ni los pájaros que la sobrevuelen. Vías bien diseñadas, densidad de tráfico aceptable, iluminación, señalización, transportes públicos, etc., además de la notable concentración de establecimientos del sector servicios, esos sí son elementos que reconocemos como propios de nuestras ciudades.Delgado explica que desde el descubrimiento de la electricidad y más aún desde las aplicaciones de la informática al mantenimiento de la habitabilidad de los edificios, la vida de los seres humanos en una ciudad puede desarrollarse “al margen” de los fenómenos naturales. Ése es el propósito del capital, que busca que todas las horas sean iguales, de forma que a todas horas puedan producirse, distribuirse y venderse mercancías en cualquier lugar del mundo. Sin duda, esto representa un gran avance para el sistema económico. Empero, la gran desventaja, incluso para el sistema, es que su divorcio con la naturaleza termina por pagarse caro. Desde luego, quienes lo pagamos caro en términos médicos y de salud mental somos la mayoría de la población de las ciudades, obligadas a vivir el día a día como si todo fueran fenómenos artificiales dependientes de nuestras decisiones. Pero, basta que comience a llover cuando bajamos del taxi o micro para que nuestros organismos perciban que no todo está controlado.En Tarija existen 136 especies, entre arbustos y árboles leñosos, y puntualmente en la ciudad hay 51 especies de árboles distribuidos en cerca de medio millón de metros cuadrados de áreas verdes. Esto incluye avenidas, parques, plazas y jardines de la ciudad.Entre  las zonas con más arboledas de la ciudad están Senac, Juan XXIII, San Luis, San Gerónimo, Luis de Fuentes, Miraflores, Rosedal, Aeropuerto y Bartolomé Attard. Sin embargo, el no importismo de la sociedad se refleja en la poca atención que se presta a la naturaleza y esto incluye a políticos y población en general. No atendemos al aire y a la lluvia, incluso no miramos el aspecto de los árboles y plantas que conviven con nosotros.  Aprender a comunicarnos con elementos naturales presentes en la ciudad es una asignatura fundamental en la búsqueda de un equilibrio que muchas veces buscamos por otros caminos menos naturales y más caros.La inclusión del arbolado en la ciudad se debe a razones de supervivencia de nuestra especie, que no sólo necesita de los árboles para beneficiarse de sus frutos o su sombra. El estado de los árboles de la ciudad es síntoma y señal de la calidad de vida, del confort vital del que gozamos sus habitantes. El tener un árbol en la ciudad tiene varios beneficios, el primero de ellos, su lucha contra la contaminación ambiental, la provisión de oxígeno y la iluminación de los paisajes. Por esto, en la ciudad de Tarija cerca de 140 jardineros y más de 20 personas trabajan en su atención.No olvidemos además que el arbolado urbano es síntoma de un peligroso desfase entre la atención general a unas u otras necesidades generales que impone la vida en la ciudad. Y la peor forma de enfrentarse a ese desfase es plantearlo como una responsabilidad exclusivamente municipal. Nuestros árboles no sólo enferman y mueren por falta de elementales cuidados. También lo hacen por falta de participación. Es importante tomar en cuenta esto y detenernos un momento para deleitarse observando y ayudando a los seres que ignoramos. Tal vez este domingo sea el mejor momento.


Más del autor