Humildad y soberbia

sin saber en qué consiste la noción de humildad. No obstante, seguimos exigiendo y loando tal condición como una razón fundamental en nuestro hacer cotidiano. Nicola Abbagnano señala, en primera instancia, que la humildad es “la actitud de voluntaria abyección, típica de la religiosidad...

sin saber en qué consiste la noción de humildad. No obstante, seguimos exigiendo y loando tal condición como una razón fundamental en nuestro hacer cotidiano. Nicola Abbagnano señala, en primera instancia, que la humildad es “la actitud de voluntaria abyección, típica de la religiosidad medieval, sugerida por la creencia en la naturaleza miserable y pecaminosa del hombre”.Como vemos estamos ante una concepción religiosa medieval que considera que somos unos seres miserables y pecaminosos, por lo que debemos tener una actitud abyecta. De esta idea parte nuestra concepción de humildad. Para Bernardo de Claraval la humildad “es la virtud por la cual el hombre, con verdadero reconocimiento de sí, se tiene a sí mismo por vil”. San Pablo entendió la humildad “como ausencia del espíritu de competencia y de vanagloria”. Tomas de Aquino, por su parte, equipara la humildad con la magnanimidad. Considero que aquellos que pregonan la humildad, lo que hacen es contraponer ésta con respecto a la actitud soberbia. En vez de decir no seas soberbio, dicen se humilde. En este sentido, habría que hablar de no ser soberbios en las relaciones interpersonales y no de ser humildes.La soberbia es el vicio de la magnanimidad, es decir, de la grandeza de ánimo o espíritu. Al estimarnos más de la cuenta despreciamos al otro en tanto sujeto. Por tanto, en lo que éste hace y piensa. Lo consideramos un algo inferior a nosotros.  Debemos evitar la soberbia cuando establecemos nuestras relaciones en los diferentes ámbitos personales. Esta actitud, además, nos impide ver las posibilidades generadoras que hay en los otros. Y nubla nuestras propias posibilidades, más adelante nos pasará factura en nuestra vida.


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