La pieza faltante...

Pero como estaba incompleta y sólo podía rodar muy despacio, se percató de las bellas flores que había en el camino; charló con los gusanos y disfrutó de los rayos del sol. También encontró montones de piezas, pero ninguna era la que le faltaba, así que las hizo a un lado y prosiguió...

Pero como estaba incompleta y sólo podía rodar muy despacio, se percató de las bellas flores que había en el camino; charló con los gusanos y disfrutó de los rayos del sol. También encontró montones de piezas, pero ninguna era la que le faltaba, así que las hizo a un lado y prosiguió calmadamente su búsqueda.Un día halló una pieza que le venía perfectamente. Entonces se puso muy contenta, pues ya estaba completa, sin que nada le faltara. Se colocó el fragmento en la figura y empezó a rodar. Volvió a ser una rueda perfecta que podía rodar con mucha rapidez, tan rápidamente, que ya no veía las flores, ni charlaba con los gusanos y peor aún se advertía de los rayos del sol. Pero cuando se dio cuenta de lo diferente que le parecía el mundo cuando rodaba tan a prisa, se detuvo, dejó en la orilla del camino el pedazo que había encontrado y se alejó rodando lentamente…Amigo lector de El País, la moraleja de esta historia, es que, por alguna razón, nos sentimos más completos cuando nos falta algo. El hombre que lo tiene todo es un hombre pobre en ciertos aspectos, nunca sabrá qué se siente anhelar, tener esperanzas, nutrir el alma con el sueño de algo mejor; ni tampoco conocerá la experiencia de recibir de alguien que lo ama lo que siempre había deseado y no tenía.


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