A medida que pasa el tiempo...

Por ejemplo, Don Hugo y Doña Rosa con 45 años de matrimonio y cinco hijos, tienen suficientes motivos para estar orgullosos de su bonita familia, pues sus muchachos son ahora hombres y mujeres de bien, valió la pena los sacrificios que hicieron para sacarlos adelante.Sin embargo, ¡cómo han...

Por ejemplo, Don Hugo y Doña Rosa con 45 años de matrimonio y cinco hijos, tienen suficientes motivos para estar orgullosos de su bonita familia, pues sus muchachos son ahora hombres y mujeres de bien, valió la pena los sacrificios que hicieron para sacarlos adelante.Sin embargo, ¡cómo han cambiado las cosas!. Antes solían ser Don Hugo y Doña Rosa los que daban consejos y -porqué no reconocerlo- también órdenes, pero de un tiempo para acá, cada vez que se reúnen en familia son ellos dos los que se quedan callados escuchando a sus hijos decirles qué es lo que deben o no de hacer.Esta singular pareja no es la única que pasa por esta situación. A medida que pasa el tiempo y las familias crecen en edad, suele suceder que los padres pasan de ser educadores de sus hijos a querer ser educados por ellos. Por tal motivo, creen contar con la autoridad suficiente para que sus iniciativas sean obedecidas por ellos.Es entonces cuando surgen las comparaciones de lo que los padres son y lo que a juicio de sus hijos deberían de ser. Ahora todos los comentarios empiezan con “Deberías ser como...”, olvidando que cuando se era niño no había cosa más molesta que los padres recurrieran a las comparaciones con los demás.Pero la forma más grave de hacerles sentir a los padres que ya no son lo que sus hijos quisieran que fueran, es no escuchándolos… Es que lamentablemente es más fácil cerrar los oídos a sus necesidades, miedos, expectativas o preocupaciones y pensar que “están chocheando”, que tener que aceptar que, en efecto, esos padres que algún día fueron el punto de apoyo, son ellos ahora los que lo necesitan.


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