Histórico triunfo

En 2006 y por iniciativa del entonces y actual presidente Tabaré Vázquez, un oncólogo de profesión, Uruguay implementó una serie de medidas para desalentar el consumo de cigarrillos entre su población.En febrero de 2010 –según un reporte de la BBC Mundo–, Philip Morris International...

En 2006 y por iniciativa del entonces y actual presidente Tabaré Vázquez, un oncólogo de profesión, Uruguay implementó una serie de medidas para desalentar el consumo de cigarrillos entre su población.En febrero de 2010 –según un reporte de la BBC Mundo–, Philip Morris International demandó por 25 millones de dólares al Estado uruguayo por considerar que sus políticas antitabaco perjudicaban comercialmente a la empresa.La multinacional, con sede en Lausanne, Suiza, llevó su reclamo ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi), dependiente del Banco Mundial, asegurando que Uruguay violaba el Tratado de Promoción y Protección de Inversiones que firmó con Suiza en 1998.No obstante, el Ciadi rechazó la demanda de la tabacalera y determinó que deberá pagar a Uruguay 7 millones de dólares por concepto de los costos del proceso. Es decir, un pequeño país, de tres millones de habitantes, logró una histórica victoria en un caso que generó la atención mundial y fue bautizado como la lucha entre David y Goliat.Ahora bien, ¿con qué argumentos Philip Morris demandó a Uruguay ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones?La transnacional expresó sus reparos por algunas de las medidas implementadas por Uruguay en su lucha contra el consumo de tabaco, como prohibir las versiones light de los cigarrillos, que llevó a la tabacalera a retirar siete de los 12 productos que vendía en el país sudamericano.En criterio de Philip Morris, la eliminación de algunas de sus marcas no ha servido a los objetivos de salud pública y en cambio ha llevado a los consumidores a cambiarlas por marcas locales o de contrabando.Otra disposición soberana, pero objetada por la transnacional, es aquella que obliga a que el 80% de la superficie de las cajetillas de cigarrillos muestren imágenes de advertencia sobre las graves consecuencias del hábito de fumar para la salud.Pero ¿por qué una de las principales multinacionales del mundo consideró una amenaza a un país de apenas 3 millones de habitantes?Para el cardiólogo Eduardo Bianco, Philip Morris buscaba atemorizar a un país pequeño para asustar a otras naciones. Sabía que la política antitabaco de Uruguay afecta a sus intereses porque esas medidas son efectivas.Durante el proceso, Uruguay consiguió que las medidas que implementó para controlar el consumo de tabaco y proteger la salud de su población sean expresamente reconocidas como legítimas y asumidas en el marco de su soberanía.Además, demostró en el arbitraje que no es admisible priorizar los aspectos comerciales por encima de la defensa de los derechos fundamentales como son la vida y la salud.Ante la irrefutable evidencia científica de que fumar causa adicción y provoca enfermedades como el cáncer de pulmón, enfisema pulmonar, insuficiencia cardíaca y accidentes cerebro-vasculares, el Ciadi no tuvo otra opción que fallar en contra de la multinacional y favorecer la lucha uruguaya en contra del consumo de tabaco.Ahora bien, no todo está perdido para quienes han sido atrapados en las redes adictivas del consumo del tabaco, pero que en base a un esfuerzo de voluntad dejan el pernicioso hábito.Después de algunas semanas, las personas que dejan de fumar presentan una mejor circulación de sangre en su cuerpo, producen menos flema y no tosen ni tienen episodios de sibilancia con tanta frecuencia.Si transcurren varios meses sin fumar, el fumador en proceso de dejar el hábito experimenta una mejoría considerable en la función pulmonar, y a los pocos años tiene menos riesgo de cáncer de pulmón, de enfermedades cardíacas y de otros males crónicos que si se continuara fumando. El triunfo de David sobre Goliat reafirmó el derecho soberano sobre la salud pública, no solo de Uruguay sino de todos los pueblos del mundo.En ese contexto, se ganó una batalla en la lucha contra el consumo de tabaco, pero aún falta ganar la guerra en defensa de la vida de millones de seres humanos atrapados por el humo del tabaco, un pernicioso hábito que es avivado por el desmedido afán de lucro transnacional.


Más del autor