Política, corrupción y economía de crisis
el monto adeudado a empresas privadas adjudicatarias de proyectos de la Gobernación o proveedoras de servicios se ha reducido en los últimos meses, pero el estimado sigue por encima de los cien millones de dólares. La crisis no ha terminado y eso lo saben tanto Adrián Oliva como el ministro...
el monto adeudado a empresas privadas adjudicatarias de proyectos de la Gobernación o proveedoras de servicios se ha reducido en los últimos meses, pero el estimado sigue por encima de los cien millones de dólares. La crisis no ha terminado y eso lo saben tanto Adrián Oliva como el ministro de Economía, Luis Arce Catacora.La economía nunca se vuelve tan política como en los tiempos de apreturas. Es el momento de definir prioridades, privilegiar al individuo o al colectivo, prender la locomotora o extender la red…pero también es el momento de los ajustes de cuentas. La retención de recursos actúa como un mecanismo de asfixia efectivo desde el primer momento, pero nada es tan definitivo como el débito automático.El débito automático es una demostración de fuerza, una constatación de que la autonomía sigue a expensas de los humores de papá y un resorte exquisito para minar las expectativas de futuro. Su utilización en los momentos de euforia anula el impulso inicial. Su utilización en los momentos de depresión puede precipitar los suicidios, políticos.Tarija ha pasado de los años en los que la utopía se convirtió en un negocio para avivados a un nuevo tiempo en los que el dogma ortodoxo se aplica sin excepción, sin excepción política. Toda decisión económica pasa ahora por un minucioso análisis donde el criterio de oportunidad se pone al servicio de la dañinería. Cada pedido es dinamita, pero amarrada al temporizador.Tarija vivió los años de bonanza con jolgorio y regocijo. El NO no existía. Un sistema basado en “criterios de buena fe” y certificaciones presupuestarias antojadizas, inspiradas en el optimismo de la maquinaria electoral, han dejado las cuentas de la Gobernación en general y las de las subgobernaciones en particular como un queso gruyer mientras que en las comunidades y ciudades se amontonaban obras sin terminar, proyectos faraónicos inútiles, computadoras frustradas y elefantes blancos.Para unos, no es momento de ajustar cuentas, esas cuentas. Para otros nunca lo es, sin embargo conocer donde está la plata, descifrar las ecuaciones, encontrar los agujeros pasa por ser, además de una expectativa, un compromiso adquirido. De nada sirve una auditoría si sus resultados no sirven para transparentar las situaciones y aprender de los errores.La Justicia boliviana es demasiado lenta e imprecisa para pretender que funcione por si sola. El cotidiano vivir nos demuestra que, esperando agazapado en algún rincón, los casos se vuelven invisibles y más temprano que tarde, se cierran. Parece pues necesario que se tomen las acciones pertinentes y urgentes para evitar que los causantes de una crisis que todos los tarijeños sufren depuren sus responsabilidades, porque negociando con peras, difícilmente se podrán conseguir manzanas.


