Deshojando corrupción

No obstante que el ahora ex jefe de la Cámara Baja renunció a su cargo, conservó su escaño legislativo el que juró defender ante una comisión de diputados que lo procesa por presuntos delitos de corrupción.De hecho, Cunha fue el instrumento que la derecha brasileña y de Michel Temer,...

No obstante que el ahora ex jefe de la Cámara Baja renunció a su cargo, conservó su escaño legislativo el que juró defender ante una comisión de diputados que lo procesa por presuntos delitos de corrupción.De hecho, Cunha fue el instrumento que la derecha brasileña y de Michel Temer, entonces vicepresidente de Dilma Roussef y presidente interino desde el pasado 12 de mayo, para que el Congreso suspenda a la legítima mandataria e instauren un juicio político con cuyo fallo en agosto próximo pretenden destituirla definitivamente.Cunha es un prominente miembro del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que lidera Temer, aliada del Partido de los Trabajadores (PT) hasta que en concomitancia con los sectores más conservadores del espectro político brasileño coincidieron en la conveniencia de suspender de Roussef.Entonces, ¿por qué un político extraordinariamente poderoso e influente como Cunha no tuvo otra opción que renunciar a la presidencia de la Cámara de Diputados?El poderoso diputado Cunha es considerado uno de los hombres clave del gobierno del presidente interino Michel Temer, por contar con el respaldo de unos 250 congresistas en la Cámara Baja, toda una bancada. No obstante, el político de marras se había convertido en un personaje incómodo para Temer –también sospechoso de corrupción–, por los fuertes indicios de que fue uno de los beneficiados de la cadena de ilícitos en la estatal Petrobras. Veamos por qué.A mediados de mayo pasado el Supremo Tribunal Federal suspendió a Cunha como diputado debido a varias denuncias, una de las cuales le imputa el haber escondido en Suiza cinco millones de dólares resultantes de sobornos.Sin embargo, el enorme poder que detenta Cunha bloqueó la gestión de su sucesor, el presidente interino de la Cámara Baja, Waldir Maranhao, debido a que cada aparición de éste en el pleno, la ‘bancada de Cunha’ que exigía desde una nueva elección para la presidencia del organismo legislativo hasta la vuelta de su jefe acusado de corrupción.Ahora bien, un reporte del diario argentino Página 12 sostiene que el juez anticorrupción Sergio Moro recibió la confesión de un ‘arrepentido’, un ex miembro de la red de corrupción en Petrobras, que dio detalles sobre la conexión uruguaya. El diario O Globo informó que, según la delación de Fabio Cleto, ex vicepresidente da Caixa Econômica Federal, procesado en el escándalo de Petrobras, sobornos millonarios fueron depositados por Cunha en cuentas bancarias de Suiza y Uruguay. Cleto confirmó el testimonio de Ricardo Pernambuco y Ricardo Pernambuco Júnior, dueños de la constructora Carioca Engenharia, quienes declararon que pagaron a Cunha 52 millones de reales (15 millones de dólares) a cambio de que liberara recursos de un fondo de inversiones para financiar obras inmobiliarias en Porto Maravilha, en Rio de Janeiro. Aunque Cunha ha negado las acusaciones y dice que se trata de un complot para manchar su imagen, los testimonios y los indicios comienzan a inclinar la balanza en su contra. Y si sumamos que una docena de otros acusadores de Roussef han sido vinculados a la corrupción en Petrobras, los hechos empalidecen el discurso.Además, Cunha está acusado de entorpecer la investigación por el esquema de sobornos en la estatal Petrobras, el caso Lava Jato, y hay un pedido de prisión para él por parte del fiscal General de Brasil. Su mujer, Claudia Cruz, está acusada formalmente de integrar la red de corrupción. Y como ello fuera todavía poco, la denuncia contra la mujer de Cunha responde a una investigación por lavado de dinero y evasión de impuestos. De acuerdo con Deltana Dallagnol, procurador General del Brasil, Cruz convirtió el dinero público en zapatos, bolsos y ropa de diseño. ¡Patético!Ahora bien, pareciera que fuera el argumento de una película de terror, si no estuviéramos hablando del principal acusador de la presidenta Dilma Roussef, a quien Cunha y sus amigos pretenden defenestrarla definitivamente de la presidencia brasileña. ¿Qué les parece?


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